Viajes

Dos hoteles para entender Barcelona: del pulso urbano al refugio más exclusivo

(Foto: Melia)

Arte, cultura, historia y entretenimiento confluyen de forma genuina en la ciudad de Barcelona. En el fondo, es inimaginable pensar que no hay un viajero que no encuentre en la ciudad condal su mejor versión. Todo por la forma en que pasado, presente y futuro toman cada rincón de la ciudad a su antojo para jugar con el turista y regalarle un efecto óptico constante que alta temporalmente al libre albedrío. Está claro que Barcelona tiene identidad, personalidad y, sobre todo, una gran historia que contar. Cómo conocerla depende de ti, pero hay dos hoteles de lujo que han adquirido el papel de recopilar su historia y ofrecerla a los clientes en cada visita. 

Extensa, caótica y a la vez ordenada, histórica y vanguardista. Barcelona es una ciudad con muchas caras, que se rozan y se encuentran entre sus calles. Hay muchas formas de descubrir la ciudad: desde el aire, observando cómo el caos del Barrio Gótico se proyecta cuadriculada a través del ensanche. O a pie, siendo testigo de cómo el modernismo, el neoclásico y el vanguardismo conversan sobre la arquitectura de la ciudad mostrando su evolución.

(Foto: Meliá)

Entre tanto, solo los hoteles tienen el poder de adquirir prestados rasgos de su identidad y convertirlos en lujo habitable. No les pertenece el encanto de la ciudad, pero en su interior recrean y reinterpretan la atmósfera de sus barrios, de su historia, y la unen con el mundo en su red interna. Dos de ellos, ME Barcelona y Torre Melina Gran Meliá toman prestado todo ello, lo moldean con su esencia, y presentan a los huéspedes una cita íntima con su forma de entender Barcelona.

ME Barcelona: Conectado con el destino contemporáneo 

Plaça de Catalunya conecta las dos Barcelonas: la gótica, original, la ciudad encerrada entre murallas, y la nueva. Una ciudad reinventada tras la instauración del Plan Cerdá, que planeó la cartografía en forma de pane que hoy presenta. Enraizadas a la plaza emanan algunas de las arterias principales de la ciudad, como Passeig de Gràcia, el gran nodo de lujo urbano, donde las principales firmas internacionales toman los bajos de edificios firmados por algunos de los arquitectos más importantes de la ciudad. 

Passeig de Gràcia. (Foto: Pexels)

Es un punto estratégico que aguarda bajo la atenta mirada del Rooftop Bar del hotel. No es común comenzar a contar un hotel desde el tejado, pero en su vista se asoman dos fenómenos urbanísticos de esta ciudad: la ya mencionada plaza y, en el otro extremo, la silueta casi terminada de la Sagrada Familia. Este spot es también uno de los puntos más especiales del lugar para disfrutar de un cóctel de autor —o un mocktail en su defecto—, incluso de rejuvenecer desde las alturas con la opción que incorpora colágeno. 

Ya que la gastronomía está en el plano principal, el punto fuerte dentro de la estructura del edificio se encuentra en la primera planta del restaurante, donde Luma mantiene el espíritu coctelero, Traca invita a los comensales a comer dentro y fuera, en su terraza exterior. Trueno, de alma bohemia, reencarna el alma secreta y neoyorquina que viaja al Mediterráneo con su carta italiana.

TRACA Restaurante. (Foto: Meliá)

Esto te lleva de nuevo a la planta baja, embriagada por arte en cada rincón. Porque en este lugar, la cadena hotelera Meliá te muestra su faceta más artística, más vanguardista y más primorosa de la ciudad. Dentro del hotel, todo lo que encuentras es arte: desde una silla de la diseñadora Patricia Urquiola, las lámparas de Marset, o cuadros de Alberto Vanestokin. Tiene obras en todos los hoteles ME de Meliá, porque cada vez que se planea una reforma o apertura en uno de los hoteles de este sello, él se pone manos a la obra y diseña la colección. Se encuentran en las zonas comunes y ayudan a hacer que cada suite tenga una personalidad que la diferencie. Este hotel en concreto cuenta con 164 habitaciones, de las que 26 son suites. Apunta esto, porque la 513 es la mejor: cuenta con 183 metros cuadrados que incluyen un dormitorio independiente y una terraza que ocupa casi la mitad del espacio.

Suite del MeBarcelona con el cuadro de Alberto Vanestokin de fondo. (Foto: Meliá)

O andar entre las obras cedidas por el museo MoCO, con presencia en Barcelona, Ámsterdam y Londres. Con este último tienen una colaboración por la que el museo cede obras de forma itinerante a su espacio cultural Corner, situado tras la recepción. Aunque la más exclusiva es la opción de descubrir el museo a puerta cerrada y acceder a su terraza secreta con un desayuno con la Pastelería Brunells.

ME Barcelona no solo se encarga de mostrar la ciudad, sino de hacer que cada molécula del ADN de la ciudad condal se convierte en una experiencia. Almost unreal experiences lo llaman. Hablamos de arte, pero también de gastronomía, pudiendo visitar las bodegas de Pere Ventura de forma privada. También relajarte las clases de yoga con las que cuenta el hotel y, pese a que no tienen parte de spa y únicamente cuentan con cabinas de masajes donde se imparten tratamientos con la firma Sense, tienen acuerdos con el espacio AIRE Ancient Baths Barcelona. Nada como privatizar el spa, disfrutar de una cata de vinos y quesos y hacerlo en pareja.

Rooftop Pool del hotel MeBarcelona. (Foto: Meliá)

Siempre la manía de dejar lo mejor para el final lleva a que la última gran experiencia de este hotel derive en la moda. Durante la 080 el hotel se convierte en el punto de encuentro de diseñadores, artistas, modelos y personalidades relevantes del ecosistema fashion de la ciudad. Todo porque el hotel ha sido el patrocinador oficial de la mayor cita de la moda catalana por segundo año consecutivo. Pero ME Barcelona no termina aquí su andadura con la moda.Durante el año, la experiencia más premium permite a los huéspedes que lo deseen poder ir a TRENT, el conocido espacio de alquiler de ropa de lujo, a que un asesor elija su ropa del evento. Tanto que ya ha sido más de una celebrity la que ha vivido esta experiencia en el hotel.

Carmen Lomana y Métrica en el desfile de Domenico de la 080. (Foto: Meliá)

Torre Melina Gran Meliá: el renacer de un clásico

Saltamos de la faceta contemporánea a la más activa de Barcelona. Corría el año 1992 cuando la ciudad fue sede oficial de las Olimpiadas. En la memoria de todos sus habitantes quedó Montserrat Caballé, quien cantó «Barcelona«. Para desmitificar un bulo, Freddie Mercury y Caballé grabaron la canción y la interpretaron juntos en 1988, pero nunca llegaron a actuar en directo en esta ocasión. El hecho es que frente a tal despliegue deportivo, la ciudad aumentó su infraestructura para dar cobijo a visitantes y deportistas y uno de los edificios que emergió entonces fue el hotel que hoy toma la Torre Melina Gran Meliá como base.

Hotel Torre Melina Gran Meliá. (Foto: Meliá)

Se encuentra estratégicamente situado en Pedralbes, junto a la Diagonal, el Real Club de Polo y el Spotify Camp Nou, accesible a pie; y al Palacio de Congresos de Catalunya. Si lo visitas durante el Torneo Godó, lo más seguro es que te topes en el desayuno, en la piscina exterior, en los jardines de Torre Melina – de quienes toma el nombre – o en cualquier zona común con alguno de los tenistas que lo disputan. Porque todos ellos descansan en el hotel, al igual que los cientos de trotamundos corporativos que pasean trajes y maletines por su interior.

Evento celebrado por el torneo de tenis Godó. (Foto: Meliá)

Aquí el deporte y el MICE convergen en toda su esencia. Ejemplo de ello es su cercanía a las instalaciones deportivas y su ático. Antaño ejercía como la residencia privada de un jeque y ahora es una rooftop que acaba de abrir sus puertas y diferentes espacios articulables que pueden alquilarse para eventos corporativos.

El hotel reabrió sus puertas en 2023 tras una ardua reforma que redujo el número de habitaciones de más de 400 a 391 habitaciones; 20 son suites. Todo por permitir que las estancias más premium tuvieran un espacio más confortable: la más impresionante tiene tres plantas y casi 200 metros cuadrados.

Hotel Torre Melina Gran Meliá. (Foto: Meliá)

Dentro impone, pero sus espacios exteriores están dispuestos a ofrecer un oasis urbano. Por un lado, en su imponente spa que cuenta con área fitness, zona de aguas y cabinas de tratamiento protagonizadas por la firma SeaSkin, originaria de Mallorca. El flechazo surge en el restaurante BESO Beach, que a su vera esconde un pequeño lago oculto en el jardín. No es su único espacio gastronómico. Quien pone la nota de sabor a primera hora de la mañana es Grand Café Torre Melina 1992, un homenaje al despertar gastronómico, que también puede disfrutarse durante el resto del día.

Hotel Torre Melina Gran Meliá. (Foto: Meliá)

¿Recuerdas la posibilidad de ver Barcelona en helicóptero? Es posible porque el hotel Torre Melina Gran Meliá tiene un helicóptero donde, además de recorrer la ciudad a vista de pájaro, puedes ir en media hora a disfrutar de una experiencia enológica sin igual en el Priorat. Experiencia que se combina con la alta gastronomía de Erre&Urrechu, el restaurante del chef Íñigo Urrechu donde la carne se convierte en un objeto de culto.

Erre & Urrechu. (Foto: Meliá)