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«La piel refleja cómo envejecemos y cómo nos sentimos»
Esta afirmación resume el eje central de su enfoque: una visión integradora donde la biología cutánea y el bienestar emocional están profundamente conectados. Con más de 175 ensayos clínicos y más de 200 publicaciones, la Dra. Fabi no sólo observa la piel, sino que la estudia como un sistema dinámico influido por múltiples factores, entre ellos las hormonas.
Uno de los hallazgos más sugerentes en su investigación es el papel de la oxitocina. Tradicionalmente vinculada al afecto y la conexión emocional, esta neurohormona revela ahora un potencial inesperado en dermatología. “La oxitocina puede revolucionar la forma en que nuestra piel envejece y se transforma, del mismo modo que lo hace el estrógeno”, explica. Este descubrimiento abre la puerta a tratamientos que mejoran el aspecto externo e influyen en cómo nos sentimos.

En esta línea, la Dra. Fabi destaca el desarrollo del OX factor, un complejo innovador de péptidos y lípidos diseñado para actuar de manera inmediata sobre la piel. Su mecanismo es tan elegante como eficaz: los péptidos se unen a canales iónicos en la superficie cutánea, liberando oxitocina sin necesidad de penetrar profundamente. Este proceso activa directamente a queratinocitos y fibroblastos, responsables de la regeneración, firmeza y textura de la piel.
«No se trata de usar más productos, sino de usar los adecuados con la formulación correcta»
Esta filosofía desafía una de las creencias más extendidas en el cuidado facial: la idea de que más pasos equivalen a mejores resultados. Para la Dra. Fabi, la clave está en la precisión. Un enfoque minimalista, basado en activos bien formulados, puede superar a las rutinas complejas, reduciendo además el riesgo de irritación o daño en la barrera cutánea.
De hecho, uno de los errores más comunes que señala es el uso excesivo de ácidos fuertes, que puede provocar enrojecimiento, sensibilidad e incluso empeorar la pigmentación. Frente a ello, propone una estrategia centrada en la regeneración celular y la reducción de la inflamación, factores esenciales en el envejecimiento de la piel.

Pero quizás uno de los aspectos más innovadores de su trabajo es la conexión entre piel y cerebro. La liberación de oxitocina en la piel no sólo mejora su aspecto, sino que activa un bucle de retroalimentación positiva que incrementa la sensación de bienestar y la confianza. Así, la dermatología estética trasciende lo visual para convertirse en una herramienta de equilibrio emocional.
«La liberación de oxitocina en la piel no sólo mejora su aspecto, sino que activa un bucle de retroalimentación positiva»
Los resultados respaldan esta visión. Tras varias semanas de uso de formulaciones que estimulan estos mecanismos, la piel muestra mayor luminosidad, uniformidad y resistencia. Ingredientes como los fitopéptidos y fosfolípidos refuerzan además la barrera cutánea, favoreciendo la reparación y la protección frente a agresiones externas.
