Qué traje usar, según un experto: «El de tres piezas, para celebraciones; el de dos para el día a día…»
Un traje puede arruinarte o elevarte en segundos. Basta un mal corte para que todo falle. Y, sin embargo, cuando está bien hecho, ocurre lo contrario: todo encaja. Por eso la sastrería sigue siendo uno de los mayores lujos masculinos, aunque muchos aún no lo entiendan. Los sastres son los ejecutores de cada patrón, corte y forma, que llevan a cabo un trabajo complicado, puesto que la estructura del cuerpo masculino es bastante compleja. El traje perfecto existe, o no, pero para ello hemos hablado con uno de los jóvenes que más está despuntando en la profesión y ese es Carlos Vilariño.
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El joven madrileño de 32 años es un claro ejemplo de que, para dedicarse a este mundo, hay que tener talento. No es una labor sencilla y es que ir al sastre tiene que ser una experiencia vestida de lujo, puesto que vas a confeccionar una pieza de auténtico arte a la medida de tu cuerpo. Puede sacar a relucir tu parte más brillante o, por el contrario, ciertos puntos que queremos ocultar. Él lo hace a través de Dolcevita, su propia sastrería donde recibe a clientes de alto nivel.
Es verdad que no sólo hablamos de trajes, y es que el maestro también crea abrigos, camisas, chalecos, pantalones, etc. Escoger un sastre no es nada fácil y a veces lo barato sale caro y viceversa. Muchos dicen que es un servicio costoso… Pero si lo divides en el tiempo que lo vas a usar y que está hecho en exclusiva para tu cuerpo, hacerse un traje es rentable. Una filosofía que se sigue en la sastrería de Vilariño.
En este caso, todo nació de las ganas de una pasión que surge de manera individual. Como bien afirma el experto: «La verdad es que en mi caso no viene de familia, nadie antes que yo se había dedicado a la sastrería ni a nada relacionado con la moda. Pero desde muy joven siempre me llamó muchísimo la atención la estética del Madrid antiguo, ver fotografías de otra época donde la elegancia formaba parte del día a día y el traje tenía un significado especial», afirma.
Su aprendizaje profesional no tiene nada que ver con la industria y nos confiesa: «Aunque estudié ADE, sentía que necesitaba aprender desde abajo y entender bien este mundo, así que empecé trabajando en tiendas de moda. Ahí fue donde realmente comencé a formarme, observando, escuchando y tratando de absorber todo lo posible. Con el tiempo, ese interés se convirtió en vocación. Y a base de trabajo, constancia y respeto por el oficio, fui encontrando mi camino dentro de la sastrería, siempre con una visión muy clásica y con la idea de hacer las cosas bien».
«Para mí, la sastrería no es aburrida, es elegante y atemporal. No busca llamar la atención de forma inmediata, sino transmitir personalidad, seguridad y respeto por uno mismo»
A diferencia del universo femenino de la moda, para muchos la sastrería puede ser simple o aburrida. Es verdad que la creatividad se encuentra limitada a unos patrones básicos, sobre todo en cuanto a trajes se refiere. Dependiendo del corte y la estructura, puede cobrar diferente vida, pero… ¿Realmente la sastrería es aburrida? El sastre confiesa que es una «percepción bastante común», aunque él no la comparte en absoluto. Como bien afirma: «Creo que el mundo del traje clásico es todo lo contrario: es un universo lleno de matices, donde cada detalle cuenta». El diseño perfecto es como un juego y, para que todas las piezas encajen, hay que hacerlo divertido. Hay que jugar con los tejidos, mezclas, detalles, estampados, colores… Hay una infinidad de puntos que hay que tener en cuenta. Básicamente, la simple elección de un botón puede marcar la diferencia. Carlos Vilariño lo deja claro: «Para mí, la sastrería no es aburrida, es elegante y atemporal. No busca llamar la atención de forma inmediata, sino transmitir personalidad, seguridad y respeto por uno mismo», a lo que añade que «al final, es un lenguaje más silencioso, pero también mucho más profundo».
Nos produce curiosidad saber qué es lo que piden los clientes y es que, dentro del riesgo que se puede asumir a la hora de hacer un traje, hay cosas que se solicitan más y otras menos. En la sastrería Dolcevita pasan clientes que son referentes en su campo y quieren algo diferente. Como bien confiesa el sastre: «Más allá de una prenda en sí, lo que la gente viene buscando es una experiencia. Al final, un traje a medida suele estar ligado a un momento importante, y el cliente quiere sentirse bien desde el primer instante. Para mí es fundamental el trato cercano y el tiempo que se le dedica a cada persona. Intento que no solo se lleven un traje, sino también cierto aprendizaje, que entiendan lo que están vistiendo y por qué les favorece». Es crucial individualizar al cliente y escuchar lo que realmente quiere, guiándole y, como matiza Vilariño, «sin imponer, que se sientan cómodos siendo ellos mismos y que el traje acompañe, no que disfrace».
«Lo primero, hay que entender los gustos del clientes y su estilo de vida, para que el traje encaje en el momento necesario»
Nos adentramos más en lo que es hacer un traje a medida y los pasos a seguir son claros. No todo empieza con la cinta métrica y es que antes hay que sentarse y poner las opciones sobre la mesa. Crear una relación entre sastre y cliente es esencial. Como bien afirma Carlos Vilariño, hay que «entender sus gustos y su estilo de vida para que el traje encaje en el momento necesario». Lo mejor (o peor) es cuando vienen con las referencias que les gustan y hay que ordenar las ideas. Algo de lo que se encarga el sastre. “Una vez tenemos clara la dirección, pasamos a la toma de medidas y al diseño del traje en función de todo lo que hemos hablado. A partir de ahí empieza un proceso muy bonito, donde cada detalle se va construyendo con sentido”, afirma.
Ahora llega la tesitura del tipo de traje que queremos. Dos piezas, tres, cruzado… Son diferentes las variedades que se piden y siempre depende de la ocasión. El sastre afirma: «El traje de dos piezas es el más versátil. Funciona en prácticamente cualquier situación, desde el día a día hasta un evento puntual, y suele ser la base del armario de muchos hombres. En cambio, el de tres piezas, con chaleco, ya tiene un punto más especial. Aporta más presencia y suele encajar muy bien en ocasiones importantes, como celebraciones o eventos donde quieres ir un paso más allá sin perder elegancia. Por último, está el traje cruzado, que no es tanto una cuestión de piezas como de actitud. Tiene más carácter, es más contundente y funciona muy bien cuando alguien quiere marcar estilo con cierta seguridad», asegura. Pero todo esto va más allá del diseño y el concepto. Lo esencial es que esté bien asentado y que cumpla con su labor aportando elegancia sobre la anatomía masculina.
Delgados, con curvas o con proporciones desiguales, son varios los cuerpos que hay que vestir y el papel principal de la sastrería a medida es sacar el máximo partido a la persona. Vilariño nos afirma que «se trata de que cada cliente luzca el traje que siempre ha querido, de la manera más natural y elegante posible», a lo que además añade que “es importante que el traje se adapte al cliente y no al contrario”.
«No creo que exista un único traje perfecto, porque cada persona, ocasión y estilo son distintos. Pero si tuviera que quedarme con uno, optaría por un traje de tres piezas en azul noche»
Por último, aquí no hay una fórmula declarada, pero siempre hemos querido saber cuál es el traje perfecto. El propietario de la sastrería Dolcevita lo tiene claro: «No creo que exista un único traje perfecto, porque cada persona, ocasión y estilo son distintos. Pero si tuviera que quedarme con uno, optaría por un traje de tres piezas en azul noche. Es un clásico atemporal, versátil y elegante, y además permite ser usado en distintas ocasiones sin perder presencia. Para mí, reúne lo mejor de la tradición sartorial y la practicidad que hoy buscamos, y refleja esa idea de que un buen traje no solo se lleva, sino que acompaña y habla por quien lo viste».
En la teoría puede parecer sencillo hacer un traje, pero realmente requiere de decenas de pasos por medio, que tienen que llevar a la vida un boceto. Mirando el trabajo de Carlos Vilariño, vemos que lo suyo es talento natural y, además, consigue aportar un toque moderno a lo clásico y sus trajes pueden enfundarse perfectamente, como si fueran una segunda piel.