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Alessandra Chiarello, experta en cabello: «La mascarilla y el acondicionador no cumplen la misma función»

(Foto: Canva)

Seguro te ha pasado que, al aplicar un producto, sientes que el efecto final no es el mismo que el esperado. ¿Puede suceder que un producto no funcione como debería? Sí, y pasa más de lo que parece. Que un producto no funcione no siempre significa que sea malo, sino que puede no ser adecuado para ti o para cómo lo usas. Con la mascarilla de pelo puede suceder que la suavidad o el efecto sedoso que buscamos no termine de llegar del todo al pelo. Pero para evitar que esto suceda hemos hablado con Alessandra Chiarello, CEO de Oramai.

La mascarilla de pelo no es un capricho estético, sino el paso que tu cabello necesita para recuperar la hidratación o el daño que el sol, los secadores o las planchas provocan. Claro que no es una ciencia exacta y muchas veces los efectos no son ni de lejos los que esperabas. Pensarás entonces que lo mejor es desechar este producto y apostar por otro mejor

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Error. Hay muchos pasos que influyen en el efecto final de este producto. Algunos evidentes, como saber cuánto tiempo debemos aplicar el producto, con qué frecuencia o en qué momento. Pero también entran en juego factores como el agua, que resultan decisivos para la activación de los principios de la fórmula de la mascarilla de pelo y para velar por la salud del mismo.

No confundas productos

Otro fallo común es sustituir el acondicionador por la mascarilla. «No son lo mismo ni cumplen la misma función», destaca Alessandra Chiarello. Y matiza que, mientras la mascarilla trata la fibra en profundidad, el acondicionador es un producto destinado a sellar la cutícula y aportar suavidad inmediata y cumple una función distinta, «ayudando a que el cabello mantenga los beneficios del tratamiento«.

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Eso no quiere decir que un producto deba sustituir al otro. Alessiandra subraya que, en algunos casos, «una rutina más completa puede incluir primero la mascarilla para tratar en profundidad y después el acondicionador para sellar esos activos dentro de la fibra capilar».

En cualquier caso, es importante tener en cuenta que la mascarilla «debe aplicarse de medios a puntas, evitando siempre la raíz, y puede distribuirse mejor con un peine de púas anchas para asegurar que el producto se reparte de forma uniforme». El tiempo de actuación «suele estar entre cinco y quince minutos, dependiendo del producto, y es importante respetarlo sin excederse. Después, el aclarado debe ser muy cuidadoso».

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Identifica tu cabello y sus necesidades

El error más habitual es elegir una mascarilla genérica en lugar de basarse en las necesidades reales del cabello. «No basta con fijarse en etiquetas como cabello seco o cabello dañado. Es más importante entender qué necesita la fibra capilar: hidratación, nutrición o reparación». Son cosas distintas, destacan desde Oramai, y elegir correctamente depende de ese diagnóstico, no del tipo de cabello en sí.

Empieza entonces por averiguar la base de que cualquier producto estético funcione: identifica tu tipo de cabello y dale el cuidado que necesita. Alessandra Chiarello destaca que «el cabello no es homogéneo: raíz, medios y puntas pueden tener necesidades completamente distintas». Por ejemplo, es muy frecuente tener la raíz grasa y, al mismo tiempo, medios y puntas secos o deshidratados. Si no se tiene esto en cuenta, el tratamiento no funciona correctamente.

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El error puede estar en la aplicación

Puede ser que tu falta de acierto al elegir un producto u otro sea el motivo por el que la mascarilla de pelo no funciona, pero ¿y si te digo que el problema puede estar en que no estás aplicando el producto de forma correcta? Aquí el primer punto a tener en cuenta, que más no es menos: «Más producto o más tiempo no implica mejores resultados, al contrario, puede saturar el cabello y empeorar el resultado». 

Igual que aplicar la mascarilla sobre el cabello demasiado mojado «es otro error frecuente, ya que el exceso de agua diluye el tratamiento». Una vez limpio, «es fundamental retirar bien el exceso de agua antes de aplicar la mascarilla, ya que un cabello demasiado mojado impide que el producto actúe correctamente». Por último, hay un factor que muchas veces se pasa por alto: la calidad del agua. El agua dura puede interferir en la eficacia de la mascarilla y reducir sus beneficios.

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Adapta los ingredientes a la necesidad

Ya sabemos que la mascarilla es un paso completamente aislado y necesario de la rutina capilar y, de igual manera, deberá responder a las necesidades del cabello. En esta línea, Alessandra Chiarello subraya tres elementos que deben estar en equilibrio para que el cabello goce de buena salud: hidratación, nutrición y proteína. «Cuando uno de estos elementos falla, el cabello pierde calidad, brillo y resistencia».

Cuando el problema es la deshidratación, «el cabello necesita ingredientes humectantes, capaces de retener el agua, como el ácido hialurónico o el aloe vera». En cambio, cuando el cabello está dañado o muy procesado por decoloraciones, herramientas térmicas o tratamientos agresivos, «necesita proteínas como la queratina, el colágeno o la proteína de seda, que ayudan a reforzar su estructura interna». 

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Si  por el contrario, el cabello es seco o muy poroso, «lo que necesita son lípidos, es decir, aceites y mantecas como el argán, la jojoba o la manteca de karité, que aportan nutrición, suavidad y control del encrespamiento». Finalmente, en el caso del cabello fino, el enfoque debe ser distinto: «necesita fórmulas ligeras que hidraten sin apelmazar y proteínas más suaves que aporten cuerpo sin sobrecargar».

¿Es bueno aplicar la mascarilla muchas horas y en el pelo seco?

Alessandra responde a la gran duda de forma contundente: No necesariamente. «Dejar la mascarilla más tiempo del recomendado no mejora su eficacia. La mayoría de los productos están formulados para actuar en un tiempo concreto, y superarlo no aporta beneficios adicionales; al contrario, puede saturar el cabello, apelmazarlo o hacer que pierda movimiento».

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Lo mismo ocurre con la idea de que aplicar la sobre el cabello seco mejora su actuación. Esta rutina, explica la experta, sólo tiene sentido en casos muy específicos o cuando el propio producto lo indica. «En general, funciona mejor sobre el cabello húmedo, ya que la cutícula está más abierta y permite una mejor absorción de los activos».

Por el contrario, «el calor puede ayudar a potenciar el efecto de la mascarilla porque favorece la apertura de la cutícula y mejora la penetración de los ingredientes. Sin embargo, debe utilizarse siempre de forma moderada». Todo con moderación y siguiendo las indicaciones del producto, pues «un exceso de calor puede dañar la fibra capilar y generar el efecto contrario al buscado».