Cultura

Año Nuevo Chino: qué significa que comience el año del caballo de fuego

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En 2026 el Año Nuevo Chino se celebra el 17 de febrero. Como es de esperar, este día es uno de los más importantes para sus ciudadanos y sus celebraciones han dado ya la vuelta al mundo. Hoy, vemos cómo las luces, los farolillos y los aromas que desprenden sus recetas tradicionales inundan los chinatowns de todas las ciudades. Y, pese a que el todo este despliegue nos invita a formar parte de sus celebraciones, todavía hay muchos detalles mitológicos e históricos de esta celebración que desconocemos. Por eso, te vamos a explicar un poco más en qué consiste esta tradición y qué significa dar paso al año del caballo de fuego.

¿Por qué se celebra el 17 de febrero?

Si seguimos la lógica de nuestro calendario, resulta complicado ver cómo hay culturas que celebran su año nuevo un mes y medio después de que nosotros damos por iniciado el nuestro. Antiguamente, cada pueblo tenía su calendario, ya que estos se establecen en base a los ciclos solares, al paso de las festividades, las cosechas… Se organizaba de esta manera el tiempo en unos y otros lugares, claro que esta idea fue evolucionando hasta adquirir un mismo calendario en casi todo el mundo.

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No todos los sistemas eran iguales, había quienes (como nosotros) basaron su calendario en la observación del sol y quienes lo hacían respondiendo a los ciclos solares. Pues bien, la cultura china utilizó ambos sistemas de medición, concluyendo en el uso de un calendario lunisolar. ¿Qué quiere decir? ¿Cuántos días tiene su año entonces? La consecuencia, básicamente es que el calendario chino es variable, en función de los ciclos de la luna y el sol: tiene 12 o 13 meses lunares por año, y está entre 20 y 50 días por detrás del calendario gregoriano.

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Los animales del calendario chino

Este 2026 el calendario chino da la bienvenida al caballo de fuego. Antes, precedió a este la figura de la serpiente, la del tigre… así hasta completar el ciclo de los 12 animales que componen la cultura china. Se desconoce el por qué de estos animales pero, como siempre, tenemos a la mitología y las leyendas para adentrarnos en las entrañas de la historia de un país.

Nos situamos entonces en la dinastía Han, hace más de 2000 años. Cuenta la mitología que el Emperador de Jade convocó a los animales a una carrera a través de un río para establecer el orden del calendario lunar. Los doce primeros en llegar fueron – por este orden – la rata, el buey, el tigre, el conejo, el dragón, la serpiente, el caballo, la cabra, el mono, el gallo, el perro y, por último, el cerdo.

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No son los únicos que conviven dentro del espectro zodiacal, ya que aquí también entran en juego los cinco elementos, designados al metal, el agua, la madera, el fuego y la tierra. Cada año, los animales y las fuerzas se van combinando y creando sesenta combinaciones posibles que se repiten cíclicamente con el porvenir de los años. Y esto explica por qué este año, vuelve tras sesenta años a darse el año del caballo de fuego. Ahora bien, esta combinación también es el desenlace de unos u otros patrones.

El año del caballo de fuego

Para entender un poco más sobre el papel del caballo tendríamos que indagar en la mitología china y sus múltiples historias y versiones para cada uno de los elementos que la componen. Sin embargo, el caballo siempre ha sido un elemento que simboliza prosperidad y fuerza. Tal y como recogía un reciente artículo de National Geographic hablando sobre la celebración de este año, el caballo lleva presente en la mitología tradicional desde tiempos inmemorables.

Si bien su narrativa y percepción fue evolucionando, tanto en las historias como en el papel que representó en la sociedad. Este artículo subraya las primeras narrativas sobre el caballo asentadas en la figura del caballo dragón, una criatura de la mitología tradicional. También se recoge el papel comercial de este animal en la antigua Ruta del Té, donde este animal se comenzó a utilizar como moneda de cambio por el té durante las dinastías Tang y Song.

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Ahora bien, centrados puramente en la tradición y en las creencias astrales, el caballo representa el séptimo animal del zodiaco. Definido por rasgos como la energía, la independencia, el espíritu aventurero o la impaciencia, este animal define a personas dinámicas, impulsivas y algo rebeldes. Por su parte, el fuego es la representación de la intensidad, el liderazgo, el carácter.

Juntos, el caballo de fuego es visto como muy poderoso, pero también «difícil de domar», especialmente en mujeres, donde antiguamente se creía que tenían carácter muy fuerte e independiente. Llegó a existir incluso una creencia popular durante el periodo Edo (1603-1868), de que las mujeres nacidas bajo esa combinación eran insaciables, imposibles de controlar. Tal fue así la idea que pronto se convirtió en la trama vertebradora de obras del teatro de marionetas ningyō jōruri y de la literatura popular.