Antonio Orozco: «Me inventé un premio y me lo di a mí mismo para salir en la prensa»
Antonio Orozco no es sólo un cantante. Es un superviviente creativo, un narrador de sí mismo y, sobre todo, un artista que nunca ha seguido el camino fácil. Capaz de sorprender incluso cuando parece que ya lo ha contado todo, el músico catalán vuelve a demostrar que su carrera está hecha de intuición y riesgo. El pasado año lanzó su propio vino y ahora arranca una ambiciosa gira por Europa que le llevará a ciudades como Londres, París o Dublín. Un nuevo capítulo para alguien que, paradójicamente, empezó inventándose su propia historia.
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Porque si hoy Antonio Orozco llena teatros, auditorios y grandes recintos, no siempre fue así. Para llegar hasta aquí tuvo que hacer algo que pocos artistas confesarían sin pudor: mentir. O, como él mismo matiza, inventar.
«No diría que soy mentiroso», reflexiona en una conversación reciente en Late Xou, «pero sí que he utilizado la mentira práctica». Y acto seguido lanza la confesión sin anestesia: «Yo me he inventado todo».
Inventarse, en su caso, no fue un capricho, sino una necesidad. «Yo me he inventado todo lo que me he tenido que inventar para poder sentarme hoy aquí contigo», reconoce. Cuando nadie apostaba por él, cuando no había estructura ni equipo, decidió crearlo todo desde cero. Incluso a las personas.
«Me inventé un personaje que se llamaba Carlos del Sol, mi manager»
Uno de los episodios más surrealistas (y reveladores) de su trayectoria es el del falso mánager. «Yo me inventé un personaje que se llamaba Carlos del Sol”, recuerda entre risas. Un alter ego profesional que se convirtió en su propio departamento de promoción. «Yo cogía el teléfono y decía: Buenos días, Cadena Dial Valencia. Tengo un artista jovencísimo, guapísimo, te lo voy a llevar para que lo conozcas«. Al otro lado del teléfono, nadie sospechaba que el supuesto mánager y el artista eran la misma persona. «Yo me hacía mis propios planes de promoción a mí mismo», confiesa, riéndose de una época tan precaria como decisiva.
Pero si eso parece extremo, la historia del premio autoconcedido roza lo legendario. «Bueno, luego ya he hecho cosas peores», apunta alguien en la mesa. Y Orozco no lo niega. «Nooo, esa es mucho peor», admite. El momento culminante llega con la revelación: «Sí, me inventé un premio. Y me lo di a mí mismo».
Así nació el famoso Ticket de Oro. «Hice una gira súper bonita, una gira de teatros», explica. «Tengo que decir que era una gira muy importante. Fueron hasta 135.000 personas a verla». Y, sin embargo, nadie parecía darse cuenta. «No salí en ningún lado. No salían ni en la gacetilla de mi instituto y yo estaba enfadado», recuerda. La solución fue tan ingeniosa como irreverente: «Dije: Pues ya está, me voy a dar un premio a mí mismo”.
El galardón tenía nombre propio, El Ticket de Oro, y una consecuencia inesperada. «Fue guapísimo porque, por primera vez, me cubrieron. Salí en todos los lados». La moraleja, en boca del propio Orozco, es clara: a veces hay que creérselo antes que nadie.