Biarritz: el encantador pueblo vasco reconvertido en el escenario de la colección crucero 2026 de Chanel
Tratándose de la primera colección de Matthieu Blazy para Chanel, es normal que las expectativas de la colección Cruise 2026/27 fuesen altas. Y el veredicto general ha sido claro: reto superado… con creces. Porque en lo que a diseño y ubicación se refiere, el nuevo director creativo ha sabido dar en la tecla: la nostalgia. Ha devuelto a la alta costura los ecos de la moda del siglo XX en un lugar que fue determinante para la historia de la maison como lo fue Biarritz. Esta localidad de la provincia histórica del País Vasco francés de Labort fue donde una vez anduvo la auténtica Coco Chanel. Ahí donde instauró uno de sus primeros locales en la antesala de la Guerra y donde formó parte del legado que hoy homenajea la colección. Descubrimos más sobre la relación de la firma con Biarritz y sobre este lugar.
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Anatomía de la colección de Chanel
Chanel y Biarritz tienen un pasado en común que, de alguna manera, necesitaba contarse en esta colección. Porque si bien la colección rescata esas siluetas que una vez definieron a Chanel, Biarritz fue uno de los escenarios que las vio crecer. Pero antes hace falta poner en contexto qué fue lo que vieron quienes acudieron a este rincón del País Vasco francés para presenciar este momento.
La colección crucero 2026 de Chanes necesitaba una escenografía que hablase de la colección: estival, con heritage aristócrata y un cierto toque de nostalgia. La colección Cruise 2026/27 rescata, con total sinceridad y un toque contemporáneo, los códigos clásicos de Chanel. Vuelve a subir a una pasarela la arquitectura esencial que definió a Gabrielle Chanel, la logomanía clásica de la doble C y la energía de la costa vasca.
Está envuelta en todo tipo de detalles marinos, rayas que se cuelan entre los trajes y el clásico vestido negro. No subestimemos un clásico; esta pieza es la que delimita la fina línea entre casposo y revolucionario.
El background check realizado por el diseñador para dar forma a esta colección ha llegado también a los detalles. Bolsos icónicos, joyería que rescata la esencia marina del lugar, gorros de baño que hacen un guiño a los baños del norte de principio de siglo XX… Y con ello ha dado forma a un debut de lo más esperado que ha superado con creces las expectativas del público y la crítica.
Un pasado en común
Hablamos de primeras veces: la de Matthieu Blazy para Chanel y la de la propia marca con Biarritz. En lo que a escenografía se refiere, el nuevo director creativo estuvo más que acercado, porque Biarritz sería una ubicación esencial para Gabrielle (Coco) Chanel en los inicios de la firma. Hasta tal punto que hoy no se entendería Chanel como se entiende de no haber sido por esta pequeña localidad.
Retrocedemos en el tiempo hasta 1915. Fue entonces cuando Gabrielle Chanel eligió esta ubicación para establecer su primera casa de costura. No fue una decisión al azar ni emocional, sino una estrategia que dio sus frutos. Tras la Primera Guerra Mundial, esta ubicación se convirtió en un refugio elegante para aristócratas, diplomáticos y gente adinerada. Porque tenía todo lo que la alta sociedad requería entre el agotamiento bélico: era una ciudad costera lujosa, con menos competencia que en París, acceso a los materiales de España y con una clientela internacional dispuesta a gastar dinero.
Por eso, Biarritz se convirtió en su escenario donde testar la moda de la aristocracia de la época, porque en Biarritz en ese momento se estaba convirtiendo, sin saberlo, en la antesala de lo que proyectará París al estrellato del mundo de la moda. Así, se convirtió en el escenario donde Chanel consiguió asentar su firma, posicionarse entre las altas esferas, darse a conocer en el mundo y pasar de una diseñadora prometedora a una maestra del mundo de la moda.
Biarritz: la joya gala/francesa
Situada entre el mar y los Pirineos, la mera ubicación de esta ciudad aúna dos de las grandes maravillas naturales del litoral norte español. Ahí donde cielo y agua se unen en la costa, la ciudad de Biarritz emerge como un reflejo constante de ese pasado aristócrata que la hizo grande.
Su origen era modesto, pues hasta que la corte francesa puso el ojo en este lugar, sus vecinos habían sido pescadores. Quién sembró la semilla sería la emperatriz Eugénie de Montijo, esposa de Napoleón III, por 1850. Al llegar a esta ciudad se enamoró del encanto de las aguas termales y la tranquilidad de este rincón e hizo que Napoleoón III mandase construir ahí su casa de verano: el famoso Palacio de Biarritz.
Este edificio fue construido en 1854 y perteneció a la familia hasta la muerte de Napoleón III en 1873. Entonces, Eugenia vendió la propiedad al Banco de París y se mantuvo con diferentes desempeños hasta que un incendio arrasó con su interior a principios del siglo XX. Tras su reconstrucción, sería convertido en un hotel de lujo de 5 estrellas que a día de hoy se mantiene: Hôtel du Palais, con 86 habitaciones con espectaculares vistas al mar que incluyen 56 suites elegantemente decoradas con detalles de estilo Segundo Imperio
Ganó así popularidad entre la alta aristocracia, que comenzó a edificar sus villas veraniegas en esta ciudad. Todo ello en torno a la ubicación elegida para construir el Palacio de Biarritz. Se concentra en la Avenue de l’Impératrice y la Grande Plage, dos calles que concentran intactas las fachadas de estas construcciones. Al caminar desde la Place Clemenceau bajando al mar el paseo regala una concatenación de villas privadas construidas en su momento por banqueros, aristócratas y extranjeros ricos. Un ejemplo es la Villa Larralde, de un banquero inglés.
Edificios clásicos que conviven con otros míticos de este lugar, como su Casino o la Iglesia de Santa Eugenia, construida entre los años 1898 y 1903 sobre una pequeña capilla románica. Incluso la Iglesia Ortodoxa merece la pena una visita, al tratarse de un templo bizantino que fue construido en 1892 para representar el acuerdo histórico entre Francia y Rusia.
En Biarritz hubo aristocracia, pero también deporte. En los últimos años este lugar se ha convertido en la meca del sur, haciendo de sus paseos y sus playas un devenir de deportistas que encuentran en la rudeza del mar cantábrico su campo especial de batallas.