Enrique Sanjurjo: «El traje ya no es un uniforme rígido, sino una herramienta de estilo personal»
La sastrería masculina atraviesa un momento de transformación silenciosa, pero decisiva. «El retorno de la moda noventera ha devuelto protagonismo al traje, pero no como una obligación, sino como una prenda con valor estético que se disfruta», apunta Enrique Sanjurjo, tesorero de AES (Asociación Española de Sastrería) y responsable de Scabal e IDF. Ya no se trata de romper con lo clásico, sino de reescribirlo. En ese equilibrio entre tradición y cambio, Madrid juega en casa y se alza como la sede donde está discurriendo la evolución en confección masculina. Atrayendo a la cúpula del futuro de la sastrería en encuentros como el Congreso Internacional de Sastrería. Este año celebró su segunda edición gracias al Museo del Traje, la Asociación Española de Sastrería y el Ayuntamiento de Madrid. Hemos aprovechado este encuentro para conversar con Sanjurjo sobre el futuro de la profesión en nuestro país.
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Lo que está claro es que la sastrería española puede entenderse como un híbrido de todas las grandes tradiciones: se extiende en su universo conceptual con una lectura 360º de todo lo que implica el traje. Con una mirada puesta en el extranjero, Sanjurjo destaca que «Italia pone el énfasis en el tejido y la ligereza, Reino Unido en la confección y la estructura interna, Japón actúa como un referente técnico que eleva el nivel global, y Francia aporta una visión más creativa y ligada a la moda», apunta el experto. Entretanto, la sastrería española da la misma importancia al corte que a la confección, combinando técnica, equilibrio y sensibilidad estética.
El nuevo traje: libertad, no uniforme
La industria de la moda se desenvuelve en un devenir de tendencias y estilos. El traje, por ejemplo, es una prenda que parecía residir en el imaginario de una generación pasada y, sin embargo, su vuelta trae consigo algo más que una memoria compartida; trae el resurgir de la figura del sastre. Hablemos en este punto de Madrid, una ciudad con identidad propia, más aún en lo que a estilo se refiere. Y la pregunta es inevitable: ¿cómo esto se refleja en la sastrería?
«La sastrería se centra en mejorar la experiencia sin alterar la esencia: tejidos técnicos, mayor ligereza, elasticidad y procesos de patronaje precisos permiten trajes más cómodos, versátiles y adaptados al ritmo actual»
Partimos de un contexto, en palabras de Enrique Sagunto, marcado por la presencia de grandes figuras del oficio que ha vuelto a ser objeto de debate, consolidado como un hervidero de nuevas tendencias. En un momento donde la profesión del sastre vuelve a ser relevante, aunque desde una óptica más libre, con siluetas relajadas y un uso menos formal. Marcado por el punto de vista de las nuevas generaciones, que no solo miran al pasado: lo honran, lo reinterpretan y lo devuelven a la vida.
El lujo vuelve a residir en lo artesanal, la tradición convive con la vanguardia en las técnicas y esa mirada hacia atrás empieza a trazar el camino del mañana. Se transforma así, en una pregunta que, asegura Enrique Sanjurjo, «ha dejado de ser un uniforme rígido para convertirse en una herramienta de estilo personal, donde conviven lo clásico, lo relajado y lo contemporáneo, adaptándose a un hombre que busca elegancia sin rigidez».
«Más que una tendencia nueva, lo que vemos ahora es una mayor conciencia en el origen de los tejidos —lanas trazables, procesos responsables—, pero la base sostenible ya formaba parte del oficio desde siempre»
La evolución de la sastrería, según Sanjurjo, apunta hacia una línea de diseño más cómoda, adaptable y personal, donde el traje se integra en el día a día y se aleja de normas rígidas para convertirse en una expresión individual, «donde el usuario prefiere calidad y durabilidad a cantidad y multitud de opciones».
España en un contexto de evolución
Mientras que la narrativa se condensa en la tradición, la evolución se concentra en uno de los aspectos identitarios más relevantes de esta profesión: la experiencia. Lo que ocurre en este sector según Sanjurjo es que la innovación «se centra en mejorar la experiencia sin alterar la esencia: tejidos técnicos, mayor ligereza, elasticidad y procesos de patronaje precisos permiten trajes más cómodos, versátiles y adaptados al ritmo actual. Sin molestar ni bloquear al cliente, sino acompañándolo».
«El traje ha dejado de ser un uniforme rígido para convertirse en una herramienta de estilo personal»
De igual manera que los tejidos son la parte más tradicional de la identidad de la sastrería, donde sí está asomando la vanguardia es en los matices finales de las piezas. «Se están reinterpretando los clásicos con cortes más relajados, colores más ricos como verdes o marrones, y estampados tradicionales (príncipe de gales o pata de gallo) adaptados a un lenguaje más contemporáneo, con menos rigidez y más versatilidad», subraya el experto.
«Hoy destaca la ligereza de tejidos y la comodidad; los tejidos deben ofrecer movimiento natural, son menos rígidos que antaño, transpirabilidad de los tejidos nobles y una sensación sofisticada sin necesidad de excesos visuales, porque no hay nada mejor que lo que sienta bien a cada cuerpo», añade.
La sostenibilidad no evoluciona, sino que conecta con la raíz
De igual forma, encaja dentro de las preocupaciones de la sociedad actual. Hablemos, como corresponde, de la sostenibilidad. Un término acuñado a esta profesión, pero que hoy vuelve interpretado desde un prisma que evoca la mayor conciencia en el origen de los tejidos —lanas trazables, procesos responsables—, «pero la base sostenible ya formaba parte del oficio desde siempre», subraya Enrique.
La sastrería, especialmente la de medida, siempre ha sido sostenible por naturaleza, apunta el experto: «Se produce únicamente lo necesario para cada cliente, evitando sobrestock y desperdicio. Más que una tendencia nueva, lo que vemos ahora es una mayor conciencia en el origen de los tejidos —lanas trazables, procesos responsables—, pero la base sostenible ya formaba parte del oficio desde siempre».