Ana Milán: «Este libro es de Beatriz Carvajal, Pilar Bardem… y otras mujeres que me contaron su historia»
Nos citamos con Ana Milán en el Hotel Only You de la calle Barquillo, en Madrid. No es un lugar elegido al azar (aunque ella jure que sí). Es allí donde Josefa, la protagonista de Bailando lo quitao, hace el amor por última vez. Cuando Ana se da cuenta, se queda en silencio unos segundos. «Ay, que me mareo», dice. Y en esa frase cabe perfectamente todo este libro: memoria, intuición, emoción y una vida contada desde las entrañas.
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Bailando lo quitao es la primera novela de Ana Milán, pero no su primer acto de valentía. Es un texto sin índices, sin orden aparente, sin concesiones. Un libro que funciona como la memoria: a saltos, caprichosa, ferozmente honesta. «Yo he borrado y borrado y borrado incluso textos que se han quedado fuera para dejar sólo el latigazo emocional. Me daba mucho miedo que no se entendiera…», confiesa.
Un libro que tardó cinco años en decidirse
«En esta novela hay el doble borrado de lo que hay publicado… Todavía más corto lo dejaba»
Ana habla con agradecimiento (y humor) de Planeta y, sobre todo, de Puri Plaza y Raquel Gisbert, las editoras que creyeron en esta locura desde el principio. «Recuerdo una llamada donde Puri me dijo: Nos ha gustado mucho, vamos a redactar un contrato«. Y yo le dije: No, no, no… cuando yo lo tenga, te lo mandaré«. Cinco años después la llamé y le dije: «Hola, Puri, soy yo. Estaba volviendo de un Sant Jordi. Nunca se me olvidará».
Durante ese tiempo, el libro fue creciendo y desapareciendo a partes iguales. «En esta novela hay el doble borrado de lo que hay publicado. Cuatro años borrando. Mi ejercicio ha sido borrar. Menos es más. Todavía más corto lo dejaba», asegura.
Josefa, la amiga que todos quieren
Si algo ha sorprendido a Ana es la reacción de los lectores. «Todo el mundo nombra a Josi como si de repente tuvieran una amiga nueva». La novela sigue la vida de Josefa, Josi, nacida el 8 de noviembre de 1946, el mismo día que fallece su vecino, un detalle que simboliza desde el principio la constante presencia de la vida y la muerte. A través de sus recuerdos, ella reconstruye su biografía mientras España vive la Transición, sin seguir un orden cronológico, sino el ritmo de la memoria, saltando entre momentos clave que la definen.
Entre esos recuerdos sobresale su primer amor, José Luis, un romance intenso que deja a Josefa una profunda marca sobre el amor y el duelo. Más tarde, experimenta lo que llama su primer desamor con Darío. La novela refleja gestos de rebeldía y emancipación: desde ponerse su primera minifalda a escondidas de su padre hasta decisiones difíciles como afrontar un aborto en la clandestinidad, en una época en la que el adulterio era ilegal y las mujeres comenzaban a luchar por su libertad.
En el ámbito profesional, Josefa trabaja como secretaria de dirección en RTVE, participando en eventos históricos como Eurovisión 1969, cuando España comparte el primer puesto. Su experiencia en televisión le permite crecer profesionalmente y relacionarse con personas influyentes, en un contexto en el que las mujeres empiezan a ocupar espacios importantes en la sociedad.
Un libro rojo, entelado y sin foto
«¿Por qué rojo? Porque es casi el rojo exacto de mi pintalabios de toda la vida»
Nada en Bailando lo quitao es casual, tampoco su forma. «No va a tener foto. Va a ir entelado en rojo. No cabe ninguna posibilidad de que sea de otra manera», recuerda entre risas. «¿Por qué rojo? Porque es casi el rojo exacto de mi pintalabios de toda la vida. Nunca he tenido un pintalabios que no sea rojo».
La defensa del objeto libro es casi militante. «O luchamos por hacer las cosas un poquito mejor o somos la generación más loser del planeta. Esto es una cosa preciosa. Nunca deberíamos haber dejado de publicar libros entelados y bonitos».
La vejez, el cuerpo y lo que no se dice
«Envejecer me parece una injusticia absoluta. Observar cómo tu cara cambia sin que puedas hacer nada es cruel»
La novela (y la conversación) entra de lleno en uno de los grandes temas incómodos: envejecer. «Envejecer me parece una injusticia absoluta. Me indigna. Observar cómo tu cara cambia sin que puedas hacer nada es cruel», dice sin rodeos.
Pero también defiende la libertad absoluta sobre el propio cuerpo. «Que cada uno haga con su cara lo que considere. Es una decisión privada. Ya es bastante putada saber que viene la muerte como para no poder hacer lo que te dé la gana para sentirte mejor».
Memoria, mujeres y heroicidades invisibles
«Este libro le pertenece tanto a Pilar Bardem como a Beatriz Carvajal, como a Amparo Baró…»
El libro se nutre de historias reales, de mujeres que vivieron antes, de escenas escuchadas al vuelo, contadas en camerinos, en cocinas o entre función y función. «Este libro le pertenece tanto a Pilar Bardem como a Beatriz Carvajal, como a Amparo Baró. Yo he preguntado mucho. Soy una preguntona indomable», dice Ana.
«Recuerdo a Amparo Baró. Me la encontraba casi siempre, año tras año, en el cumpleaños de Beatriz Carvajal. Y yo preguntaba (siempre pregunto): ¿Y tú a qué hora llegabas?. Y ella me contestaba con toda la naturalidad del mundo: Cuando acababa la función. A veces la función terminaba pasada la medianoche y, aun así, mientras se desmaquillaba, ya sabía que a la una estaría en Bocaccio«.
De ellas, Ana toma gestos, frases, maneras de estar en el mundo y, sobre todo, esa mezcla de fuerza y fragilidad que marcó a toda una generación de actrices que vivieron, amaron y trabajaron sin pedir permiso.
Muchas de esas historias nacen en bares de Madrid, como Bocaccio o el mítico Oliver de Chamberí, entre copas tardías y conversaciones sin prisa, cuando ya no hace falta fingir nada. En el libro aparecen transformadas en escenas mínimas pero poderosas: una charla a deshoras, una risa que tapa el miedo, una decisión tomada contra todo pronóstico.
Y también está su madre. El relato de aquella noche en la que viajó desde Alemania y saltó de un tren en marcha para llegar a tiempo (una escena que podría parecer exagerada si no fuera real) se convierte en uno de los momentos más emocionantes del libro. Para Ana, eso es la épica que nunca se cuenta: «Eso es heroico. Y si no se cuenta, se muere».
‘Bailando lo quitao’: el título antes que la historia
«Josi y yo compartimos la alegría por decidir»
El título fue lo primero. «Estaba el título y no sabía quién era Josefa. Bailando lo quitao quizá fue antes que Josefa», admite. Una expresión que encierra toda una filosofía: vivir sin miedo al qué dirán, asumir las consecuencias con alegría.
«Josi y yo compartimos la alegría por decidir. La hostia que me da cuando no la vi venir… pero también hay cosas que salen muy bien. La vida a veces recompensa la valentía».
Las últimas veces
«Estamos llenos de últimas veces y no lo sabemos. La última vez que dormiste en casa de tus padres no sabías que era la última…»
La conversación termina —cómo no— hablando de las últimas veces. «Estamos llenos de últimas veces y no lo sabemos. La última vez que dormiste en casa de tus padres no sabías que era la última…». Y quizá por eso este libro duele y acompaña a partes iguales.
Bailando lo quitao no es una novela para gustar: es una novela para quedarse. Para leerla como quien se sienta a escuchar a una amiga que habla sin filtros, sin miedo y con una lucidez desarmante. Como Ana Milán.