Andrea Klimowitz, psicóloga: «El orden reduce el ruido mental y te protege frente a la ansiedad»
La ansiedad es la enfermedad del siglo XXI. Los causantes son el estilo de vida frenético, la hiperconectividad digital, la incertidumbre… Muchos señalan las causas, pero la solución se encuentra en una idea simple: el orden. Esta idea (en su contexto) fue defendida por el sociólogo y teólogo Peter L. Berger, quien escribió que el orden protege al ser humano del caos. Y la psicología así lo ha defendido: ordenar puede ser la mejor terapia. Salir del modo de «piloto automático» que conduce a la ansiedad a través de la instauración de ciertas normas o directrices que te ayudan a practicar la consciencia y evitar caer en momentos de estrés o descontrol. Sobre cómo establecer normas para ordenar tu vida y cómo empezar, hemos hablado con la psicóloga y coach Andrea Klimowitz.
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La planificación es la mejor prevención
Ya lo dice el refranero popular: mejor prevenir que curar. La planificación, en estos casos, es esa prevención que te permite tener ciertas directrices claras reduce la incertidumbre y libera energía mental. En palabras de la experta Andrea Klimowitz, saber planificar estos momentos «nos permite pasar de la improvisación constante a la acción consciente» Y eso facilita muchísimo cumplir objetivos, porque dejamos de depender tanto de la motivación del momento y empezamos a apoyarnos en estructuras».
«Si las normas están bien diseñadas, reducen el ruido mental, crean sensación de dirección y aumentan la coherencia entre lo que queremos y lo que hacemos»
Las normas y la planificación nos ayudan especialmente cuando vivimos en modo reacción: «cuando sentimos que el día nos arrastra, que tenemos muchas cosas en la cabeza o que sabemos lo que deberíamos hacer pero no conseguimos sostenerlo en el tiempo», Andrea Klimowitz. De igual manera, entramos en una especie de piloto automático en los conocidos como «vértices del tiempo», es decir, en momentos de cambio, de estrés, de exceso de estímulos o de toma de decisiones importantes.
Antes de poner normas…
«Necesitamos parar y observar«. Podemos empezar en cualquier momento, pero es mucho más fácil cuando estamos en un estado interno de cierta calma y claridad. «Si establecemos normas desde la culpa, la saturación o la autoexigencia extrema, suelen convertirse en otra fuente de presión. En cambio, cuando las creamos desde la intención de cuidarnos o evolucionar, se sienten como un apoyo»
Por eso, Andrea Klimowitz hace referencia a la necesidad de tener plena consciencia de la situación actual de cada uno, haciendo acopio de las emociones, la situación, el entorno y la meta a la que quieres llegar. Un ejercicio muy útil es preguntarnos:
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¿Cómo estoy viviendo ahora mismo?
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¿Qué me está drenando energía?
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¿Qué áreas están desordenadas: descanso, trabajo, relaciones, tiempo personal, salud…?
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¿Qué versión de mí quiero construir en los próximos meses?
«Ordenar la vida no debería vivirse como un castigo, sino como una forma de ganar espacio mental y emocional»
«Este ejercicio nos ayuda a detectar patrones automáticos, excesos y carencias. La conclusión principal suele ser que no necesitamos hacer más cosas, sino hacer menos, pero con más intención», apunta. Y de este modo estarás dando forma a una base perfecta para continuar con la instauración de las normas.
Ajusta las decisiones a la realidad
Ordenar la vida no significa controlarlo todo, sino crear ciertos anclajes diarios que nos devuelvan al centro. Si ya te has enfrentado antes a este ejercicio y no has salido satisfecho, sino con cierta impotencia, recuerda: Las normas deben ser simples, realistas y sostenibles. «Si son demasiado exigentes o rígidas, generan rechazo interno y duran poco», apunta Klimowitz. «Una buena norma no es la que suena perfecta, sino la que puedes repetir incluso en días difíciles».
«Es importante vincularlas a momentos ya existentes del día. Cuando una norma se integra en la rutina, deja de depender de la fuerza de voluntad y pasa a formar parte del piloto automático»
Con ello, continúa, «si las normas están bien diseñadas, reducen el ruido mental, crean sensación de dirección y aumentan la coherencia entre lo que queremos y lo que hacemos». No se trata de ponerse grandes objetivos, sino pequeñas metas que puedan ayudar, de forma real, a cambiar las actitudes del día a día. Además, «es importante vincularlas a momentos ya existentes del día. Cuando una norma se integra en la rutina, deja de depender de la fuerza de voluntad y pasa a formar parte del piloto automático».
¿Cómo empezar a ponerse normas? Lo ideal, según la coach y psicóloga, es empezar por tres o cuatro normas como máximo. Estas deben ser sinceras y traducirse en una acción concreta y medible. Por ejemplo, «no pongas «cuidarme más», sino «caminar 20 minutos al día» o «dejar el móvil una hora antes de dormir».
Unas normas básicas
Para Andrea Klimowitz hay algunas muy básicas que funcionan como pilares:
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Nada más abrir los ojos por la mañana y justo antes de cerrarlos por la noche, dedicar unos segundos a enumerar las razones por las que podemos dar las gracias en nuestra vida. Donde ponemos el foco ponemos nuestra energía, y a veces se nos olvida darnos cuenta de todo lo bueno que tenemos.
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En la medida de lo posible, empezar el día sin prisa, con unos minutos de respiración o meditación para regular el sistema nervioso.
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Mover el cuerpo cada día, aunque sea poco. El movimiento ordena mucho la mente.
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Tener momentos sin estímulos, sin móvil ni pantallas, para escuchar qué necesitamos realmente.
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Escribir o hacer listas simples, no para controlarlo todo, sino para sacar pensamientos de la cabeza y darles estructura.
Estos pequeños rituales crean continuidad. Y cuando hay continuidad, aparece la sensación de orden. Al final, «más que normas perfectas, lo que transforma es la repetición consciente de hábitos que nos acercan, poco a poco, a la vida que queremos construir».