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Tras el accidente de Carolyn y J.F. Kennedy Jr., la maldición volvió a golpear a la siguiente generación

Kennedy
(Foto: Getty)
Ana Márquez
  • Ana Márquez
  • Mi sueño era convertir mi pasión en profesión, y lo conseguí. En cuanto terminé la carrera de periodismo entré en el mundo editorial y no he parado de escribir sobre moda, belleza, cine y estilo de vida para importantes cabeceras como COOLthelifestyle. Me encanta aprender y enseñar, tanto que soy docente de Periodismo Digital y Redes Sociales en Condé Nast College. Y como curiosidad, añadir que soy imagen de una crema facial de una conocida marca y es posible que me encuentres en algún 'beauty stand'.
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El estreno de Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette ha vuelto a colocar a la familia más icónica de Estados Unidos en el centro del foco. La serie reconstruye la historia de amor magnética y trágica entre John y Carolyn, dos herederos de Camelot que simbolizaron elegancia y destino fatal. También nos permite asomarnos a los últimos días de Jacqueline Kennedy Onassis y a la relación con sus hijos, especialmente con John F. Kennedy Jr. y su hermana Caroline Kennedy.

Pero si algo deja claro la serie es que el linaje de John y Carolyn se detuvo con ellos. La pareja murió en el accidente aéreo de 1999 sin dejar descendencia. El futuro biológico de la saga recayó, por tanto, en Caroline, la única hija del presidente que formó su propia familia. Una rama que, sin embargo, tampoco ha escapado del infortunio: su hija Tatiana falleció prematuramente a los 35 años, reavivando la sombra trágica que históricamente ha acompañado al apellido Kennedy.

Caroline Kennedy (68), hoy una figura respetada en la diplomacia y la cultura estadounidense, se casó con el diseñador y artista Edwin Schlossberg. De su matrimonio nacieron tres hijos: Rose, Tatiana y John Bouvier (conocido como Jack), los únicos nietos del presidente John F. Kennedy.

A diferencia del dramatismo que siempre rodeó a sus tíos y abuelos, la vida de los Schlossberg ha estado marcada por la discreción, la educación elitista y una voluntad clara de construir identidades propias más allá del apellido.

En 2014, en un vídeo con motivo del Día de la Madre, Caroline reflexionaba sobre el peso del legado familiar y la responsabilidad de transmitir valores a la siguiente generación. Su mensaje dejaba entrever el delicado equilibrio entre historia y normalidad que siempre ha caracterizado a los Kennedy supervivientes. 

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Rose, Tatiana y Jack en la Democratic Nactional Convention de 2008. (Foto: Getty)

Rose Kennedy Schlossberg: la creativa

La primogénita, Rose, lleva el nombre de su bisabuela, matriarca del clan. Fue la única de los tres hermanos que disfrutó de largos periodos junto a Jackie antes de su fallecimiento en 1994, un vínculo que marcó su sensibilidad cultural.

Su formación fue impecable: pasó por la Brearley School de Nueva York, estudió literatura inglesa en Harvard y completó estudios de producción audiovisual. Ha trabajado como editora, productora y guionista, participando en proyectos documentales de gran repercusión.

En lo personal, Rose ha optado por un perfil bajo. Vive en California y ha construido una vida alejada del ruido político que siempre persigue a su apellido, demostrando que el legado Kennedy también puede expresarse desde la cultura y la creación.

Tatiana Schlossberg: la periodista comprometida

Tatiana, historiadora formada en Yale, desarrolló una sólida carrera como periodista y ensayista. Escribió para medios de referencia como The New York Times, The Washington Post o Vanity Fair, abordando temas de medioambiente, política y sociedad.

En un acto conmemorativo del centenario del nacimiento de su abuelo, confesó que una de las relaciones más importantes de su vida era con alguien a quien nunca conoció: el presidente Kennedy. Decía sentirse conectada a él a través del estudio de la historia, disciplina que ambos compartían como pasión. «Una de las relaciones más importantes de mi vida es con alguien a quien nunca he conocido: mi abuelo, el presidente John Fitzgerald Kennedy», dijo entonces.

Hace unos meses, su fallecimiento a los 35 años, tras una dura lucha contra un cáncer terminal anunciada apenas un mes antes, conmocionó al entorno familiar y mediático. Su muerte reavivó esa sensación de destino trágico que parece perseguir al apellido Kennedy desde hace décadas.

Casada desde 2017 y madre de un hijo, Tatiana representaba la vertiente más reflexiva y académica del clan. Su desaparición deja un vacío generacional difícil de llenar.

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Jack junto a su madre Rose. (Foto: Getty)

Jack Schlossberg: el más mediático

El benjamín, Jack, es quien ha asumido con mayor naturalidad el peso público del apellido. Graduado en Derecho, ha mostrado interés por la política y ha apoyado activamente campañas demócratas recientes.

En redes sociales combina ironía, crítica política y humo. Ha defendido con contundencia el legado demócrata de su abuelo y no ha dudado en marcar distancias con familiares que han tomado rumbos ideológicos distintos. Antes del estreno de la serie, acusó al productor de ésta, Ryan Murphy, de ganar millones a costa de su familia.

Su estilo desenfadado contrasta con la solemnidad histórica del apellido, pero demuestra que la nueva generación Kennedy entiende la influencia pública en clave contemporánea: redes, memes y posicionamientos claros.

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Homenaje a John y Carolyn tras su trágica muerte. (Foto: Getty)

La fuerza del apellido: entre mito y realidad

La familia Kennedy representa mucho más que una saga política. Es un símbolo cultural. El mito de Camelot (esa era idealizada asociada a la presidencia de John F. Kennedy) sigue vivo en el imaginario colectivo estadounidense. La belleza de Jackie, el magnetismo de John Jr., la elegancia de Carolyn Bessette y las tragedias encadenadas han alimentado una narrativa casi literaria.

Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette revive precisamente ese magnetismo fatal: la pareja dorada que parecía destinada a reinar en la vida pública y cuya historia terminó abruptamente. La serie subraya que no hubo tiempo para hijos, para continuidad, para un después. Ese después recae hoy en los Schlossberg.

Rose, Tatiana y Jack han crecido sabiendo que pertenecen a una dinastía que marcó el siglo XX. La pregunta que siempre flota es la misma: ¿puede alguien escapar realmente del mito Kennedy?