La apuesta por lo básico está definiendo el estilo de los primeros festivales del año
La estética de los festivales no es un accesorio: es parte central de su identidad desde hace décadas. Especialmente en citas como Coachella, donde las redes sociales se llenan de Get Ready With Me que acercan al público la complejidad que enfrentan los asistentes a la hora de combinar piezas y construir sus looks. Sin embargo, en la última edición de Coachella, el mundo ha sido testigo de cómo la moda festivalera se encuentra en un punto de inflexión, en plena evolución.
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Tras esta edición, incluso Vogue se preguntaba: ¿es el fin del boho chic en Coachella? Durante años, el festival ha estado asociado a una estética muy reconocible, marcada por la libertad estilística dentro de unos códigos bastante definidos. El reto de los festivales es simple: vístete como quieras, pero que sea diferenciador. Claro que hasta ahora ese libre albedrío de estilismo había estado delimitado por las líneas que definen el imaginario boho chic. Pura herencia de aquellos festivales de los 60, donde música y estilismos comenzaban a caminar de la mano en estos encuentros.
Si retrocedemos en la historia, la antesala a Coachella se situaría en el festival de Woodstock, que en 1969 introdujo varios de los elementos básicos actuales de la estética festivalera. Más tarde llegaron Lollapalooza o Glastonbury. Lo harían con una identidad propia marcada por el estilo «grunge» y rock alternativo.
Pero sería Coachella donde a finales de los 90 se consolidaba un nuevo paradigma: llegó el punto de inflexión de este tipo de encuentros y pasaría a ser considerado el máximo responsable de convertir los festivales en una pasarela de moda global. Con el tiempo, su influencia se amplificaría aún más al transformarse en un evento social seguido de cerca por celebrities, modelos e influencers.
Lo urbano entra en lo extraordinario
Hasta ahora, el festival se diferenciaba por ceder los estilismos a lo extraordinario, a piezas, prendas, combinaciones y, en definitiva, looks que salían de lo cotidiano para dar forma a un espacio de excepción estilística. Ahora, parecen haberse convertido en todo lo contrario. Ana Iriberri, estilista y fundadora de AiAsesoresdeimagen, opina que «El estilo Boho dominó los looks de los festivales históricamente por estar vinculado a las ideas de libertad, naturalidad y aportar un aire desenfadado a nuestro estilismo, pero con la irrupción de las redes sociales y su omnipresencia en nuestras vidas».
Ahora, el panorama ha cambiado y donde antes había exuberancia, hoy hay estilo y lógica del urban street. Figuras como las hermanas Jenner, quienes habían reforzado este ideal estético, han dado la vuelta a sus apariciones para basar sus estilismos en la más pura sencillez.
El ejemplo perfecto es Kendall, que sustituyó los looks de Chloé por una camiseta básica de tirantes, una gorra hacia atrás y un pantalón vaquero. Este desplazamiento no es aislado. Se percibe como un eco más amplio entre los asistentes, donde el minimalismo urbano empieza a ocupar el espacio que antes dominaba el boho festivalero.
Boho y urban conviven así en una estética donde el denim y los básicos se van abriendo hueco en un universo históricamente definido por los flecos y las plumas. Hablamos de seis décadas siguiendo un mismo patrón que ha ido evolucionando y que continúa haciéndolo. ¿Por qué ahora la moda se torna hacia otros derroteros? La propia evolución de esta industria responde a la pregunta. La estética es una fusión de generaciones de vestimenta y música que reflejan el estado social y político de cada década.
«El urban style, proyecta una imagen más versátil, actual y más cercana a la cultura urbana global , permitiéndonos adaptarla de una manera más flexible a nuestro estilo o personalidad, mientras que el boho es más reconocible y limitado en ese aspecto», apunta Iriberri
Entra en este contexto el estilo urbano como una forma de expresión del contexto actual. El diseñador japonés Jun Takahashi, creador de la firma UnderCover, definió en una entrevista al streetwear como algo más allá de la ropa: “es una cultura que habla sobre los jóvenes, su música, su arte, su estilo». Esta frase define perfectamente por qué es relevante hoy, si entendemos el estilo urbano como una radiografía de la generación actual.
Esta idea comulga con la percepción de Iriberri del urban style, consolidada como la tendencia que quizás más se acomoda a nuestro ritmo y estilo de vida, ya que la comodidad, funcionalidad son algunas de sus características principales, pero sin renunciar al estilo».
Hoy lo urbano define
El streetwear no entró a ser un agente decisivo en el mundo de la moda de golpe, sino que fue un proceso lento que aunó la entrada de firmas en el contexto underground con la apuesta de las pasarelas por códigos estéticos de esta vertiente estilística. Comenzaría así en los años 80, principios de los 2000 a emerger en el panorama firmas como Stüssy o Supreme, incluso Givenchy apostaría por piezas como las sudaderas, con estética más urbana. Pero a partir de 2017 todo cambiaría, cuando Virgil Abloh, que antes había fundado Off-White y habría llevado la moda urbana a las grandes pasarelas, lleva a una firma como Louis Vuitton el ADN del streetwear.
Hoy, el streetwear se ha integrado de forma genuina en el día a día, democratizando prendas y complementos como las deportivas o las camisetas básicas dentro de cualquier código estético, sumiendo cualquier momento a la orden del máximo confort. Si este cambio ya se ha instalado en la vida cotidiana, ¿era de esperar que lo urbano fuera a tomar las directrices de la estética de una cita como Coachella?
Las propias influencers parecen haber dado el golpe sobre la mesa para hacer que así sea. Y, siguiendo la lógica intrínseca en las palabras de Jun Takahashi, si la moda es un altavoz cultural, Coachella actúa como un espejo amplificado de su tiempo.
Y no es difícil de conseguir en el día a día. Aunque es una tendencia muy flexible y relajada, Ana Iriberri define que requiere de cierta estrategia para poder llevarla de forma coherente. En este caso «a mi me gusta apostar por elegir unas prendas básicas como pueden ser una blazer (mi prenda fetiche) en este caso oversized, unos jeans rectos y unas zapatillas blancas».
Para darle cierto equilibrio, la estilista apunta que «debemos jugar con las proporciones, combinando prendas amplias con otras más estructuradas, logrando así equilibrar nuestro look. Un tip que me gusta mucho, es jugar con las capas para aportar profundidad a nuestro look, aquí las chaquetas, camisas abiertas, pueden darnos mucho juego».