La psicología detrás del ‘trend 2016’: «El pasado nos parece más seguro, fue un año de menos desastres»
Los trends en redes sociales ya forman parte de nuestra vida, hasta el punto en que a través de ello podemos ver qué está sucediendo con nuestra sociedad. Este 2026 inició con uno de esos que nos hacen echar una vista al pasado: miles de personas subiendo fotos de hace 10 años con la idea de hacer que el 2026 sea el nuevo 2016. Lejos de quedarse en un conjunto de vídeos en el repositorio de nuestro feed de Instagram, gracias a este trend ha salido a la luz una realidad: que compramos como en aquellos años. Adrián Márquez, psicólogo y fundador de Unasenda, señala que este patrón tiene que ver con ese sentimiento de «yo viví ese momento» y hemos desgranado el porqué de esta tendencia y su origen.
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«Parece que la nostalgia nos regula psicológicamente: el pasado nos parece más tranquilo y seguro»
Volvemos a donde fuimos felices. La prueba más evidente es la incesante necesidad de volver a ese momento del 2016, pero para Adrián Márquez, este movimiento no es algo exclusivo de este fenómeno de redes sociales. «Parece que la nostalgia nos regula psicológicamente: el pasado nos parece más tranquilo y seguro. Y esto no es algo de ahora, ni creo que vaya a desaparecer con este fenómeno. La nostalgia nos ha acompañado durante mucho tiempo, desde movimientos como el arte de píxel o la música vaporwave«, subraya como ejemplo.
¿Qué pasó en 2016 para que todos queramos volver?
«Era un momento de explosión creativa, en el que la repetición no se valoraba tanto como ahora. Hoy parece que tenemos que adaptarnos más al algoritmo para conseguir visibilidad»
2016 fue un año interesante para la moda y el desencadenante de ese revival de estéticas pasadas. Volvieron complementos como las mini mochilas, el denim por el denim… Concluyendo en una mezcla entre minimalismo y mestizaje con épocas pasadas. «Era un momento de explosión creativa, en el que la repetición no se valoraba tanto como ahora. Hoy parece que tenemos que adaptarnos más al algoritmo para conseguir visibilidad», subraya Adrián Márquez.
Una mezcla entre old money y esos guiños a los 90 que definieron y siguen marcando el patrón estético del street style. En todo lo que definía la estética, porque si nos asomamos a ver cómo era el maquillaje podemos indagar entre portadas de revistas que nos hablaban de las mismas tendencias que hoy en día: maquillaje natural con glow, labios nude o rosas pastel y el cabello natural, sin artificios ni tintes, con ondas suaves y cortes bob.
Influye a nivel psicológico también el momento sociopolítico del momento. Volvemos en 2016 a una época de menos incertidumbre, crisis, desastres globales. Nos recuerda a un momento donde «todo parecía estar mejor».
«El futuro se percibe como incierto. En cambio, el pasado ya es conocido. Si lo recordamos de forma idealizada, se recuerda con felicidad»
«Si la oferta se ajusta a la psicología de la gente, tiene sentido que quieran vender momentos en los que nos sentíamos más tranquilos. Vender futuro también podría tener sentido, pero ahora mismo el futuro se percibe como incierto; hay un ambiente generalizado de hostilidad hacia lo que viene. En cambio, el pasado ya es conocido. Si lo recordamos de forma idealizada, se recuerda con felicidad, ternura y momentos de menor exigencia», subraya Adrián Márquez.
Nostalgia: la nueva herramienta comercial
«Las marcas no venden producto en sí, sino que están empezando a vender en torno a la psicología de las personas»
Parece que la nostalgia es un estructurante del consumo actual, y puede que no se acabe con este trend, sino que se convierta en algo que nos viene acompañando desde hace mucho tiempo. En la moda, por ejemplo, Adrián Márquez apunta que la nostalgia se ha convertido en objeto de las nuevas campañas comerciales de las grandes marcas. «Las marcas no venden producto en sí, sino que están empezando a vender en torno a la psicología de las personas», apunta.
Todas estas teorías también se apoyan en una base científica. En psicología del consumidor, neurociencia y marketing se estudia cómo la nostalgia es capaz de activar un estímulo que nos hace atravesar todo lo que en nuestra infancia nos hizo felices. Este atajo hace que las marcas no tengan que llevar a cabo ese trabajo correspondiente a la figura del marketing, de seducción hacia la prenda: es nuestro propio cerebro quien cae una y otra vez en el estímulo.
La doctora Krystine Bathco recogió esta teoría en su estudio Nostalgia Inventory, que concluyó cómo los recuerdos infantiles generan seguridad psicológica, lo que baja defensas cognitivas. Los estímulos nostálgicos activan memoria autobiográfica y sistemas de recompensa, reduciendo la evaluación crítica y facilitando decisiones de consumo automáticas.
Y todo ello se apoya también en la teoría del imprinting, desarrollada por Holbrook & Schindler (1989–2003). Básicamente defiende que los gustos duraderos se fijan entre los ocho y los diez años y que por eso preferimos culturalmente volver a lo que nos marcó durante esa época.
Siempre es más fácil entender las cosas con ejemplos, así que vamos a dejar que la filmografía nos ayude a corroborar esta teoría. Quienes hayan visto la película de Antes de ti seguramente tendrán todavía en la memoria la escena donde Louisa Clark (Emilia Clarke) celebra su cumpleaños y recibe los regalos. El personaje recibe de Patrik (Matthew Lewis) un reloj de última tecnología y, sin embargo, lo que desata una oleada emocional son unas medias de rayas amarillas y negras que recibe de William Traynor (Sam Claflin).
¿Eran las medias mejores que el reloj? Indudablemente, no, pero sí que tenían ese elemento emocional que llevaban al personaje a acordarse de su infancia. Mismo patrón, diferente contexto: esto vemos hoy en día en la moda.
«Las marcas utilizan los recuerdos positivos pasados para recrear y fortalecer las relaciones entre ellas y el consumidor»
Un reciente estudio liderado por la Universidad Complutense de Madrid (en el que también participa Joan Francesc Fondevila-Gascón de la Universitat Ramon Llull y que fue publicado en European Public & Social Innovation Review) nos da ciertas pistas sobre cómo actúa la nostalgia en la relación marca-consumidor y qué tipo de perfiles son los más susceptibles a este patrón.
Una de las grandes conclusiones es que la nostalgia es una herramienta eficaz de comunicación y marketing. «Las marcas utilizan los recuerdos positivos pasados para recrear y fortalecer las relaciones entre ellas y el consumidor al generar vínculos emocionales con sus consumidores lo que supone una diferenciación en los actuales mercados altamente saturados», señala Almudena Barrientos-Báez, investigadora del Departamento de Teorías y Análisis de la Comunicación de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.
«La generación X entiende la nostalgia como algo positivo, la experimentan casi semanalmente»
Adrián Márquez coincide en esta afirmación y en el hecho de que «vender el pasado responde a una especie de seguridad, a momentos de tranquilidad al recordar lo que ella fue. Con esto, lo que hacen las marcas es vender seguridad, vender momentos felices, momentos de menor exigencia, más creatividad, más juego… mientras que lo que viene, lo nuevo, pinta más irregular».
Esta herramienta presenta un patrón generacional en el sentimiento y el canal por el que activan esta nostalgia. «Mientras que las generaciones más jóvenes (generación Z o millenials), podían considerar la nostalgia como algo positivo o agridulce y a la música y a las series como los desencadenantes que más nostalgia les provocan, la generación X resalta que entiende la nostalgia como algo positivo, la experimentan casi semanalmente y las imágenes y objetos físicos eran unos de los mayores desencadenantes», apunta el estudio.
Vuelta a la moda de los 2000
Podremos haber leído centenas de críticas a los pantalones de tiro bajo y, seguramente, si fuiste de quienes cayó en esa tendencia, viendo fotos de hace diez años seguramente te llevaría un sentimiento de vergüenza ajena y humor. Y, aún así, uno de los looks más aclamados de Magot Robbie de sus últimas apariciones tiene como protagonista este estilo. Es más, los bumster pants (o los pantalones de tiro bajo, bajísimo) llevan desde 2023 amenazando con volver a ser una clave fundamental de la moda. Y cómo esta tendencia, otras tantas que están cambiando los patrones de consumo en esta industria.
Recientemente un estudio de Klarna, el banco digital global y proveedor de pagos flexibles, revelaba que diez años después, prendas y objetos asociados con los iconos del 2016 han vuelto para reconectar con esa estética. La prenda más demandada: la silueta denim de cintura alta, con un incremento del 132 %, así como los accesorios de festival, que han visto incrementar sus ventas en un 103 %. Hay prendas que no nos sorprende ver en este listado, como las sudaderas oversize (con un aumento del 85%) o las camisetas de rayas (aumento del 71%). Pero hay otros que, aunque su dudoso estilo en esos años se atisbaba como la crónica de una muerte anunciada, han vuelto a imponerse.
Las gafas de montura transparente, por ejemplo, parecían haber quedado en el olvido con el furor de las gafas pasta del movimiento hipster y, sin embargo, este artículo ha aumentado sus ventas en un 43%, según la plataforma. No contentos, se convirtieron en uno de los complementos imprescindibles de la temporada de verano 2025.
¿Y qué hay de los bolsos tipo cubo o las botas altas? Las creíamos olvidadas hasta que Miuccia Prada y Raf Simons decidieron traer de vuelta piezas con silueta bucket para los bolsos y los gurús de la moda dejaron claro que las botas over the knee volvían a ser la clave del estilo boho que está dictaminando los patrones del street style.