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Ciudad de Panamá en 48 horas: guía de lugares y restaurantes para disfrutar la ciudad de los rascacielos

Ciudad de Panamá. (Foto: Pexels)

La Ciudad de Panamá fue el crisol de las américas en mestizaje de culturas. Primero habitaron pueblos indígenas, después llegaron los españoles durante la colonización. Más tarde, el comercio, la construcción del Canal de Panamá y la influencia de Estados Unidos atrajeron comunidades afrocaribeñas, europeas y asiáticas, creando la mezcla cultural que caracteriza al país hoy. Moldeando una identidad bipolar, un hub financiero donde la tradición forma parte de una forma excepcional del ADN y donde solo 48 horas pueden servir de aliciente para conocer algunas de las paradas imperdibles de su recorrido urbano.

El Casco Antiguo

Ciudad de Panamá tiene dos lugares con gran historia: al este se encuentra Panamá Viejo, las ruinas arqueológicas de la antigua Panamá, fundada en 1519. Y, al oeste, Panamá Antigua, el lugar donde la historia colonial arquitectónica ofrece una de las visitas más encantadoras de la ciudad. Es curioso como entre sus calles dialogan de forma orgánica la vida local y el turismo de la misma forma que lo hacen los locales autóctonos con gastronomías de especialidad y restaurantes más vanguardistas.

Casco Viejo de Panamá. (Foto: Lucía Lera)

Comenzó a habitar en 1673, después de que el pirata Henry Morgan destruyera la ciudad original. Aquí se levantaron varias iglesias coloniales, entre ellas las conocidas como las siete iglesias del Casco Antiguo y una muralla que defendía la parte colonial y cuyos restos, tras su demolición en el siglo XIX, hoy forman parte del paisaje urbano.

Hay que empezar la visita por el Casco Viejo en la Plaza Mayor, también conocida como Plaza de la Independencia y Plaza Catedral: tres nombres para tres de los cuatro períodos de la historia de la ciudad. Ahí se encuentra el Hotel Central, construido en 1874-1875 como el más antiguo de Panamá. Cerca se encuentra el restaurante El Nacional, donde la Reina comió con la princesa Leonor durante su parada en la ciudad a bordo del buque escuela Juan Sebastián de Elcano en 2025.

Reina Letizia y la princesa Leonor en Panamá. (Foto: Gtres)

Otro edificio icónico se encuentra en lo que hoy ocupa el hotel La Compañía. Antiguamente daba cobijo al Convento de la Compañía de Jesús que fue expropiado por Carlos III en 1767. El trágico desarrollo de este edificio no terminaría ahí: más adelante sobreviviría a un incendio y a un terremoto. Seguimos el paseo por el paseo de las bóvedas, donde se encontraba la antigua cárcel de la ciudad y que sirvió de escenario para un episodio de la serie Prison Break.

 

Paseo de las bóvedas (Foto: Pexels)

Aunque hoy no se pueden visitar en su mayoría, las que están abiertas acogen diferentes muestras de arte. Desde la parte superior del paseo se puede vislumbrar el Museo de la biodiversidad, uno de los primeros y los pocos edificios diseñados por Frank Gehry en Latinoamérica porque su mujer era panameña.

Museo de la biodiversidad. (Foto: Pexels)

El Centro Financiero

Como consecuencia del eco del Canal, Panamá continuó consolidándose como un epicentro de la economía internacional y una de las consecuencias más espectaculares es, sin duda, su skyline. El por qué Ciudad de Panamá se encontró con este floreciente crecimiento de edificios de super lujo es algo casi natural, frente a una situación en la ciudad donde se debe tener en cuenta la suma de una economía floreciente, la situación geográfica de la ciudad y el desarrollo reciente de este lugar.

Skyline de Ciudad de Panamá. (Foto: Lucía Lera)

El primero, y más evidente, es que Panamá es uno de los centros bancarios y financieros más importantes de América Latina. Muchas empresas, bancos y multinacionales tienen oficinas allí, lo que ha dado como resultado la construcción de muchas oficinas y apartamentos de lujo y un skyline único en el continente. Se suma la falta de espacio dentro del núcleo urbano de la ciudad, que acrecentó el hecho de que gran parte de su construcción tuviesen que abrazar la verticalidad.

No puede faltar una tarde o una mañana dedicada a recorrer la Calle 50, una de las avenidas principales y más importantes donde se concentran bancos, oficinas, hoteles y rascacielos. Debe ser una de las visitas obligatorias de esta ciudad, que puede tomarte poco menos de una mañana y que pueden culminar visitando el epicentro de las tiendas de lujo en el Soho City Center.  

(Foto: Pexels)

Entre ellos, uno de los más representativos de la ciudad es la F&F TOWER, más conocida como «la torre tornillo». El por qué es evidente: se debe a la forma contorsionada de su estructura de 243 metros. La mala noticia es que no se puede visitar, pero sí contemplar desde el exterior como este edificio comulga con la estética moderna de los grandes edificios de la ciudad.

F&F TOWER. (Foto: Pexels)

Icónico también es el edificio donde nos alojamos: el JW Marriott. Sí, otro de esos que junto al mencionado anteriormente encuentras en las tiendas de souvenirs. No es un hotel como otros tantos que acostumbras a visitar en las grandes ciudades, pues su recepción se eleva hasta la planta 13 puesto que las anteriores están reservadas para residencias privadas. Pero esto hace aún más espectacular que «pie a tierra» (como solemos concebir las recepciones) la altura regale al exterior y su infinity pool el don de sobrevolar la línea de costa.

JW Marriott Panamá. (Foto: Marriott)

Gastronomía

Mencionamos al principio que Ciudad de Panamá es mestizaje cultural y, ¿qué mayor representación de la cultura de un país que su gastronomía? Historia y tradición convergen entre sus icónicas paradas, como el café Coca Cola, fundado en 1875 y, curiosamente, el único restaurante que tiene el nombre de una marca de bebidas sin tener nada que ver con ello. De hecho, una de sus especialidades se encuentra en su plato de ropa vieja.

Café Coca Cola. (Foto: Lucía Lera)

Y qué mayor cátedra que las cocinas de La Tapa del Coco, el proyecto de Isaac Villaverde y Armando J. Bramwell (a las cocinas) para defender el legado culinario de la comunidad afropanameña en Panamá.  A manos de Armando – quién ha desarrollado su carrera gastronómica entre las cocinas de grandes restaurantes como Disfrutar (Barcelona. Reconocido como el mejor restaurante del mundo), Quintonil (México, con dos estrellas Michelin) o los restaurantes del grupo de restauración del panameño Maito – descubres que una cena nunca antes podía entenderse como una cátedra a esos niveles.

Almejas al curri de La Tapa del Coco. (Foto: Lucía Lera)

Entra de la cocina, sale, atiende y explica de forma casi genuina para poner cada una de las elaboraciones en contexto. Dando paso a platos como el ceviche de mercado con corvina y la leche de tigre panameña (elaborada con vinagre blanco, limón y sal), sus imperdibles almejas con curri, las torrejas de bacalao (herencia de su paso por España y que bien podrían recordarnos a los buñuelos de bacalao) con salsa de frutos rojos. O los patis, cuyo origen se encuentra en los pastys ingleses, una herencia de la gastronomía afro, y que se elaboran a base de plátano o carne.

Patis de La Tapa del Coco. (Foto: Lucía Lera)

La Tapa del Coco se encuentra en la posición 61 de los Latin America’s 50 Best Restaurants, unas posiciones por debajo de Maito, que ocupa el lugar 18 del listado. Su cocina representa la mezcla de influencias «afro», asiáticas y caribeñas. Sin abandonar nuestro hotel, también el restaurante Masi debe entrar entre las paradas gastronómicas de este lugar. Y no solo por las vistas (que también), sino por la experiencia que supone poder disfrutar de una especialidad local como es el cebiche en un entorno tan excepcional.

El sitio por antonomasia donde comer en cualquier rincón del país son las fondas, el lugar ideal para comer rico y barato. Aquí se dibujan nombres propios de la ciudad como son la Fonda del Campo, en el barrio Boca la Caja, Fonda Any, en el epicentro financiero. Y, si te alejas de la tradición, Fonda Lo que Hay ofrece una versión más actualizada y vanguardista de este tipo de lugares.

Y, como capitales del producto, no pueden faltar los mercados. El más austero es el Mercado San Felipe Neri, colmado de la riqueza local y donde es inevitable sumarte a la fiebre de los jugos que puedes encontrar en la parte posterior del edificio. Igual de inevitable que parar en el Mercado de Mariscos. Su estampa no puede ser más sincera: por un lado, los pescadores desembarcando los frutos de la jornada de pesca; por otro, el mercado donde se expone todo el producto y entre medias, tomando las zonas exteriores, cientas de mesas dispuestas al aire libre donde poder disfrutar de la gastronomía marina.

Mercado San Felipe Neri. (Foto: Lucía Lera)

Y si te sobra un día…

… viaja al paraíso, porque no puedes abandonar Ciudad de Panamá sin ver las perlas del mar panameño. Concretamente, el entramado de islas paradisíacas que dan forma al archipiélago de San Blas. Concibe la percepción de paraíso en todo su esplendor, situado en un lugar recóndito que te lleva casi tres horas desde la ciudad llegar. Pero una vez estás ahí la estampa se describe sola: entre playas de arena blanca bañadas por agua de un cristalino indescriptible. 

Isla de San Blas. (Foto: Olatz Viejo)

Cada pequeña isla tiene un carácter, pero todas comparten esa esencia de isla panameña, con cabañas de madera que alguna vez sirvieron de refugio para pescadores y que hoy albergan a los pocos turistas que pueden quedarse en sus inmediaciones. O restaurantes donde se realiza la parada para el almuerzo. En este caso, en un restaurante que se eleva sobre el mar con un muelle, una de las muestras arquitectónicas más características de las zonas costeras de la isla. Puedes reservar esta excursión a través de diferentes operadores de viajes, como Get Your Guide, aunque la oferta de excursiones a este lugar es interminable.