Arquitectura

Manuel Clavel, el arquitecto murciano que fue portada del ‘New York Times’: «La gente piensa que son renders»

(Foto: Manuel Clavel)

En Murcia, tierra natal de talentos sorprendentes (desde la raqueta de Carlos Alcaraz hasta la creatividad arquitectónica) surge una figura que redefine los límites de la imaginación y la ingeniería: Manuel Clavel Rojo. Quedamos con él en el restaurante Makoto, Madrid, su obra maestra de diseño de interiores, donde el techo recrea el mar y el bambú se entrelaza como un susurro de naturaleza dentro de la ciudad.

Makoto, el rey del japo, aterriza en Madrid: «Más que un restaurante, es una experiencia sensorial»

Clavel, arquitecto murciano de proyección internacional, ha logrado notoriedad internacional sin caer en la autopromoción. «No hablo mucho, suelo ser discreto y rara vez comento mi trabajo. Pero me dijeron: ¿Por qué no lo cuentas? Así que aquí estoy, porque lo que hacemos no es intuitivo. Y hemos llegado a ser portada del New York Times», confiesa. Su humildad contrasta con la magnitud de sus proyectos, que incluyen estructuras que desafían los límites de la física y la imaginación.

Uno de sus logros más espectaculares es la piscina colgante más grande de Europa, ubicada en Murcia, dentro del proyecto Odiseo. Con 42 metros de longitud y un voladizo de 20 metros a cada lado, esta piscina no es sólo un ejercicio de ingeniería, sino un símbolo del riesgo calculado que caracteriza a Clavel. La estructura se extiende como un balcón sobre el paisaje, ofreciendo una sensación de ingravidez y una experiencia única para quien la utiliza. Su diseño incorpora corrientes de aire, jardines verticales y una integración cuidadosa con el entorno mediterráneo, creando un equilibrio entre lo monumental y lo íntimo. La piscina es un reflejo de su filosofía: la arquitectura debe ser sorprendente, funcional y capaz de provocar emociones.

Edificio Odiseo, Murcia. (Foto: Clavel Arquitectos)

Makoto, su proyecto en Madrid, muestra otra faceta de Clavel: la sensibilidad por el detalle. Cada elemento del diseño interior está pensado para generar armonía entre luz, materiales y sensaciones. El techo, que recrea la sensación del mar, y el bambú que atraviesa los espacios, no son meros adornos, sino una extensión de su visión arquitectónica, donde el interior y el exterior se comunican constantemente. Allí, Clavel logra que la arquitectura hable sin necesidad de palabras, aunque, cuando lo hace, revela una mente meticulosa y apasionada por su trabajo.

(Foto: Makoto Madrid)

La discreción de Clavel es una constante en su carrera. Prefiere que sus obras hablen por él, en lugar de promocionarse con titulares. Sin embargo, su impacto internacional es innegable: desde aparecer en la portada del New York Times hasta recibir encargos que requieren no sólo técnica sino también audacia conceptual. Su capacidad para transformar espacios y hacerlos memorables lo sitúa en un lugar de privilegio entre los arquitectos contemporáneos.

Cuando la realidad se confunde con la IA

«Nuestra tarea es traducir lo complejo en experiencia tangible»

Más allá de la espectacularidad de sus proyectos, Clavel tiene una filosofía clara: la arquitectura es un vehículo de comunicación y emoción. «La gente no puede adivinar lo que hacemos; nuestra tarea es traducir lo complejo en experiencia tangible», afirma. Sus diseños buscan generar momentos de conexión, ya sea en un jardín elevado, en la inmensidad de una piscina colgante o en la serenidad de un interior que parece flotar sobre la ciudad.

Museum Garage. (Foto: Clavel Arquitectos)

Un capítulo clave en la trayectoria internacional de Manuel Clavel Rojo fue su participación en el icónico Museum Garage de Miami Design District, un proyecto que trastoca por completo la percepción tradicional de una estructura tan cotidiana como un aparcamiento.

Concebido como una obra de arte arquitectónica de siete plantas con espacio para 800 vehículos y locales comerciales en planta baja, el Museum Garage invitó a cinco estudios de diseño de renombre mundial a crear fachadas únicas bajo la dirección curatorial de Terence Riley. La aportación de Manuel Clavel, denominada Urban Jam, reinterpreta la vida urbana contemporánea a través de 45 carrocerías de automóviles suspendidas verticalmente, pintadas en dorado y plata, que parecen desafiar la gravedad en un surrealista atasco escultórico. Esta intervención no sólo transformó un edificio utilitario en un icono del diseño urbano, sino que también atrajo la atención mediática global, figurando en la portada del New York Times como ejemplo de cómo la arquitectura puede elevar incluso lo cotidiano a la categoría de arte arquitectónico contemporáneo.

Hotel Kempinski. (Foto: Clavel Arquitectos)

Un huevo Fabergé de 20 metros de altura

«La gente incluso piensa que es un render, pero todo está ahí, real, desde el lobby hasta la luz…»

En Dubái, Manuel Clavel llevó su arquitectura de lujo a otro nivel al crear un restaurante para el chef con más estrellas Michelin del mundo, concebido como un auténtico huevo Fabergé de 20 metros de altura. «Era en el hotel Kempinski. Mi idea fue hacer un Fabergé terminado, prefabricado y elevado a escala monumental», explica Clavel. Este proyecto de 500 millones de dólares no se limita a la espectacularidad del edificio: cada detalle, desde el mobiliario hasta la iluminación, fue diseñado por él para crear una experiencia que combina fantasía y perfección. «La gente incluso piensa que es un render, pero todo está ahí, real, desde el lobby hasta la luz que llevamos a cada rincón», añade, mostrando cómo la creatividad y la exclusividad son su sello distintivo.