Mariam Bustos convierte la soledad en arte: 15 días encerrada y expuesta tras un escaparate en Madrid
Madrid asiste estos días a una de las propuestas artísticas más radicales y honestas de la temporada. La actriz y creadora Mariam Bustos ha convertido un local a pie de calle, en pleno Barrio de las Letras, en Madrid, en el escenario de un experimento extremo: permanecer encerrada durante 15 días, completamente sola, sin móvil ni contacto exterior, exponiendo su vida cotidiana a la mirada constante de los transeúntes. No hay ficción ni personaje. Hay cuerpo, tiempo y miedo sostenido. Antes de su encierro, hablamos con ella.
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El proyecto (que puede verse en Calle Fúcar 22, con performances los jueves y viernes a las 20:00 h, y un encierro que se extiende hasta el 22 de febrero), investiga el miedo como experiencia real, especialmente el miedo a la soledad, en una sociedad atravesada por la validación y la necesidad permanente de ser vistos.
«Surge de una mezcla de las tres», explica Bustos cuando se le pregunta si el proyecto nace desde la actriz, la creadora o una necesidad personal. «Por una parte surge de un montón de miedos míos internos y personales y de la necesidad de exteriorizarlos. Mi forma de expresar siempre ha sido a través del arte». Esa pulsión íntima es el motor de una propuesta que no busca agradar, sino confrontar.
La idea del encierro no fue inmediata ni improvisada. «La idea surge hace casi un año y ha sido un proceso largo y de muchas personas involucradas que han estado ayudándome en los temas logísticos», cuenta. Aunque tenía clara la imagen y la atmósfera que quería construir, reconoce que llevarla a la realidad ha sido un trabajo colectivo: «En mi mente estaba visualmente lo que quería que se viera, sobre todo en las performances, pero para llevarlo a cabo ha sido gracias a la gente que tengo cerca«.
«Con este encierro pretendo aprender a estar sola en una sociedad que parece exigirnos ocio y vida social»
En el centro de la pieza está una pregunta incómoda: ¿sabemos estar solos? Para Bustos, la respuesta es clara. «Absolutamente», afirma cuando se le plantea si estamos menos preparados que nunca. «Con este encierro pretendo, un poco, aprender a parar, aprender a estar sola en una sociedad que parece exigirnos ocio y vida social». El encierro no es castigo, sino resistencia frente a la hiperestimulación y la mirada constante del otro.
«Una de las cosas que más me preocupa es el aburrimiento, porque creo que tampoco sabemos aburrirnos»
Durante dos semanas, sin pantallas ni distracciones, el tiempo se convierte en materia artística en Madrid. Y ahí aparece otro de los grandes temores. «Una de las cosas que más me preocupa es el aburrimiento, porque creo que tampoco sabemos aburrirnos», confiesa. «Estamos llenos de estímulos constantemente y tengo curiosidad de saber qué pasa dentro de mí al parar de verdad«. Para ella, ese vacío inicial será el primer obstáculo: «Imagino que el aburrimiento será el primer handicap, luego imagino que mentalmente y emocionalmente pasaré por muchos altibajos, pero creo que estoy preparada«.
Aunque el proyecto se apoya en la espontaneidad, no todo está dejado al azar. «Las performances de los jueves, viernes y sábados a las 20:00 h sí tienen un esquema y un miedo asociado cada una«, explica. Eso sí, el guion es más estructural que emocional: «Es más un guion mecánico; a nivel emocional me dejaré llevar explorando ese miedo en ese momento«.
Al final del encierro no hay una promesa de transformación espectacular, sino algo mucho más sencillo y, quizá, más revolucionario. «Espero aprender a ir más despacio y haber conectado conmigo misma», concluye.
En una ciudad como Madrid, saturada de estímulos, eventos y ruido, la performance de Mariam Bustos propone justo lo contrario: detenerse, mirar y sostener el miedo. Un acto de valentía silenciosa que ya está dando que hablar y que confirma que, a veces, la verdadera revolución ocurre cuando alguien se atreve a quedarse solo… y dejarse ver.