El último adiós a Jaime, el creador de la marca solidaria ‘Algo de Jaime’: «Ahora estaría enumerando cebras»
Hay historias que empiezan sin pretenderlo. Con un gesto mínimo, repetido, casi invisible: un niño que se detiene cada día ante un escaparate y nombra lo que ve. Así comienza, en realidad, Algo de Jaime. Y así empieza también el homenaje que hoy ocupa Guáimaro, en Madrid, un proyecto que une arte, diseño y emoción para reivindicar algo esencial: que el talento no entiende de etiquetas, y que, tras el reciente fallecimiento de Jaime Martínez Alonso, se convierte en algo aún más profundo: una forma de continuidad.
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El origen de ‘Algo de Jaime’ y su homenaje más especial
Antes de convertirse en símbolo, la cebra fue simplemente uno de los muchos animales que Jaime encontraba en el escaparate de Guáimaro. Vivía cerca de la tienda y, casi cada día, repetía el mismo gesto: se detenía, observaba con atención y comenzaba a enumerar en voz alta cada figura que reconocía entre los objetos de decoración. No era un acto casual, sino una forma de relacionarse con el entorno, de entenderlo y ordenarlo.
«Jaime se paraba todos los días en el escaparate y enumeraba todos los animales que veía», se recordó durante el homenaje celebrado el pasado 14 de abril. Esa escena cotidiana, casi íntima, fue el inicio de algo que ni él ni quienes le rodeaban podían anticipar: una relación cercana entre su familia y Diana R. Torres, fundadora de Guáimaro, que fue creciendo de manera natural, sin grandes gestos, pero con una conexión cada vez más evidente.
El momento en que todo encaja
Hay veces en las que las ideas no se piensan, simplemente aparecen. Diana lo recuerda con claridad, como una intuición que se impone sin esfuerzo. «Este es un homenaje que empezó a organizarse en noviembre», explica, situando el punto de inflexión en un encuentro aparentemente cotidiano.
«Sole entró en la tienda, me hablaba, me hablaba… y yo miraba las cebras», cuenta. En ese momento, mientras escuchaba a Sole Alonso, diseñadora de vestidos de novia y madre de Jaime, algo encajó de forma inmediata. «Pensé: «Jaime pinta cebras… qué buen tándem»». La conexión fue tan clara que se transformó en propuesta casi sin pasar por la reflexión: «Me escuché diciéndole: «¿te puedo pedir una cosa muy especial?»». Ese impulso, tan espontáneo como certero, fue el origen de todo lo que vendría después.
Un escaparate con intención
La propuesta de Diana no era únicamente estética. Desde el principio, había una intención clara de fondo: cambiar la mirada. «Decidí que quería dedicar el escaparate de primavera a las capacidades que tiene una persona con autismo», explica. No se trataba sólo de mostrar el trabajo de Jaime, sino de situarlo en un contexto donde su talento pudiera dialogar con otros lenguajes creativos.
La elección de la cebra como hilo conductor no fue casual. «Jaime pinta animales, pinta naturaleza y su animal más icónico es la cebra», señala. A partir de ahí, el concepto se fue construyendo con coherencia: «Decidimos usar la cebra como hilo conductor de un escaparate fresco, bonito, elegante». Un espacio pensado no sólo para atraer la mirada, sino para provocar una reflexión más profunda.
Ese escaparate, ubicado en la tienda de la calle Velázquez, no se limita a lo visual. Es también el eje de una colección en edición limitada, disponible hasta junio, en la que distintos creadores reinterpretan el universo de Jaime. El objetivo es claro y se formula sin rodeos: «Para que vierais que lo que hace una persona con autismo puede entrar en decoración, en moda, en joyería… en muchos otros ámbitos».
Una red de creadoras unidas por una misma idea
Desde el principio, Diana tuvo claro que el proyecto debía ser colectivo. No como una estrategia, sino como una necesidad. «Como no queríamos estar solos, pedimos a amigas, emprendedoras, que cada una colaborara interpretando la cebra a su manera», explica. Esa llamada encontró una respuesta inmediata.
El resultado es una colección coral en la que conviven distintas disciplinas y sensibilidades: desde joyería hasta cerámica, pasando por iluminación o diseño textil. Todas las piezas, aunque diferentes, comparten un mismo punto de partida: la mirada de Jaime.
«Cada una colaboraba interpretando la cebra a su manera o algún artículo que pudiera tener ese fin», añade Diana. Durante el evento, quiso poner en valor esa implicación colectiva con palabras que reflejan tanto gratitud como emoción: «Lo que tengo que dar es las gracias a todas las marcas que habéis colaborado… porque enseguida os volcásteis en algo así».
Participaron creadores y artistas como Mery Vega de Seoane, Nina Wendelboe-Larsen, Ana Cristina Portillo, Gena West, Suma Cruz (Susana Cruz), Dorantes Harness (Chitina Oriol), Sally Hambleton, Ynes Suelves, Paloma Blanc, Sole Alonso, madre de Jaime Martínez Alonso, Can Betelgeuse (Danae Marín), Tessa Fernández Durán, Llamative (María Ibáñez), Vila Hermanos (Andrea Mardones), Teresa Pérez Baró, Mery Rodríguez (bloggymery), Teresa de la Cierva, Marta Barroso y Brucs.
La emoción de lo vivido
El acto celebrado en Guáimaro estuvo marcado por una emoción contenida, pero constante. No era un evento al uso, sino un encuentro donde lo personal y lo colectivo se entrelazaban de forma natural.
Había también una certeza compartida: la de que Jaime habría disfrutado viendo todo aquello. «No dudo que le habría encantado todo esto», se dijo. Aunque, fiel a su manera de ser, también habría reaccionado con esa mezcla de fascinación y sobrecogimiento que le caracterizaba: «Le habría encantado… aunque tanta gente le habría espantado», comentaba su madre entre risas.
Y, de nuevo, la imagen que lo explica todo vuelve a aparecer, sencilla y poderosa: «Ahora estaría enumerando todas las cebras que ve».
Más allá del homenaje y de la emoción que lo envuelve, Algo de Jaime es, ante todo, un proyecto con vocación de futuro. Nace a partir de los dibujos de Jaime, animales llenos de personalidad, trazados con un estilo intuitivo y absolutamente reconocible, que su familia decide transformar en una marca con propósito. Camisetas, sudaderas y objetos cotidianos se convierten así en soporte de una mirada única, pero también en herramienta de cambio.
El objetivo va mucho más allá de lo creativo: generar oportunidades laborales dignas para personas con autismo, demostrando que el talento existe cuando se le da espacio. En este sentido, Algo de Jaime no sólo pone en valor una obra, sino que cuestiona la forma en la que tradicionalmente se ha entendido la inclusión. Aquí no se trata de integrar, sino de construir desde las capacidades.