Natalia Zubizarreta y el arte de vestir la mesa en primavera: «La perfección es el mayor error al decorar»
En el marco del Día Internacional de la Mujer, celebramos a aquellas profesionales que no sólo transforman espacios, sino también miradas. Hablar con Natalia Zubizarreta es adentrarse en la historia de una mujer que ha sabido convertir su vocación en propósito y su sensibilidad en liderazgo. Interiorista con más de dos décadas de trayectoria, bilbaína de raíces argentinas, emprendedora incansable y coach formada en la Universidad de Mondragón, Natalia dirige hoy un equipo de diez personas mientras acompaña a otros profesionales, especialmente mujeres, a superar el síndrome de la impostora y reconciliarse con su talento.
En esta conversación, Natalia nos invita a mirar la primavera desde la mesa: a mezclar clásico y moderno sin miedo, a entender el color como emoción y a desterrar la perfección impostada. Porque, como ella misma repite, «las casas vividas siempre son muchísimo más elegantes».
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Natalia Zubizarreta o cómo convertir una mesa de primavera en una declaración de estilo
Natalia lleva 23 años dedicada al interiorismo. Empezó con apenas 19 en una tienda de decoración en Las Arenas (Getxo) y, aunque en algún momento intentó alejarse del sector, terminó entendiendo que hay una voz interna imposible de ignorar. «Hay una vocecita que te hace cosquillas en la tripa. Cuando pones tu don al servicio de los demás, el universo conspira», reflexiona.
Esa filosofía atraviesa también su forma de entender los espacios: funcionales, reales, pensados para durar. «Respeto otros tipos de interiorismo, pero el mío es la casa para vivir. Casas reales para personas reales. La experiencia de usuario es esencial. Que el proyecto permanezca en el tiempo es el mejor regalo que podemos hacer».
«Respeto otros tipos de interiorismo, pero el mío es la casa para vivir. Casas reales para personas reales»
Esa misma lógica la trasladó a la mesa que diseñó para la firma portuguesa Vista Alegre, con más de 200 años de historia. Le pidieron libertad y una condición: que fuera primaveral. «Cuando me dijeron libertad, pensé: vale, ahora me tengo que escuchar a mí misma. Mucha terapia, siempre», bromea.
El punto de partida: una vajilla con historia
Natalia eligió como protagonista la colección Coralina de Óscar de la Renta para Vista Alegre, inspirada en un vestido que el diseñador creó para un shooting de Vogue en 2006.
«Me encanta esa mezcla de alegría caribeña y sobriedad clásica. Es una vajilla que parece clásica, pero tiene frescura. Y esa mezcla entre clásico y moderno es muy yo».
Optó por la versión azul, más empolvada, porque conecta con su imaginario del norte, el mar, la elegancia serena. «Yo tiendo a elegir colores menos saturados porque psicológicamente me generan menos ruido visual. Me dan paz y me cansan menos».
«Yo tiendo a elegir colores menos saturados porque psicológicamente me generan menos ruido visual. Me dan paz y me cansan menos».
Cómo decorar una mesa de primavera (según Natalia)
Base neutra, inversión inteligente
«Yo siempre pienso en clave fondo de armario», explica. Por eso eligió un mantel marfil de lino natural con bordado blanco de la colección Ivory de Vista Alegre. «Es una base neutra que no me va a cansar. La inversión tiene que ser duradera. Luego ya jugamos con lo demás».
Su regla general: no más de tres colores principales y uno en pequeña proporción. «Aquí estamos en un 60-40 entre amarillo y azul, y el blanco como comodín. Más de tres colores y rompemos la armonía».
«Aquí estamos en un 60-40 entre amarillo y azul, y el blanco como comodín. Más de tres colores y rompemos la armonía»
Desorden estructurado
A simple vista, la mesa parece espontánea. Pero no lo es. «Hay un desorden, pero con estructura equilibrada. Si os fijáis, hay simetría en ciertos puntos. El equilibrio es clave».
Defiende huir del protocolo rígido: servilletas sin doblados excesivos, elementos que no estén perfectamente alineados. «Os invito a relajarnos. No hay que complicarse tanto».
Para ella, el mejor anfitrión es el que está tranquilo: «La naturalidad es importantísima. El verdadero lujo ahora es el tiempo compartido».
«La naturalidad es importantísima. El verdadero lujo ahora es el tiempo compartido»
Flores sin miedo (y con altura)
El centro floral es uno de los elementos más diferenciales. Nada de composiciones compactas y clásicas. «Si hubiéramos puesto centros estructurados, la mesa habría subido de edad. Yo quería frescura».
Ramas de almendro, narcisos, jacintos, lilas. Flores accesibles, mezcladas sin rigidez. «Hay que abandonar la idea de que el centro tiene que ser clásico. Salgo a pasear con mi perra y vuelvo con ramas. Siempre llevo tenazas en el coche», confiesa entre risas.
«Hay que abandonar la idea de que el centro tiene que ser clásico»
La altura era fundamental. «Dar altura eleva el nivel de la mesa. Si lo haces bajito, queda más discreto, más cobarde. Yo quería que tuviera presencia».
Consejo técnico: jarrones con boca estrecha para sostener bien las ramas y evitar que el peso desestabilice el conjunto.
El poder de la cubertería y los detalles
Para elevar la mesa, incorporó cubertería dorada: «Es como una joya. Como el reloj cuando te vistes. Ese accesorio viste». La cristalería combina piezas transparentes y ámbar para no recargar en exceso. «Si metíamos demasiado color, pasábamos de rosca».
También incluyó fuentes visibles. «Muchas veces montamos mesas sin fuentes. A mí me gusta que la comida ya esté servida, que la historia haya empezado cuando el invitado llega».
«Las velas tienen que estar usadas. Que se vea que la casa está vivida. Nada de vela impecable recién sacada de la caja»
«Nunca hay suficiente vela», afirma rotunda. Más allá de la estética, habla del efecto psicológico: «El fuego activa nuestro cerebro reptiliano. Nos lleva a la cueva, a sentirnos seguros».
Pero añade un detalle esencial: «Las velas tienen que estar usadas. Que se vea que la casa está vivida. Nada de vela impecable recién sacada de la caja». Para Natalia, esa imperfección es elegancia. «Las casas vividas son más amables, más estéticas y más elegantes».
Errores comunes al vestir una mesa
Le pedimos que enumere los fallos más habituales y no duda:
- Exceso de perfección: «Montar una mesa solo para la foto. Luego te sientas y el cojín se clava, la silla es incómoda… eso es ego de diseñador».
- Demasiados colores: «Rompes la armonía. Mejor tres y uno muy pequeño».
- Centros florales rígidos: «Envejecen la mesa. La estructura excesiva quita frescura».
- Miedo a mezclar clásico y moderno: «La valentía está en esa mezcla. Es lo que da personalidad».
- Anfitrión estresado: «Si tú estás tenso, la mesa puede ser preciosa, pero no funcionará».