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Así vivió Tatiana Schlossberg entre las casas más emblemáticas del clan Kennedy, marcadas por la tragedia

(Foto: Getty)

La saga de los Kennedy ha sido mucho más que política: ha sido un relato de glamour, tragedias y residencias que se han convertido en iconos culturales. En los últimos días, la familia vuelve a estar en el centro de la atención pública tras la muerte de Tatiana Schlossberg, nieta del presidente John F. Kennedy, a los 35 años, tras su lucha contra un cáncer terminal anunciada hace un mes.

Tatiana (hija de la diplomática Caroline Kennedy y del artista Edwin Schlossberg) nació y creció entre Nueva York y los lugares que marcaron la historia familiar.

Criada principalmente en el Upper East Side de Manhattan, un barrio símbolo de lujo neoyorquino, también pasó temporadas en la finca de su abuela Jacqueline Kennedy Onassis en Martha’s Vineyard, una casa vacacional que ha sido testigo de veranos íntimos de la familia durante décadas.

La casa de Tatiana Schlossberg en Manhattan: 7,2 millones

Recientemente, Tatiana y su marido compraron una residencia de 7,2 millones de euros en el Upper East Side de Nueva York, un apartamento espacioso de más de 300 m² con historia propia, en un edificio que ha albergado a personalidades del mundo de la alta sociedad.

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Hyannis Port: el corazón del legado Kennedy

Pero más allá de su vida en la Gran Manzana, el lugar que encapsula la esencia del clan es el Kennedy en Hyannis Port, Massachusetts. Este conjunto de casas frente al mar (propiedad de la familia desde la década de 1920) fue el escenario de veranos inolvidables, decisiones políticas informales y la famosa imagen del clan disfrutando de la vida junto al agua. La casa principal fue donada en años recientes a una institución dedicada a preservar la memoria de Edward M. Kennedy y mantener vivo ese legado histórico.

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Hammersmith Farm y otras residencias legendarias

Otro enclave cargado de historia es Hammersmith Farm, en Newport, Rhode Island, donde Jacqueline Kennedy pasó parte de su infancia y donde la familia celebró el banquete de boda de los Kennedy en 1953. Aunque hoy ya no pertenece al clan, sigue siendo un símbolo arquitectónico de ese estilo de vida aristocrático y elegante que se asocia con la dinastía.

En Palm Beach, Florida, el espléndido palacio conocido como La Querida, sirvió como Casa Blanca de invierno durante la presidencia de JFK y es uno de los símbolos más lujosos del patrimonio inmobiliario asociado al nombre Kennedy; hoy figura entre las mansiones más valiosas de Estados Unidos.

Los Kennedy en La Querida, Palm Beach, Florida. (Foto: Getty)

El peso de una herencia y la vida cotidiana

Aunque Tatiana no heredó directamente estas míticas residencias, su vida estuvo profundamente marcada por la atención que siempre ha rodeado al apellido Kennedy y sus lugares. Su propio hogar en Nueva York (y los veranos en Martha’s Vineyard) reflejan esa mezcla entre intimidad familiar y el eco de una historia que sigue fascinando.

Su muerte no sólo conmueve por la pérdida personal, sino porque recuerda que, detrás del brillo y el lujo de las casas históricas y los paisajes idílicos, hay vidas humanas complejas, con alegrías y tragedias, como la suya.