Casa Decor vuelve a convertir Madrid en un escaparate vivo del interiorismo, el diseño y la arquitectura contemporánea. La edición de este año (abierta al público hasta el 24 de mayo) no sólo ocupa un edificio excepcional, sino que invita a recorrerlo como quien entra en la memoria de la ciudad: capas de historia, transformaciones sucesivas y una sensibilidad actual que respeta lo que fue sin renunciar a lo que puede ser. Hace unos días fuimos recibidos por Alicia García, directora de Casa Decor, en uno de esos espacios que explican por sí solos el espíritu del proyecto. «Estamos en un lugar muy especial. Antiguamente fueron las cocheras del Palacio donde vivieron los Medinaceli; después se convirtió en capilla del convento, y todavía conservamos su espectacular cristalera. Es un espacio con alma, con muchas vidas encima».
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El edificio, en pleno corazón del Barrio de Las Letras (en la esquina donde confluyen San Agustín y Cervantes), se inserta en un entorno profundamente literario y artístico, donde todavía resuenan las huellas del Siglo de Oro. Barrio de las Letras ya ha sido escenario habitual de Casa Decor, pero este año la experiencia se intensifica: «Hemos estado cerca, en Atocha 34 o en Plaza de Canalejas, pero ahora estamos de lleno en un barrio histórico que forma parte del ADN cultural de Madrid», explica Alicia.
El edificio donde se celebra esta edición tiene una historia arquitectónica y social de enorme densidad. Construido entre 1892 y 1895 por el arquitecto Enrique Sánchez y Rodríguez como residencia del marqués de los Vélez, fue una de las últimas casas palacio levantadas en esta zona. «Los marqueses eligieron este solar no por casualidad (apunta Alicia). Podrían haber optado por el Paseo de la Castellana, pero quisieron reivindicar el valor simbólico de estos terrenos ligados a la antigua casa de Medinaceli. Había una intención clara de linaje, de continuidad histórica».

Del palacio al convento: una nueva vida
«Es impresionante cómo la historia se ha ido superponiendo en este edificio sin borrar del todo lo anterior»
Esa memoria aristocrática convivió durante décadas con nuevas funciones. En 1926, el palacio pasó a manos de la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, convirtiéndose en convento y colegio. Fue entonces cuando las antiguas cocheras se transformaron en capilla, un espacio que hoy sigue siendo uno de los más impactantes del edificio. «Es impresionante cómo la historia se ha ido superponiendo sin borrar del todo lo anterior», señala Alicia.
La intervención actual de Casa Decor en este lugar ha sido concebida como un diálogo respetuoso con esa historia. Uno de los proyectos más destacados es The Silent Chapel, firmado por el interiorista Raúl Martins. «Lo que hace Raúl es muy inteligente (explica Alicia). No compite con la arquitectura original, sino que la deja hablar. Es una intervención serena, casi silenciosa, que permite que la capilla recupere su protagonismo».

El concepto del espacio se basa precisamente en esa contención. La restauración de elementos históricos se ha realizado con extremo respeto, mientras que los nuevos volúmenes introducen una capa contemporánea que no invade, sino que acompaña. Materiales cerámicos y de apariencia pétrea construyen un lenguaje visual sobrio que dialoga con la monumentalidad del edificio. «La madera aporta calidez, el trabajo artesanal introduce una dimensión táctil muy importante (añade Alicia). Es un equilibrio entre lo duro y lo orgánico, entre lo eterno y lo humano».
En esta edición, la sostenibilidad vuelve a ocupar un papel central dentro de la campaña Casa Decor Sostenible. «Queremos que la experiencia no sea sólo visual (explica la directora), sino también sensorial y consciente. El visitante no sólo recorre los espacios, también los toca, los percibe, entiende los materiales». Esa interacción se convierte en parte del propio discurso expositivo.
Tailandia como país invitado en Casa Decor 2026
«Cuando entras, te sientes arropado (resume Alicia). Es una experiencia de calma, casi de refugio»
Otro de los grandes ejes internacionales de esta edición es la participación de embajadas y proyectos culturales. Este es el quinto año consecutivo en el que Italia participa como embajada invitada, consolidando un diálogo creativo constante con el diseño español. Este año se suma también Tailandia, que presenta un concepto profundamente vinculado a su identidad cultural. «Es un país que no sólo habla de su clima, sino de su filosofía de vida (explica Alicia)».
El espacio tailandés reúne piezas seleccionadas de diseñadores galardonados con el Premio a la Excelencia en el Diseño, y se construye a partir de materiales naturales como bambú, teca o tejidos sostenibles. «Cuando entras, te sientes arropado (resume Alicia). Es una experiencia de calma, casi de refugio».
Más allá de lo estético, el proyecto también tiene una dimensión social importante. «Muchos de los objetos que mostramos están hechos a mano, con materiales reciclados o rediseñados para su uso cotidiano. Con ello no sólo recuperamos técnicas tradicionales, sino que apoyamos a comunidades locales y ayudamos a evitar el vaciamiento de las aldeas”.

El recorrido por Casa Decor también permite entender cómo está evolucionando el interiorismo contemporáneo. «La tecnología tiene un papel fundamental (reconoce Alicia). Hoy ningún estudio trabaja sin inteligencia artificial, porque ayuda a acelerar procesos y ampliar la creatividad». Pero, al mismo tiempo, advierte de un cambio de sensibilidad en las tendencias: «Hemos pasado de espacios muy claros y naturales a una estética más profunda, más oscura, casi volcánica». Un hecho que deja patente que la situación socioeconómico se refleja en el interiorismo.
Tendencias: del minimalismo a la materia
«Lo importante no es sólo lo que ves, sino cómo lo sientes cuando estás dentro»
En conjunto, esta edición de Casa Decor se siente como un ejercicio de equilibrio constante: entre pasado y futuro, entre lo artesanal y lo tecnológico, entre lo monumental y lo íntimo.
Y en ese equilibrio aparece también el futuro del propio edificio. La propiedad del inmueble, compartida entre Sircle Collection y Take Point, lo transformará próximamente en Sir Agustín, un hotel de lujo con 33 habitaciones, restaurante y club privado.
En esa nueva etapa, la restauración respetará los elementos originales, integrándolos con intervenciones actuales que mantendrán su esencia. Una filosofía que, de algún modo, ya está presente en Casa Decor.
Porque más allá de ser una exposición de interiorismo, este proyecto es una forma de mirar la arquitectura como algo vivo. Y, como resume Alicia García al despedirnos, «lo importante no es sólo lo que ves, sino cómo lo sientes cuando estás dentro».
