En el casco antiguo de Toledo la gente vive. No sólo pasea, hace fotografías y compra mazapán o espadas. En el centro monumental de esta ciudad imperial, los ciudadanos habitan los edificios históricos, reciben al cartero en sus patios del s. XVI, pasean a sus hijos por calles y plazas singulares. Incluso algunos jóvenes acuden a estudiar a diario a lo que un día formó parte del claustro del Monasterio de San Juan de los Reyes, construido bajo el patrocinio de Isabel la Católica.
Y no, no nos referimos a los miles de turistas que recorren a diario la ciudad, sino a los vecinos, toledanos de nacimiento o no, que tienen el privilegio de despertarse en casas centenarias, entre vestigios de las distintas culturas que las habitaron.
Así es Toledo. Un sueño.
Por eso, y gracias a esa riqueza cultural, Toledo fue declarado Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986. Un año que, además, resultó ser decisivo para el futuro de la ciudad, desde el punto de vista de la conservación y el cuidado de su núcleo urbano, al nacer el Consorcio de la Ciudad de Toledo, un ente público con identidad y hoja de ruta propia que nació con la vocación de conservar la arquitectura de la ciudad y estabilizar y fijar población en el centro histórico para que no perdiera la vida vecinal. Dos retos complicados que, de forma progresiva, se están consiguiendo.
Actualmente, el Consorcio está liderado por Jesús Corroto, arquitecto toledano muy vinculado al territorio y conocedor de su realidad, con una marcada sensibilidad humanística: las ciudades deben ser vividas por sus vecinos. Por eso, la ciudadanía ocupa un lugar central en sus intervenciones.
Más de 45 millones de euros: 2.650 viviendas recuperadas

En los últimos 25 años, con el objetivo de conservar el patrimonio y mantener vivo el casco histórico, el Consorcio ha gestionado un presupuesto de 172 millones de euros. Una parte importante de esos recursos se ha destinado a la vivienda, aunque también se han impulsado iniciativas de apoyo al comercio local.
En concreto, más de 45 millones de euros han servido para rehabilitar más de 580 edificios y recuperar más de 2.650 viviendas. Además, se ha destinado más de un millón de euros a apoyar a más de 140 comercios de proximidad mediante mejoras en sus fachadas, estructuras y otros elementos de interés. Una inversión con un impacto directo en la calidad de vida de los toledanos.
Financiación y acompañamiento al vecino

Entre las iniciativas de la institución destacan varios ejes de actuación. Uno de ellos es la concesión de líneas de financiación destinadas a la rehabilitación del patrimonio arquitectónico y cultural del casco antiguo de Toledo. A ello se suma el acompañamiento a los ciudadanos durante el proceso de reforma de sus viviendas y edificios, con asesoramiento especializado de un equipo multidisciplinar formado por arquitectos, arqueólogos y restauradores expertos en conservación.
Es decir, el Consorcio acompaña a los vecinos durante todo el proceso. Una aventura que, además de dinero, requiere grandes dosis de paciencia. Imaginemos que decidimos hacer obras en casa o modernizar el inmueble que hemos heredado de nuestros padres y, de repente, bajo un falso techo aparece un artesonado de tradición mudéjar, unas inscripciones en hebreo con pasajes del Antiguo Testamento, unas yeserías históricas alrededor del dintel de una puerta o los restos arqueológicos de unas termas romanas bajo el edificio en el que siempre hemos vivido.
Nada de esto es ciencia ficción. En viviendas particulares del centro histórico de Toledo se han encontrado elementos patrimoniales de incalculable valor que requieren mucho más que un lavado de cara o una sutil mano de pintura.
Habitar y convivir en un espacio como la parte antigua de Toledo también conlleva una gran responsabilidad: la conservación. Y todo ello, por supuesto, a pesar de la eventual (y momentánea) incomodidad que pueden suponer los hallazgos ya citados. Y es aquí, precisamente, donde la acción, la iniciativa y el apoyo del Consorcio de la Ciudad de Toledo se convierten en herramientas imprescindibles porque, gracias a ellas, los inconvenientes de la rehabilitación y la reforma se hacen más llevaderos y ligeros.
Los vecinos sienten que no están solos
Dos de estas vecinas son Matilde y Ángela Sánchez, hermanas y propietarias de un edificio histórico cercano a la Catedral de Toledo y a pocos minutos de la Plaza de Zocodover, que actualmente está en plena rehabilitación con el apoyo del Consorcio de la Ciudad de Toledo. Un espléndido inmueble que siempre ha pertenecido a su familia desde hace varias generaciones y que ahora están rehabilitando para que sea su vivienda habitual.


«Aquí hemos jugado, vivido con nuestros abuelos y celebrado la Navidad. Para nosotras es la casa donde queremos vivir, aunque el proceso de remodelación esté siendo un poco más largo de lo normal», explica Ángela.
Cuando decidieron hacer la rehabilitación de este edificio familiar, los propietarios se encontraron con la desagradable sorpresa de que la estructura estaba muy dañada y requería de una acción urgente e integral. Tras la primera intervención, que fue la de apuntalar la base de la vivienda, todo se ha ido modernizando y reformando poco a poco, a la vez que iban apareciendo elementos artísticos e históricos de gran valor histórico que se han intervenido con mimo y tienen un lugar único en el proyecto de interiorismo: cuidados, restaurados y bien iluminados, dándoles el protagonismo que merecen.

Algunas plantas del edificio ya se destinaban a vivienda familiar, mientras que otras servían como espacio de trabajo para los padres de las hermanas Sánchez. Es el caso de la zona que ahora ocupa Matilde: «En concreto, esta parte del edificio era el despacho de mis padres, que eran abogados. Diría que, en parte, estoy viviendo aquí porque mi madre me animó a arreglar este espacio y quedarme, aunque yo tenía casa propia. Esta casa es un lujo porque, a pesar de las dificultades que puede plantear la ciudad o la propia rehabilitación, para mí es un privilegio vivir donde vivo».
«Emocionalmente, Toledo y esta casa son muy importantes para mí», explica. «Por eso, contar con la ayuda del Consorcio y el acompañamiento de sus arquitectos ha sido fundamental, tanto por su dedicación como por la confianza que tenemos en ellos. Durante las obras han aparecido muchos elementos de gran valor, como este artesonado cuya existencia desconocíamos porque estaba oculto bajo un falso techo. Jamás hemos pensado en ocultarlo o renunciar a conservarlo para no retrasar las obras. Y esa concienciación se debe, en parte, al trabajo del Consorcio».
El Corral de Don Diego y el Salón Rico: regeneración urbana

Uno de los ejemplos más reveladores del trabajo del Consorcio es la regeneración urbana del Corral de Don Diego y el Salón Rico, un espacio cercano a la plaza de la Magdalena que hoy está lleno de vida. Durante décadas, este rincón de Toledo permaneció abandonado y deteriorado, hasta convertirse en un foco de marginalidad, pese a encontrarse a pocos pasos de Zocodover, la principal plaza del casco antiguo.
El corazón de este conjunto es el Salón Rico, una espectacular construcción de estilo mudéjar vinculada a Diego García de Toledo, un destacado personaje de la sociedad castellana del s. XIV. Hoy, este espacio histórico vive una nueva etapa. La joya arquitectónica sufrió un importante deterioro durante el siglo XX y llegó a utilizarse como herrería y garaje del primer taller de Ford de la región, en las décadas de 1960 y 1970.

Hoy, aquella herida empieza a cerrarse gracias a las intervenciones integrales impulsadas por el Consorcio de la Ciudad de Toledo. Los trabajos se desarrollaron en el marco de un programa de participación ciudadana que permitió a los vecinos opinar sobre la transformación del espacio. La idea de fondo era clara: no limitarse a crear nuevos museos, sino recuperar lugares para la vida cotidiana.
Aquel diálogo, basado en la escucha activa y la negociación, dio como resultado un espacio que ha recuperado su dinamismo vecinal: una plaza pública con graderío, vegetación y fuente; cinco viviendas para jóvenes en régimen de alquiler, y dos locales destinados al comercio de proximidad. Además, la recuperación del Salón Rico y el Corral de Don Diego ha revitalizado el entorno y abierto una nueva vía de conexión entre la zona del Alcázar y Zocodover.
El Consorcio de la Ciudad de Toledo cumple ahora 25 años de trayectoria. Una institución todavía joven, pero con una idea clara: conservar a través de la vida cotidiana, para que el centro histórico no se convierta en un mero decorado, sino en un escenario humano donde llorar, reír, casarse y divorciarse.
Vivir, en definitiva.


