Valentino muere a los 93 años: de su amistad con Naty Abascal al rojo que marcó una era
Valentino, uno de los últimos iconos de la moda, nos acaba de dejar a los 93 años. Su nombre ha sido uno de los que más ha resonado en el mundo del diseño y el universo creativo ha perdido a uno de sus grandes mitos. Desde que el creador dio forma a la firma en 1960, ha ido construyendo una marca que se caracteriza por la elegancia atemporal, la sofisticación, los bordados espectaculares y su emblemático rojo. Sus bocetos y sus creaciones no sólo marcaron sartorialmente el siglo XX, sino que transformaron nuestra idea de lo que significa vestir con alma. Aunque el diseñador se haya ido, nos deja un legado eterno.
Su vida siempre se basó en la moda y su habilidad con el diseño le llevó a construir una trayectoria de éxito en la alta costura. Su formación comenzó en París, donde le ayudó a entender este mundo de una manera diferente y aplicarla a esa esencia italiana que respiraba cada creación que pisaba la pasarela. Posteriormente, Valentino lanzó su marca de moda homónima en Roma en 1959 junto a su socio Giancarlo Giammetti. Con ese savoir faire y un estilo inconfundible, comenzó a asentar su nombre como uno de los referentes en el lujo femenino, consolidando su fama al vestir a otros iconos como Jackie Kennedy y Elizabeth Taylor. Tras 45 años de carrera, en 2008, se retiraba del universo creativo, dejando la casa en manos de Pier Paolo Piccioli y Maria Grazia Chiuri.
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Se va uno de los grandes de la moda, pero nos ha dejado un legado único:
El Rojo Valentino
Aunque su marca se podía reconocer por diferentes motivos y, cómo no, su V en los logotipos, se hizo con un color que llegó a hacer suyo. Este se introdujo en la marca, hasta tal nivel, que se comenzó a reconocer como «Rojo Valentino». Se convirtió en un código de la casa y está fuertemente asociado con la marca, aunque técnicamente no esté patentado como una fórmula química (como a veces se dice), sino más bien como una marca registrada de color.
La forma en la que el diseñador lo descubrió fue curiosa y, nada más y nada menos que en Barcelona. Este se encontraba en la ciudad condal de visita y decidió ir a ver una obra de teatro. Allí quedó cautivado por un vestido de terciopelo rojo en una mujer mayor, y lo convirtió en un sello de su marca desde su primera colección en 1959. Una mezcla precisa de 100% magenta, 100% amarillo y 10% negro, que simboliza amor y elegancia, consolidándose con iconos de la moda como la princesa Diana y Julia Roberts en Pretty Woman.
Este color se fue forjando junto al nombre de Valentino, pero hubo personajes que lo pusieron en el mapa de la moda. Gigi Hadid, Nicola Peltz, Laura Pausini o Jennifer Aniston son algunas de las figuras que han pasado por sus manos, aunque hay otras que lo fueron forjando a su lado. Grandes amigas que se convirtieron en musas eternas.
Valentino y Naty Abascal: una amistad eterna
Pronunciar el nombre de ambos por separado es imposible en el mundo de la moda y es que, podríamos asegurar, es una de las amistades más longevas de la industria. El comienzo de esta fue marcado por una profunda conexión personal que se tradujo en innumerables momentos juntos, apariciones en eventos de alta sociedad y vacaciones en su yate, demostrando una gran complicidad que abarcó décadas, desde sus inicios hasta el final de la vida del diseñador.
No era de esas amistades banales, sino que en momentos puntuales y personales como el cumpleaños del diseñador, siempre veíamos a la modelo Naty Abascal presente en su castillo en Italia.
Su musa eterna
Todo diseñador tiene su musa, pero el vínculo entre ambos iba más allá. A finales de los años 70, se observaba cómo la relación entre Valentino y Naty Abascal se tornaba en increíbles diseños. Esta fue y sigue siendo fiel seguidora de todas sus creaciones, como la que lució en 1992 para la Gala Valentino: Treinta años de magia, celebrada en Nueva York.
Desde que ambos se conocieron, fue como juntar dos almas gemelas y estamos seguros de que han compartido cientos de confidencias. Eso ha quedado retratado en más de una foto. Pero realmente da igual el lugar, sus miradas cómplices y los gestos que nos mostraban de manera incansable una amistad que no tenía fecha de caducidad.