El fenómeno asiático tiene algo que, independientemente del sector del que hablemos, ha llegado a miles de personas de todas las edades. Desde la música hasta las series y películas, pasando por lo que hoy nos atañe: la belleza. Donde encontramos en la rutina de belleza de K-beauty o la J-beauty dos grandes mundos que están inundando las redes, protagonizando trends vitales de skincare y dictando las tendencias estéticas en maquillaje y peluquería de estos últimos años.
Pero algo que nos tiene fascinadas – igual que a millones de suscriptoras de belleza – es el increíble resultado que sus fórmulas cosméticas. Lo que nos lleva a hacernos una pregunta, ¿hay alguna diferencia entre ambos tipos de cosmética?
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Decir que todo lo que tiene que ver con belleza asiática sería entrar en una generalización completamente errónea. Tienen muchas cosas en común, condicionadas por factores como la proximidad de sus culturas. En palabras de Alejandro Izquierdo, farmacéutico y Marketing Manager de Dermogalenic Experts, «comparten una visión preventiva del cuidado de la piel, pero difieren en su aproximación técnica». No por ello podemos afirmar que tengan grandes cosas en común. De hecho, si indagamos en su finalidad, el número de pasos y aspectos más técnicos como las formulaciones, podemos ver grandes diferencias entre ambas.

Minimalismo y maximalismo
Sin embargo, no podemos afirmar, ni de lejos, que tengan grandes similitudes. Encontramos su principal diferencia en el minimalismo de la rutina de skincare japonesa. María Jesús Vergara Serrano, farmacéutica y asesora técnica en Cosmeclinik respalda esta idea añadiendo que esta rutina apuesta por la sencillez y la eficacia. «Su finalidad es conseguir una piel suave, equilibrada y de aspecto natural, utilizando pocos pasos y activos con una sólida base científica y tradición cosmética, muchos de ellos con acción antienvejecimiento». Alejandro Izquierdo matiza, además, que este respeto por la barrera cutánea «encaja especialmente bien con pieles sensibles, reactivas o en procesos de envejecimiento».
En cambio, «la coreana es más sofisticada en pasos y, a veces, también en activos, ya que no solo busca mantener, también intenta regenerar y renovar, añadiendo pasos que a veces alcanzan hasta los doce o quince, con exfoliación, mascarilla y mucho más», subraya. Persigue en sí un efecto filtro en la piel mucho más marcado y potente. El resultado que persigue, por tanto, se deriva hacia una piel «extremadamente luminosa e hidratada, lo que se conoce como glow o glass skin», apunta María Jesús Vergara.

Número de pasos
En el número de pasos encontramos el mayor condicionante y la máxima diferencia entre ambas rutinas. La rutina japonesa apenas tiene cinco pasos: «Podríamos decir que aboga por menos y es mas una rutina de mantenimiento con pocos pasos: limpieza, tonificación, tratamiento de hidratación», apunta Estefanía Nieto, directora dermocosmética de Medik8.
En el polo opuesto, María Jesús Vergara apunta que la rutina coreana «incorpora alrededor de diez pasos, añadiendo a los básicos productos como exfoliantes, mascarillas, ampollas o contornos de ojos. En este caso, la innovación y la experimentación con ingredientes de moda tienen un papel protagonista, a veces incluso por encima de la evidencia científica».

Entonces, ¿Cuál de las dos rutinas es más recomendada?
«En HD Cosmetic Efficiency pensamos que ninguna rutina es superior por su origen, sino por su capacidad de adaptarse al estado real de la piel y mantener su equilibrio funcional», apunta Alejandro Izquierdo. Y en este caso nos encontramos con dos rutinas completamente diferentes. Una cuyo minimalismo es más fácilmente adaptable a todo tipo de pieles y otra donde la prioridad de buscar un efecto filtro puede sobresaturar la barrera cutánea.
¿Cuál elegimos entonces? Irene Serrano, directora dermocosmética de Dermalogica, explica que, en estos casos, el factor determinante al elegir una u otra debe ser la personalización. «El riesgo está en hacer rutinas muy generales que se queden cortas o que, al contrario, sean demasiado agresivas. Por eso es tan importante dejarse aconsejar siempre por manos expertas», explica.

Siguiendo esta línea, puede parecer que la japonesa haya adelantado a la coreana. Alto, porque no todo es así. De hecho, un punto en el que todos los profesionales coinciden es que, lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de seleccionar una u otra rutina es la fisionomía de la piel.
«No hay rutina más mala que la que no está diseñada para tu piel, y aquí da igual que hablemos de rutinas japonesas, coreanas, europeas, de unos activos, de otros, de fórmulas veganas o no. Lo que hace que una rutina sea buena es que se adapte a lo que tu piel necesita y, aquí, las posibilidades son infinitas», subraya Mireia Fernández, directora dermocosmética de Perricone MD. Aquí podemos toparnos con uno de los grandes errores que cometemos a la hora de elegir rutinas de la piel.

Si solo elegimos rutinas por su viralidad o por modas, Alejandro Izquierdo puntualiza que puede derivar en:
- Estrés cutáneo crónico.
- Alteración de la función barrera.
- Inflamación subclínica persistente.
- Pérdida de eficacia a medio y largo plazo.
Maria Jesús Vergara puntualiza que este riesgo puede ser incluso mayor en pieles con patologías como acné o rosácea: «Seguir rutinas populares sin asesoramiento profesional puede empeorar la condición. En estos casos, la recomendación dermatológica siempre debe prevalecer».
