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Claves para cuidar la piel en la nieve con expertas: «Fórmulas biomiméticas, pausa cosmética e hidratación»

(Foto: Pexels)

A través del skincare proporcionamos el cuidado y la protección exacta que la piel necesita en cada momento del año. Ya sabemos que estas necesidades nunca son las mismas:  durante el año, encontramos que la climatología también expone a la piel a unos extremos que pueden dañar fuertemente su salud. Ahora que viene la temporada de pasar los fines de semana en la nieve, conviene apuntar cuáles serán estas formulaciones y estos ingredientes que nos ayudarán a prevenir el daño.

El invierno es una de las estaciones donde más llevamos la piel a los límites. Los constantes contrastes de temperaturas al pasar del frío al calor, el viento, las lluvias, el roce de las bufandas… y la nieve. Factores que cambian en cada lugar del territorio.

En España, sin ir más lejos, la climatología hace que en cada región los factores ambientales afectan de forma diferente. No es lo mismo en sitios más secos y con menos lluvias, donde la contaminación será mayor y la limpieza nocturna se vuelve fundamental, que en zonas más lluviosas, donde la piel puede respirar un poco mejor. 

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No hay que confundir: el frío no es malo. De hecho, hay terapias que utilizan su poder para proporcionar grandes beneficios a la piel. Pero, como todo, siempre es perjudicial si se expone de manera desmesurada. El frío provoca vasoconstricción en los capilares, lo que reduce el riego sanguíneo y hace que la piel no reciba los nutrientes necesarios. Además, ralentiza el proceso de regeneración celular que da lugar mientras descansamos.

«El frío reduce la actividad enzimática necesaria para una correcta maduración y se enlentece la renovación epidérmica, lo que explica la sensación de aspereza, tirantez y la peor tolerancia a cosméticos y maquillaje durante los meses de invierno», explica la Dra. Rodríguez-Villa, Especialista en Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología, de IMR.

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A este contexto se suma el uso continuado de maquillaje y la exposición prolongada a ambientes cerrados con calefacción: «Las bajas temperaturas y la calefacción disminuyen la producción y correcta organización de los lípidos a nivel de la capa más superficial de la piel, la epidermis, especialmente ceramidas, colesterol y ácidos grasos, que forman el llamado cemento intercelular».

Como consecuencia, la doctora subraya que la piel «se reseca aún más la superficie cutánea y se favorece una inflamación subclínica persistente. Lo que vemos en consulta es el resultado es una piel aparentemente intacta, pero funcionalmente alterada, con mayor sensibilidad y menor capacidad de defensa».

Adapta tu rutina

Si en verano nos ponemos aún más insistentes con determinados pasos, como el protector solar, ahora que la nieve está asentado y que los fines de semana pasan a dejar el plan a los días de esquí, toca abrir el neceser y reformular en cierta medida los pasos. Y, por sorprendente que parezca, el protector es uno de los pasos que sí o sí deben formar parte en la rutina.

Èlia Torroella, farmacéutica, investigadora y cofundadora de la firma dermocosmética para la piel del hombre Qwadrum explica que «la exposición prolongada a la nieve y al sol reflejado en ella, aumenta la radiación ultravioleta que llega a la piel, lo que puede provocar desde enrojecimiento, hasta irritación y fotoenvejecimiento prematuro. Si no la protegemos bien, notaremos rápidamente una pérdida de luminosidad y enrojecimiento».

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Esto se debe a que la montaña presenta el escenario perfecto para atacar y dañar nuestra piel. Por un lado, dada la altitud, la actuación de los rayos solares se vuelve más intensa. Pero es que, además, el blanco hace que la luz solar rebote y, por tanto, la nieve ejerce un efecto espejo que incrementa aún más si cabe la exposición solar. A esto se suman el viento, la nieve y los cambios bruscos de temperatura, factores que ponen a prueba la piel y aceleran la sensación de sequedad, tirantez y fatiga.

Más allá de eso, la rutina debe adaptarse a esa sequedad provocada por la climatología invernal  añadiendo un gran peso a las formulaciones destinadas a hidratar tu piel. De modo que «alimentarás» la dermis, haciendo que esta se encuentre más protegida para hacer frente al daño externo. Los imprescindibles son ácido hialurónico (hidratación profunda), ceramidas (reparación), aceites naturales como argán y jojoba, manteca de karité, glicerina y niacinamida. Se recomienda usar limpiadores suaves (como aceites limpiadores) y sellar con cremas ricas.

(Foto: Pexels)

Tras la exposición toca reparar

Durante la exposición a la montaña hemos trabajado rutinas de skincare de cuidado y prevención pero, una vez que volvemos a la normalidad, toca introducir las rutinas de reparación. La Dra. Ana Rodríguez-Villa recomienda hacer una rutina de cuidado facial basada en tres pilares: fórmulas biomiméticas, una pausa cosmética consciente e hidratación con criterio.

Foto: @murreskincare.

Esta rutina consiste en alternar jornadas de pausa cosmética «suspendiendo retinoides, exfoliantes, ácidos y activos potencialmente irritantes, aunque formen parte de mi rutina habitual». De este modo,  permite que la piel se regenere por sí misma para que el efecto de las formulaciones que añadamos después ejerzan su actuación con mayor eficacia.

«El eje del tratamiento es la reparación lipídica. Busco cremas con ceramidas, colesterol y ácidos grasos en proporciones equilibradas, idealmente con formulaciones biomiméticas que imiten el cemento natural de la piel. Este punto es clave para reducir la pérdida transepidérmica de agua y devolver estabilidad al estrato córneo».

¿Y los hombres?

Un punto importante es actuar en la restauración cutánea respondiendo a las necesidades propias de cada tipo de piel, como resalta Èlia: «La piel del hombre tiene características propias como que suele ser más gruesa, produce más sebo y tiene una mayor densidad de colágeno y, en consecuencia, puede reaccionar de manera diferente al frío y al viento».

(Foto: Montserrat Quirós)

En su caso, lo indicado sería introducir en la rutina retinoides como el retinal, «una vez que ya no estemos tan expuestos, para reparar y mejorar la piel tras el estrés ambiental sufrido en la montaña».