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David Fernández Polo sobre cómo la IA está transformando la cosmética: «Menos pruebas, más acierto»

David Fernández Polo sobre cómo la IA está transformando la cosmética: «Menos pruebas, más acierto»
(Foto: COOLthelifestyle)
Rocío Álvarez
  • Rocío Álvarez
  • Periodista multimedia especializada en belleza, viajes y estilo de vida. Durante mis años de vida, la lectura se ha convertido en una compañera fiel y gracias a ella descubrí mi vocación: crear y transmitir a través de las palabras. Con esta convicción me matriculé para cursar Periodismo en la Carlos III y después de años formándome encuentro mi sitio en el mundo: COOL. ¿Mi ley de vida? Nunca desistas, porque el día que lo hagas siempre pensarás en lo que podría haber sido.
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La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una herramienta tangible que ya está redefiniendo múltiples industrias. La cosmética, tradicionalmente asociada a la investigación paciente, los ensayos prolongados y la intuición científica, vive ahora una transformación silenciosa pero profunda. Para entender hasta qué punto este cambio es real, y no sólo un discurso de marketing, hablamos con David Fernández Polo, Skincare Educator de Paula’s Choice España, quien aporta una visión clara, didáctica y basada en la ciencia sobre cómo la IA está modificando la forma en que se diseñan ingredientes, se entienden los procesos cutáneos y se proyecta el futuro de la belleza.

Cómo la IA está transformando la cosmética

«La IA permite analizar grandes volúmenes de datos sobre secuencias de aminoácidos, comportamiento celular y procesos relacionados con el envejecimiento cutáneo».

Durante décadas, el desarrollo de ingredientes cosméticos ha sido un proceso largo, casi artesanal, en el que la experimentación jugaba un papel central. «Tradicionalmente, el desarrollo de ingredientes como los péptidos se basaba en procesos largos de ensayo y error», explica Fernández. Y no es para menos: estas pequeñas cadenas de aminoácidos, capaces de influir en la producción de colágeno, la elastina o la renovación celular, ofrecen un universo prácticamente infinito de combinaciones.

«Dado que existen más de 20 aminoácidos diferentes, las posibles combinaciones para formar un péptido son enormes», detalla. Cada secuencia puede interactuar de forma distinta con la piel, generando efectos específicos que, hasta ahora, sólo podían descubrirse tras múltiples pruebas en laboratorio.

La irrupción de la inteligencia artificial cambia radicalmente este escenario. «La IA permite analizar grandes volúmenes de datos sobre secuencias de aminoácidos, comportamiento celular y procesos relacionados con el envejecimiento cutáneo», afirma. Esto se traduce en una capacidad inédita: predecir qué combinaciones tienen más probabilidades de funcionar antes incluso de ser sintetizadas.

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(Foto: Canva)

Más rapidez, pero también más precisión

«No sólo permite acelerar el proceso de descubrimiento, sino también hacerlo más preciso».

No se trata solo de hacer las cosas más rápido, sino de hacerlas mejor. Fernández insiste en que uno de los grandes aportes de la IA es la precisión. «No sólo permite acelerar el proceso de descubrimiento, sino también hacerlo más preciso», señala. Al trabajar con modelos predictivos basados en datos biológicos y moleculares, la investigación se vuelve más dirigida.

Esto implica un cambio estratégico: en lugar de probar cientos de opciones, los científicos pueden centrarse en las más prometedoras desde el inicio. «Permite concentrar los experimentos en las opciones más prometedoras, reduciendo la dependencia de procesos largos de ensayo y error», añade.

El resultado es un desarrollo de activos más eficiente, optimizando tanto los tiempos como los recursos, sin perder rigor científico.

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(Foto: Canva)

La validación sigue siendo humana

«La inteligencia artificial actúa como una herramienta que optimiza la investigación, pero el desarrollo final sigue estando respaldado por procesos de validación científica».

A pesar del entusiasmo que rodea a la inteligencia artificial, Fernández subraya un punto clave: la IA no sustituye al método científico. «Estas predicciones deben confirmarse posteriormente mediante pruebas experimentales», aclara.

El proceso sigue teniendo una fase imprescindible de validación en laboratorio. Una vez identificadas las secuencias más interesantes, estas se desarrollan y se someten a estudios que confirmen su eficacia real en la piel. «La inteligencia artificial actúa como una herramienta que optimiza la investigación, pero el desarrollo final sigue estando respaldado por procesos de validación científica».

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(Foto: Canva)

Longevidad cutánea: el nuevo paradigma

Más allá del desarrollo de ingredientes, la IA también está contribuyendo a cambiar el enfoque mismo de la cosmética. Ya no se trata únicamente de corregir arrugas o manchas, sino de intervenir en los mecanismos que determinan cómo envejece la piel.

«La longevidad cutánea consiste en ayudar a nuestra piel a mantenerse sana, funcional y con aspecto rejuvenecido durante más tiempo», explica Fernández. Es un concepto que va mucho más allá de la estética superficial.

Con el paso del tiempo, las células pierden energía, disminuye su capacidad de reparación y la comunicación entre ellas se vuelve menos eficiente. «La cosmética de la longevidad busca apoyar estos mecanismos para que la piel conserve su vitalidad y su equilibrio durante más tiempo», señala.

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(Foto: Canva)

De tratar signos a intervenir en procesos

La investigación en envejecimiento ha permitido entender mejor lo que ocurre dentro de nuestras células. Factores como la inflamación, la energía celular o la capacidad de regeneración tienen un impacto directo en el estado de la piel.

«Cada vez más fórmulas cosméticas se orientan a apoyar estos procesos celulares, no sólo a mejorar los signos visibles», afirma. Es aquí donde la IA juega un papel fundamental, al permitir diseñar ingredientes que actúan de forma más específica sobre estos mecanismos.

La frontera entre prevención y corrección también se difumina. «La longevidad combina ambos enfoques», explica Fernández. Mientras que antes los productos actuaban cuando los signos ya eran visibles, ahora se busca mantener la piel en un estado óptimo desde etapas más tempranas.

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(Foto: Canva)

Cosmética inteligente y personalización

Uno de los grandes interrogantes del sector es la personalización. Aunque aún no estamos en un punto donde cada consumidor tenga una fórmula completamente a medida, la IA abre la puerta a ese escenario.

La posibilidad de analizar grandes volúmenes de datos, desde características de la piel hasta hábitos o factores ambientales, permite imaginar diagnósticos mucho más precisos. Esto podría traducirse, en el futuro, en recomendaciones altamente personalizadas e incluso en productos adaptados a cada perfil cutáneo.

Además, esta tecnología también puede ayudar a entender mejor cómo reacciona cada tipo de piel, anticipando respuestas y optimizando rutinas de cuidado.

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(Foto: Canva)

Ética, transparencia y confianza

«La evidencia científica y la transparencia sobre el proceso de desarrollo son fundamentales».

Como ocurre en otros ámbitos, la inteligencia artificial también genera ciertas reticencias. En el caso de la cosmética, la preocupación se centra en la seguridad y la veracidad de los claims.

Fernández insiste en la importancia de la transparencia. «Una innovación real suele estar respaldada por investigación científica, desarrollo de ingredientes específicos y pruebas que avalen sus resultados». En el caso de la IA, el valor diferencial reside en su capacidad de diseñar estructuras más precisas, pero siempre con respaldo científico.

Para el consumidor, la clave está en saber distinguir entre una tendencia y una innovación real. «La evidencia científica y la transparencia sobre el proceso de desarrollo son fundamentales», subraya.

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(Foto: Canva)

Mirando al futuro

La pregunta inevitable es cómo será la cosmética dentro de una década. Aunque Fernández no se aventura a hacer predicciones tajantes, sí deja entrever una dirección clara: ingredientes más precisos, procesos más eficientes y una integración cada vez mayor entre tecnología y biología.

La posibilidad de que la IA diseñe activos de forma prácticamente autónoma no parece descabellada, aunque siempre con supervisión científica. Y en cuanto a la democratización, el escenario sigue abierto: esta tecnología podría hacer más accesibles ciertos avances, pero también elevar el nivel de sofisticación de la alta cosmética.