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La experiencia del confinamiento en los centros de personas con problemas psíquicos

by OKDIARIO

La pandemia ha sido algo inaudito en las vidas de todos nosotros. Hemos estado más de dos meses confinados, sin ver a nuestros padres, hermanos, hijos o nietos, porque la virulencia del Covid-19 podía poner nuestra salud y la de nuestros seres queridos, en un serio peligro. Ha sido, sin duda, un tiempo de decisiones y comportamientos de responsabilidad individual que han tenido un impacto directo sobre el devenir de la sociedad en su conjunto.

Para todos han sido unos meses duros, llenos de situaciones difíciles que nos ha costado mucho superar. Pero ¿cómo han sido capaces de superarlo las personas con alguna discapacidad psíquica? ¿Cómo han llevado el cambio de rutinas y horarios? ¿Cómo han soportado el aislamiento y la restricción de visitas de sus familiares?

La importancia de explicar qué es el Covid-19 y cómo adaptarse a una nueva realidad

Laura Nieto, directora de la residencia para personas con Alzheimer de El Berrueco (Madrid), que está gestionada por Clece, explica a OKDIARIO que “les dimos una pequeña formación en la sala polivalente con un contenido sencillo que elaboró un equipo técnico, aunque algunos de ellos ya estaban informados de la situación del coronavirus por la televisión”.

Esta formación, de hecho, se brindó unos días antes de que el Gobierno decretara el estado de alarma. “El día 9 de marzo ya les dijimos que no vendrían los familiares, debido a la información que teníamos de otros países, y que, además, debían estar en las habitaciones porque no debíamos tener contacto”, detalla Nieto. Además, también les dijeron que “íbamos a poner mucho jabón y geles desinfectantes por todas partes, debían acordarse de lavarse las manos y también insistimos mucho sobre los síntomas y la importancia de comunicarlo al médico si los sentían”.

La reacción de la mayor parte de ellos, según comenta la responsable del centro madrileño, fue de curiosidad, aunque en general estaban bastante familiarizados. “A la hora de explicarles, todo ha jugado a nuestro favor”, explica Nieto, “el año pasado tuvimos una gripe y, por precaución, tuvieron que estar aislados en sus habitaciones. Esto les hizo reaccionar muy bien. No obstante, de la noche a la mañana no les metimos en la habitación, fue progresivo”.

Estos centros, según explican, tienen unos horarios muy organizados y el tiempo siempre está ocupado con actividades y talleres. Esto no ha cambiado durante los meses de pandemia, sino que se ha readaptado la manera de hacerlos. En El Berrueco, por ejemplo, los terapeutas y psicólogos repartían crucigramas y dibujos, a los residentes para que trabajaran en su habitación, ya que sólo salían para comer. “La mayoría se han comportado muy bien, muy colaboradores. La actividad estrella, lo que más les gusta, es jugar al bingo, así que lo que hemos hecho ha sido repartir los cartones por cada una de las habitaciones y, desde el pasillo con un micrófono, hemos cantado los números”, explicar divertida Nieto.

El bingo y la música han sido las actividades estrella del confinamiento

Por su parte, Silvia Tolosa, coordinadora de enfermería de la residencia para discapacitados psíquicos ‘la Llum’ en Carlet (Valencia), señala que en el centro “hay personas que están acostumbradas a salir muchísimo a pasear, acudir a centros ocupacionales o hacer actividades con la Asociación Contra la Violencia de Género, por lo que estar aislados en su habitación les ha sido complicado de entender”.

No obstante, explica, “tenemos un claustro muy grande, así que pueden estar haciendo un montón de actividades ahí, cumpliendo con la distancia de seguridad”. Entre muchas de las acciones que se han hecho, hay una que ha tenido especial relevancia entre los residentes y ha sido el uso de la musicoterapia. “Les encanta la música, algunos días hemos hecho actividades de relajación, otros días hemos relacionado la música con los sentimientos que podían sentir como el miedo o la alegría. Pero, sin duda, el día estrella es el que dedicamos a la percusión porque hacen la batucada. Este es su día favorito”, apunta.

Y no sólo eso, también en relación con la música, los especialistas y terapeutas del centro gestionado por Clece,  han montado un taller de radio adaptado a nivel interno para que se dediquen canciones entre ellos. “Es muy divertido, cogen el micrófono y eligen canciones para sus compañeros”, detalla Tolosa.

Al igual que sus compañeras, Arantxa Sobrino, que dirige el Centro Ocupacional Residencia para Personas con Discapacidad Intelectual Colmenar de Oreja (RESCO Colmenar de Oreja), ha explicado que en esta pandemia “ha habido momentos de todo tipo, pero en general todos los residentes han reaccionado muy bien”. Y añade que, además de sus explicaciones para darles todas las medidas de precaución, “ellos también estaban informados porque ven la televisión y también han ido viviendo todo, fase por fase, como el resto de ciudadanos”.

Momentos de incertidumbre, tiernos y divertidos

Sobrino, de todos modos, confiesa que al principio “hubo un poco de temor, de miedo, mucha incertidumbre y curiosidad de cómo es el virus pero ahora estamos en la fase de cuándo se va a pasar y cómo se va a curar”. Durante el confinamiento se han fomentado mucho las actividades que más les gustan. Una de ellas es el trabajo que hacen en el huerto que, según la directora, “ha sido una terapia impresionante”. También se ha habilitado una zona de juegos con bancos, mesa de pin pon y un futbolín.

Entre risas, Nieto también cuenta que una de las cosas que ponía clave de humor al encierro por el Covid-19 era la falta de servicio de peluquería. “Al final ya nos decían: ‘Pero, madre mía, qué pelos tengo. ¿Cuándo viene la peluquera?’. Las terapeutas han tenido que cortarles el pelo. Algunas residentes se han cortado y teñido solas. Son muy presumidas, tenemos un taller de belleza y estética, que solicitaron cuando pedimos sugerencias de talleres. Hoy ha venido la peluquera y la han recibido casi como si fuera una fiesta de fin de año”.

Teletrabajo para los usuarios de centros ocupacionales

Cabe destacar, además, que en estos centros no sólo hay residentes, sino también usuarios que iban cada día al centro ocupacional. Una actividad diaria que tuvieron que dejar de hacer ya que, por motivos de seguridad, los centros ocupacionales se cerraron. Sin embargo, explica Sobrino, nadie dejó de llevar a cabo sus acciones de terapia y estimulación cognitiva porque se hizo un seguimiento semanal para que no perdieran hábitos y ritmo.

“Desde aquí se les hizo un plan de teletrabajo. Les preparábamos tareas diarias y semanalmente lo llevábamos hasta sus casas. Han hecho trabajos de artesanía de cara a Navidad o han plantado semillas para ver cómo crecen sus plantas”. Las familias, por su parte, “están muy agradecidas porque estaban entretenidos. Además, les hemos insistido mucho sobre la importancia de los horarios y que nos les dejen dormir hasta las tantas, por ejemplo”.

Un elemento clave: las tablets para las videollamadas

Uno de los elementos que esta pandemia han sido la salvación de muchas familias para verse y charlar un rato, a pesar de la distancia, han sido los elementos tecnológicos. En este sentido, desde Clece repartieron tablets por las residencias que gestionan y, de este modo, se ha conseguido una comunicación fluida entre todos.

“Tener tablets nos ha ayudado mucho. Veían a sus familias y de éstas, además, sólo podemos decir que han colaborado muchísimo. No ha habido ningún problema, nadie que se haya presentado sin avisar. No, todo lo contrario, incluso una familia mandó un montón de cajas con caramelos para repartir entre todos”, relata Nieto. “Desde el minuto cero, cuando se cerró todo, la empresa nos facilitó todos los medios de comunicación y con las tablets han llamado a sus familias y eso les ha venido fenomenal”, añade Tolosa desde Valencia.

Explica también que ha habido momentos tiernos y divertidos a lo largo de este confinamiento. “Una chica muy divertida le decía a su padre: “Andrés ¿no vienes? ¿Estás malo o es que estás viejito?’ o hemos hecho videollamada a tres con una de nuestras usuarias para que hablara con su madre, que está en una residencia de ancianos, y con sus cuñados. Si vieras lo emocionada que se puso al ver a su madre, es que no te lo puedo explicar con palabras”, comenta.

Citas previas para las visitas en la desescalada

La desescalada se está organizando directamente con las familias, los centros las están llamando una a una para concertar citas previas y, de este modo, evitar cualquier aglomeración en sus instalaciones. Las visitas poco a poco están regresando, pero lo harán de forma muy ordenada para seguir velando por la salud de todos.

“La semana pasada vinieron dos familias, sabían que no podían entrar aún, pero se quedaron tras el cristal de la puerta viendo a sus familiares. Al verles, la alegría fue inmensa, pero, claro, no entendían que no entraran. Nos decían: ‘Pero, bueno, ábreles la puerta’. Pero, al final se conformaron”, relata la directora de la residencia de El Berrueco.

Sobrino, por su parte, explica que en este momento “hay mucha ilusión de los familiares por venir a ver a los residentes, pero ya se les ha explicado e informado de todas las normas: nada de contacto físico, tienen que estar alejados para que no haya ningún contagio. Todo lo hemos hecho con reuniones concertadas, cuando a ellos también les viene bien, las visitas duran alrededor de 30 minutos y una vez se han ido se higienizan todas las salas”.

En definitiva, ante una situación extraordinaria como esta, las residencias para  personas con discapacidades psíquicas han tenido que romper un poco con sus rutinas y sus horarios para adaptarlas a una realidad inesperada. “Nos hemos adaptado. Esto es como una casa y tenemos que organizarnos en línea con las circunstancias, pero la respuesta por la parte de los residentes ha sido muy favorable”, concluye Sobrino.

UN PROYECTO DE OKDIARIO PARA CLECE