Julián Porras-Figueróa, marido de Olivia de Borbón: «De novios me presentó a Armani y lancé mi marca»
Julián Porras-Figueroa nos recibe en un encantador piso de Madrid. «Trae las chaquetas, aquí podemos hacer un vídeo perfecto con la nueva que hemos sacado», dice a su secretaria en una llamada telefónica. Su cabeza siempre tiene esa luz de alarma encendida para sacar un spot, un ápice de inspiración o para revisar que todo quede perfecto en cada momento. No es para menos: lo que hoy nos atrae a esta conversación es hablar sobre su último proyecto empresarial, la firma de sastrería a medida Black Roan. Divagando entre anécdotas, el papel de la sastrería en la moda actual y el papel que su mujer Olivia de Borbón, Duquesa de Sevilla, ha desempeñado en su visión de la moda.
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Nacido en Ciudad Real y criado en Madrid, Julián Porras-Figueroa estudió Dirección de Empresas y Marketing y desarrolló su carrera profesional en la empresa familiar, compañías del ocio, marketing y comunicación y también hizo sus proyectos dentro del sector inmobiliario y el interiorismo. Donde ya no desempeña labor profesional, «ahora lo sigo haciendo, pero desde la gestión de mi patrimonio familiar», nos confiesa. Apasionado y autodidacta, escribió un libro denominado Viviendo y cazando desde otro prisma cuyos beneficios fueron destinados a la Fundación Fernández-Vega, destinada a la enfermedad de Stargardt, una enfermedad degenerativa de la vista que él mismo padece.
Y aún siendo gran defensor de la reinvención personal, hubo un campo al que siempre miró de reojo pero que nunca llegó a indagar (hasta ahora): la moda. «Yo he estado siempre muy vinculado al mundo de la moda y siempre ha sido mi gran pasión», confiesa. Así recuerda cómo a lo largo de su vida ha conocido a muchos amigos que tienen marcas de ropa, amigos sastres «y, bueno, uno intenta absorber toda esa energía que me ha entusiasmado». Pero la mención especial se la deja para el final, dando paso a una figura que ha ejercido a la vez de musa, compañera y apoyo; «Olivia de Borbón, mi mujer con la que me casé hace 12 años».
«Le dije (a Giorgio Armani) que me encantaría algún día montar una marca de moda y me dijo ‘sigue tu instinto, confía en ti y lo conseguirás’«.
«Olivia lleva vinculada en el mundo de la moda 30 años de su vida. Ella siempre es mi gran apoyo, es mi gran inspiración, también porque es una persona con un gusto extremadamente infinito, exquisito y siempre contar con su última palabra es vital e importantísimo para mí. Cuando estoy bloqueado, siempre tiene una frase perfecta para desbloquear, desarticular cualquier enfrentamiento mental que tenga». Con ella recuerda una de esas anécdotas que le acercaron un poco más a su sueño de dar forma a día de hoy a Black Roan.
«Nunca olvidaré en 2013, cuando aún era novio de Olivia y llevaba sólo 3 meses, y conocí a Giorgio Armani». Todo surgió cuando un día Olivia de Borbón le dijo: «Vamos a Milán que me han invitado a un desfile», cuenta Julián. «La había invitado Roberta Armani, sobrina de Giorgio y quien creo que va a heredar todo el imperio. Llegamos a Milán, estuvimos en el hotel Armani, de ahí nos escoltaron hasta el Teatro Armani para estar en el desfile en las primeras filas. Luego, ya cuando se va a todo el mundo, pasamos al backstage y bueno, tuve ahí una conversación en mi spaninglish con Giorgio Armani».
Todavía recuerda de esa conversación las palabras de un referente de la industria de la moda: «Le dije que me encantaría algún día montar una marca de moda y me dijo «sigue tu instinto, confía en ti y lo conseguirás«».
«Beatriz von Hardenberg ayudó a traer Vogue en los años 80 y, el tiempo que estuve con ella hasta que falleció, pude impregnarne de ese romanticismo, de esos diseños, de esos vestidos y trajes de alta costura de los mejores diseñadores del mundo»
Al igual que su madre, la princesa Beatriz von Hardenberg. «Era muy excéntrica, con una clase innata y con raza. Es muy difícil encontrarte hoy por la calle personas con raza y mi suegra era única». Su estilo dejó mella en la forma en la que Julián moldeó la imagen de la moda femenina, explica: «Verla cómo vestía, cómo mezclaba una blazer con un pantalón que no tenía nada que ver, pero que combinaba, la verdad es que me fascinaba».
Por eso (y tantas otras cosas) Julián se refiere a ella como un icono en este mundo. «Ayudó a traer Vogue en los años 80 y el tiempo que estuve con ella hasta que falleció, me he podido impregnar de ese romanticismo, de esos diseños, de esos vestidos y trajes de alta costura de los mejores diseñadores del mundo». Resumiendo: que en su vida no han faltado referentes e inspiración..
Black Roan, un proyecto hacia la sastrería auténtica
«Olivia es mi gran apoyo, es mi gran inspiración, también porque es una persona con un gusto extremadamente infinito, exquisito y siempre contar con su última palabra es vital e importantísimo para mí»
«Este era mi sueño romántico, pero me faltaba un eslabón super importante», espeta Porras-Figueroa. «Yo sé lo que me gusta, mi estética, sé lo que quiero mostrar a las personas, pero me faltaba la parte técnica«. Aquí sería cuando la llegada de su socio (a quien cariñosamente Julián se refiere como su hermano, a quien conoció en el colegio, Fernando Suarez Garzón, quien daría estructura y proyección al futuro de Black Roan. «Él es la cuarta generación de sastres. Su bisabuelo abrió la primera sastrería en 1914».
«Quiero llegar a hacer feliz a las personas que se pongan un traje o una chaqueta nuestra»
De aquí, una cena entre amigos y una chispa de creatividad compartida sembraron la idea de crear Black Roan. «Un día llegué a Madrid y quedamos porque venía él de México, pedimos un sushi, empezamos a hablar y me dijo él: oye, ¿y si montamos algo?». Lo que te quiero decir con esto es que llegamos a un momento de madurez y de sinergias y llegamos a la conclusión de que era el momento. Él es lo mejor que le ha podido pasar a Black Roan».
Así compaginan Black Roan desde los dos puntos: Julián actuando como la cara visible de la marca a través de las redes y Fernando como esa «parte imprescindible» que hace llegar a los clientes el producto deseado. Hoy, esta firma se define a través de su estética: elegante, pulida, reconocible bajo tintes que oscilan entre lo clásico y lo actual. Sin olvidar la pura definición de la sastrería, que con el foco puesto en la sastrería y en el respeto a cada pieza. Con poco más de 6 meses de andadura, ya han confeccionado más de 200 piezas «de momento, para gente cercana, contactos del boca a boca y algún que otro cliente que nos llega a través de las redes sociales», apunta Julián.
Por el momento, nos explica que su núcleo de clientes «es un cliente de poder adquisitivo alto, que quiere ir diferente al resto. Quiere identificarse de una manera diferente en el sentido de ser diferente, ir diferente y donde la gente pueda apreciar al ir por la calle que va con un traje a medida».
De momento, la tienda solo está disponible a través de redes sociales y están trabajando en desarrollar una página web para llegar a un público más amplio. Claro que si preguntamos al Duque consorte de Sevilla por su objetivo a corto plazo, no duda en afirmar que sería ver la tienda Black Roan en un punto físico en Madrid. «Tendríamos la sección de sastrería con partes diferentes. Con una zona de esmoquin y frac, otra de campo, otra zona que sea de fiesta. Y luego tener una parte que sea de confección, porque al final es una parte importante y no hay que hacerla de menos».
«La austriaca es mi prenda fetiche, pero le he dado una vuelta más fresca, y colorida»
Por eso vuelven una y otra vez al taller para dar un aire fresco a prendas clásicas. Porque si a Julián le preguntas por un imprescindible para el armario, lo tiene claro: «La austriaca es mi prenda fetiche, pero le he dado una vuelta más fresca, y colorida. Con matices diferentes para que no sea la típica austriaca que sólo es para ir al campo. Creo que es tan versátil: puede ir con zapatos, con zapatillas, con unos jeans, con un pantalón de vestir. Puedes ir con una camisa, incluso te diré que con una camiseta: si tú vas con una austriaca encima, siempre vas a ir elegante».
Siempre buscando la perfección, porque hay una frase que Julián nos reconoce que vuelve una y otra vez a su imaginario y que se aplica tanto en su vida personal como en los negocios: Lo único que diferencia a iguales es la ejemplaridad. Entonces, explica, «tú puedes ser ejemplar como persona o en el trabajo, pero también al vestir. Yo no me considero referente ni conocido de nadie, aunque algunos me pongan en esa tesitura. Pero si en algo puedo aportar a quien me vea los vídeos o a un cliente que se siente conmigo es en hacer una prenda. Darles una austriaca, una chaqueta fascinante… Eso me encanta. Quiero llegar a hacer feliz a las personas que se pongan un traje o una chaqueta nuestra».
Momento de la sastrería actual
«La referencia en España era Jaime Gallo y desde que falleció, la atención por la sastrería parece haber acabado»
Black Roan llega en un momento de reivindicación activa del traje dentro del contexto nacional de la moda. Y cuando preguntamos sobre ello a Julián Porras-Figueroa, su sentencia es clara: «Ya no hay sastrería como la que había en España». «Yo creo que la referencia en España era Jaime Gallo y desde que falleció, la atención por la sastrería parece haber acabado». Apunta hacia la falta de talento joven en el oficio, de propuestas que vuelvan a poner en valor este trabajo y estas piezas para volver a hacer emerger el arte de la sastrería auténtica.
«Nosotros de alguna manera estamos intentando darle esa vuelta a las prendas, a los tejidos. Trabajamos con los mejores tejidos del mundo: escoceses, italianos, ingleses… Nos hemos querido posicionar en un nivel top para llegar a la excelencia, que es mi máximo objetivo», explica. Y eso requiere atención.
Hablamos de sastrería y surge sobre la mesa el aspecto más diferencial de esta profesión: la experiencia del cliente. Julián Porras-Figueroa defiende que no se puede entender un traje sin tener en cuenta el proyecto conjunto entre sastre y cliente que se genera en cada experiencia. «Va todo con cita previa, totalmente personalizada donde tanto Fernando como yo le damos la exclusividad a ese momento para aconsejarle y hacer la prenda que mejor quede». Además de la paciencia, pues lejos de la inmediatez del momento de compra del fast fashion, hacer un traje a medida requiere entre 5 o 6 meses entre pruebas y retoques.
Seguido de la exclusividad, «aquí se encuentra la mayor diferencia entre sastrería y confección industrial», explica Porras-Figueroa, «en que nadie va a llevar ni él mismo tejido, ni el mismo corte ni, por supuesto, la misma prenda que tú». Desarrollando una cadena que comienza «con la primera vez que Fernando coge el metro y termina con el cliente luciendo una prenda perfectamente hecha para él o ella».