Mario Casas: «Volver a estar nominado al Goya me hace valorar aún más el camino recorrido»
Este sábado 28 de febrero, el cine español se viste de largo en Barcelona para celebrar los Premios Goya, y el nombre de Mario Casas vuelve a estar entre los nominados. No es la primera vez. Ya sabe lo que es ganar. Ya sabe lo que es escuchar su nombre y sentir que todo se detiene. Pero esta vez llega en otro momento vital, a punto de cumplir 40, con nominación a mejor actor protagonista por Muy lejos y con una convicción que atraviesa cada una de sus respuestas: el deporte no es una rutina, es una manera de estar en el mundo.
Hemos podido hablar con él en la presentación de I AM, el movimiento del que forma parte y que va mucho más allá de una campaña puntual. I AM nace como una invitación a moverse, literal y emocionalmente, a incorporar el deporte como hábito cotidiano y como herramienta de equilibrio. Habrá activaciones durante el año, carreras solidarias (una de ellas destinada a una protectora de animales vinculada a una perrita que el actor rescató hace años) y encuentros que mezclan comunidad y salud. Pero, sobre todo, hay una idea clara: «Intentar crear este tipo de movimientos para que la gente se anime a formar parte».
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Mario Casas, ante un nuevo capítulo en los Goya
Un momento vital «precioso»
«Es un momento precioso para mí», dice sin dudar. Y no se refiere sólo a la nominación. Agradece que la Academia vuelva a contar con su trabajo, pero insiste en que su verdadera transformación es otra: «Me hago mayor también. El cuerpo y la cabeza me han pedido un poco más».
Desde hace dos o tres años vive en un estado de mayor conciencia física. Siempre hizo deporte, pero ahora lo entiende como algo estructural. «Forma parte de mi vida», resume. Se levanta temprano, «sea la hora que sea» y entrena casi todos los días. Y cuando dice casi, quiere decir prácticamente todos.
Porque aquí aparece una palabra clave: disciplina. «Hay muchos días que me levanto y digo: no quiero ir a entrenar hoy. Entonces ahí es donde entra la disciplina y el intentar no negociar conmigo mismo». No negociar. No buscar excusas. No aplazar. En su caso, el entrenamiento no es solo físico; es una forma de orden mental.
«Hay muchos días que me levanto y digo: no quiero ir a entrenar hoy. Entonces ahí es donde entra la disciplina y el intentar no negociar conmigo mismo»
Transformarse por dentro (y por fuera)
En el cine, esa disciplina se traduce en transformación. No sólo estética. También emocional.
«Intento cambiar en todos los personajes. No sólo en lo físico, también en lo emocional. Te tienes que convertir en otra persona». Pelo, barba, peso, energía. Todo suma para que el espectador sienta que no está viendo al mismo actor de siempre. Que cada película empieza desde cero.
En La Cena aparece con un físico más contundente, aunque matiza que parte de esa preparación venía de otro proyecto: Z, el thriller de espías que se estrena en Prime Video. Para ese papel sí se preparó «físicamente mucho».
Su entrenamiento habitual combina cardio, boxeo y pesas. «Muchísimo boxeo desde hace unos años», recalca. Pero lo que más le interesa ahora es mezclar fuerza y resistencia. No busca sólo volumen. Busca movilidad, agilidad, fondo. Cuando entrena para él mismo, prioriza sentirse sano, funcional, con energía.
«Si es para mi vida, prefiero la resistencia», explica. Correr ocho kilómetros. O diez. O cuatro. A veces sólo cardio. Otras, fuerza. O una combinación. El cuerpo como herramienta, no como exhibición.
El deporte como estado emocional
Hay una frase que repite varias veces durante la conversación: «A mí hacer deporte me cambia el humor».
No habla de abdominales ni de estética. Habla de estabilidad emocional. De claridad mental. De energía canalizada. «Tengo mucha energía. Entonces eso me estabiliza de alguna manera».
En una profesión exigente y mediática como la suya, el deporte se convierte en refugio. «Si he tenido un mal día y no he podido entrenar por la mañana, es un día que estoy más cansado, más nublado». Y cuando lo último que le apetece es entrenar, precisamente entonces decide hacerlo. Porque sabe cómo termina la historia: «Cuando acabo, es lo que me va a hacer pensar bien de nuevo».
«Si he tenido un mal día y no he podido entrenar por la mañana, es un día que estoy más cansado, más nublado»
No es obsesión. Es coherencia. También reivindica otra forma de moverse: caminar por el campo con sus animales, salir a la montaña con amigos, hacerse kilómetros paseando. «La gente cree que el deporte es meterse en un gimnasio y hacer algo que físicamente cueste mucho. Pero caminar también es deporte. Lo importante es moverse».
Volver a los Goya, distinto pero igual de intenso
En 2021 ganó el Goya por No matarás. Fue una gala extraña, marcada por la pandemia. No hubo alfombra roja multitudinaria ni abrazos en el patio de butacas. Hubo un ordenador encendido en casa.
«Fue muy especial y raro», recuerda. «Cuando se apagó la conexión, estábamos todos en casa. Toda la parte de mi familia, la gente que más quiero».
No tuvo que coger un avión ni desplazarse. No hubo camerinos ni nervios de backstage. Hubo salón, sofá y los suyos. «Al final, con las personas que quieres compartir algo así es con tu gente».
Este sábado la escena será distinta. La gala se celebra en Barcelona. Irá con su madre. «Es algo muy especial», confiesa. Reconoce que es un año difícil, con trabajos muy potentes compitiendo, pero el simple hecho de estar ahí ya tiene peso propio. «El estar ahí, apoyar el cine español, apoyar a los compañeros… disfrutar de una noche así».
Y en esa palabra, disfrutar, parece concentrarse todo. La madurez profesional, la conciencia física, la disciplina cotidiana y la emoción intacta.
El sábado puede que escuchemos su nombre. Puede que no. Pero si algo queda claro al hablar con él es que el premio ya no es sólo la estatuilla. Es levantarse cuando no apetece. Es no negociar con uno mismo. Es moverse, aunque sea paseando. Y, pase lo que pase en los Premios Goya, eso ya lo tiene ganado.