En Madrid cada esquina parece tener historia; hay bares que, sin proponérselo, terminan entrando en el cine. Es el caso de Bar Benito, un local humilde del barrio de Ventilla que ha pasado de servir cañas a convertirse en el cuartel general del personaje más gamberro del cine español en Torrente presidente, dirigida y protagonizada por Santiago Segura. Y es que, siendo Santiago Segura muy de barrio, la apuesta por un bar de este tipo era segura.
Lo primero que llama la atención de este bar, ubicado en el distrito de Tetuán, muy cerca de Ventilla y Plaza de Castilla, es que no intenta ser moderno. ¡Ni falta que le hace! Su encanto está precisamente en lo contrario: mesas sencillas, una barra de toda la vida y paredes cubiertas de fotos antiguas, banderines y recuerdos deportivos. Es un lugar que parece detenido en el tiempo, como si los años pasaran más despacio entre sus paredes.
«Si es que donde hay buen género, se nota. ¡Venid a tomaros algo antes de que nos pongan seguridad privada en la puerta!»
Así bromeaba el dueño tras anunciar que su bar había sido elegido como escenario de la película. Y no es casualidad. El espíritu castizo, cercano y algo caótico del local encaja perfectamente con el universo de Torrente: exagerado, irreverente y profundamente reconocible.
(Foto: Torrente, presidente)
En la película, el bar se convierte en el centro de operaciones del protagonista, ahora metido en política con un partido ficticio. Entre cañas, conversaciones absurdas y planes disparatados, este rincón de Tetuán funciona como el corazón de la historia. Pero lo curioso es que, fuera de la ficción, sigue siendo exactamente lo mismo que antes: un bar de barrio donde todo el mundo se conoce.
«Puedes pedir sin miedo a sentirte atracado»
Y ahí entra otro de sus grandes atractivos: la comida. Porque sí, aquí no sólo se rueda cine, también se come (y bastante bien). Con cada bebida, el bar ofrece una tapa gratuita, generosa y variada. Desde pinchos clásicos hasta pequeñas sorpresas del día, siempre hay algo acompañando la consumición.
Si decides quedarte a comer más en serio, la carta mantiene esa filosofía de bar honesto y sin complicaciones. Puedes encontrar tortilla de patatas jugosa y recién hecha, raciones sencillas como embutidos o aperitivos clásicos y tapas variadas por unos 4€, aproximadamente.
«Un buen bar de toda la vida a precios razonables»
Y todo ello con precios que parecen de otra época. Un botellín de cerveza ronda los 1,70 €, siempre acompañado de algo para picar. No es extraño que los clientes destaquen constantemente su relación calidad-precio.