Clara Alierta, tercera generación de Sanci, la tienda de lujo en Zaragoza donde compran las expertas en moda
En el universo de los accesorios de lujo, donde la estética convive con la historia y la artesanía, pocas tiendas pueden presumir de una trayectoria tan sólida como Sanci. Con más de ocho décadas de legado familiar, este espacio se ha convertido en un referente para quienes entienden la moda como una inversión emocional y duradera. Al frente se encuentra Clara Alierta, heredera de una sensibilidad que ha pasado de generación en generación. En esta conversación, desgranamos las claves de su éxito, la evolución del lujo y el valor de las piezas que trascienden el tiempo, en una época donde el cliente busca mucho más que un simple objeto bonito.
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Sanci, marca de accesorios prémium en Zaragoza
«La fundaron mis abuelos. Después estuvo mi madre y mi tía y ahora soy yo la que sigo al frente»
Ochenta años no se construyen por casualidad. Sanci nace del impulso de los abuelos de Clara Alierta, pasa por la mirada de su madre y su tía, y hoy continúa con ella al frente. «La fundaron mis abuelos. Después estuvo mi madre y mi tía y ahora soy yo la que sigo al frente», explica. Sin embargo, lejos de ser un peso, esa herencia ha sido un camino natural.
«Ha sido algo muy natural, porque de alguna manera yo he crecido aquí», cuenta. Su vínculo con la tienda no es sólo profesional, sino profundamente emocional: «La parada del autobús del colegio era justo aquí… venía con mis primos y con mi abuela. Nos compraban merienda y merendábamos aquí… mientras ibas viendo cómo seleccionaban las colecciones». Un aprendizaje silencioso que ha marcado su manera de entender el negocio. «Lo llevo en la sangre», resume con una sonrisa.
El verdadero lujo: calidad, historia y criterio
«Nuestro ADN siempre ha sido seleccionar los mejores accesorios… buscamos el que tenga un material noble, el proceso de fabricación, conocemos lo que hay detrás de cada colección»
Si algo define a Sanci es su meticulosa selección. En un mercado saturado de tendencias efímeras, aquí prima el criterio. «Nuestro ADN siempre ha sido seleccionar los mejores accesorios… buscamos el que tenga un material noble, el proceso de fabricación, conocemos lo que hay detrás de cada colección», explica Clara.
Esa búsqueda no pasa por acumular referencias, sino por afinar la mirada: «Tampoco compramos toda una colección. Siempre intentamos buscar la pieza que puede aportar algo a nuestras clientas». Ese algo es difícil de definir, pero se percibe: puede ser un cachemir excepcional, un diseño único o un color imposible de lograr sin una calidad determinada.
A esto se suma un valor clave: el trato personalizado. «El conocer los gustos de nuestras clientas y la búsqueda incansable de las mejores colecciones… las que son distintivas por ellas mismas». En Sanci no se vende sólo producto, se construye una relación.
Entre lo emergente y lo consolidado: una cuestión de esencia
«Nos centramos más en el resultado final… el valor que tiene la pieza en sí puede proceder de un talento emergente, pero también de una empresa consolidada».
En cuanto a la selección de marcas y diseñadores, Clara lo tiene claro: el nombre no es lo importante, sino el resultado. «Nos centramos más en el resultado final… el valor que tiene la pieza en sí puede proceder de un talento emergente, pero también de una empresa consolidada».
Esa apertura permite a Sanci moverse con libertad entre tradición e innovación. «No nos cerramos las puertas… tenemos tradición y tenemos innovación», afirma. Lo esencial es que cada pieza tenga alma, historia y calidad.
El nuevo lujo: menos logo, más significado
«Ahora el cliente prémium es mucho más exquisito… busca que tenga un sentido la compra».
El concepto de lujo ha cambiado, y mucho. Si antes bastaba con el impacto visual, hoy el cliente exige profundidad. «Ahora el cliente prémium es mucho más exquisito… busca que tenga un sentido la compra», explica Clara.
Este cambio implica una mayor conciencia: «Hemos aprendido a valorar mucho más el savoir faire y lo que constituye una pieza». Ya no se trata sólo de estética, sino de todo lo que hay detrás: proceso, origen, intención. «El cliente necesita algo que vaya más allá de un logo».
En este sentido, Sanci ha jugado con ventaja, porque su filosofía siempre ha ido en esa dirección. «Siempre hemos tratado de defender la artesanía, el trabajo bien hecho… y creo que el mercado eso también lo aprecia».
Las piezas que definen (y permanecen) Sanci
«Nuestra clienta siempre invierte en pieza clave… valora un buen fondo de armario».
Si hay un accesorio capaz de transformar un look, Clara no duda: «Sobre todo los pendientes… les dan mucho valor». A ellos se suman los fulares y los bolsos, donde la calidad de los tejidos y las pieles marca la diferencia.
Pero más allá de tendencias, hay una constante en su clienta: la inversión inteligente. «Nuestra clienta siempre invierte en pieza clave… valora un buen fondo de armario». Es una forma de consumir más pausada, más consciente.
Y ahí aparece uno de los mayores orgullos de la firma: la permanencia. «Es increíble las veces que entran y te dicen «mi madre se compraba un collar, mi abuela tiene unos pendientes y me los pongo y siguen llamando la atención»». Para Clara, ese es el verdadero éxito: «El que haya algo que perdure y que además defina la persona que lo lleva».
Porque una buena pieza no envejece, evoluciona: «Aunque tenga años, si ha tenido personalidad y calidad, lo seguirá manteniendo».
Sanci: de Zaragoza al mundo
«Tenemos clientela desde Taiwán, desde China…».
Aunque sus raíces están en Zaragoza, Sanci ha sabido expandirse sin perder su esencia. «Estamos trasladando todo lo que durante 30 años hemos tenido en la tienda… hacia el mundo digital», explica.
Esta evolución responde a una demanda real: «Tenemos muchas clientas fuera que necesitaban asesoramiento». Hoy, cerca del 30% de sus ventas son internacionales. «Tenemos clientela desde Taiwán, desde China… es un producto que no está circunscrito a un territorio».
La clave de este éxito global es la coherencia: una selección cuidada, un servicio cercano y una identidad clara. «Tenemos clientes de todo el mundo y además vuelven a comprar… eso significa que están contentos con la elección».