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Charlène de Mónaco luce el ‘privilegio del blanco’ ante el Papa León XIV en Semana Santa

Charlène y Alberto de Mónaco con el Papa León XIV. (Foto: Getty)

De todas las élites del mundo, las monarquías se encuentran en la cúspide de la pirámide y son los pocos que tienen privilegios frente a figuras mundiales de importancia, sobre todo cuando se trata de la iglesia. Con el comienzo de la Semana Santa, uno de los lugares que se llena de turistas, clérigos y creyentes es el Vaticano. Eso sí, no se puede ir vestido de cualquier manera. Según las normas, es obligatorio cubrir hombros y rodillas. Se deben evitar tirantes, escotes, pantalones cortos, minifaldas y sombreros, además de un color prohibido, el blanco. Llevarlo es el privilegio de pocas y Charlène de Mónaco es una de ellas. 

Charlène y Alberto de Mónaco con el Papa León XIV. (Foto: Getty)

La princesa consorte de Mónaco está casada con el príncipe Alberto II desde 2011 y, en este tiempo, ha sido protagonista de titulares y portadas. La ex nadadora olímpica sudafricana es conocida por su estilo elegante y su labor social, mientras lleva soportando años de rumores sobre su salud y matrimonio. Por mucho que se haya dicho, ella sigue casada y nos ha deleitado con una imagen bastante singular en la visita del Papa León XIV al principado de Mónaco.

El blanco, un privilegio real ante el Papa

Ante el Sumo Pontífice, hay que mantener un decoro y no se puede ir de cualquier manera. Además de las características que ya hemos mencionado, este color está prohibido y es un privilegio que no sólo es cuestión de vestuario… Es una de las tradiciones más exclusivas y simbólicas del protocolo vaticano. En definitiva, no todos los días se ve una reina vestida de blanco delante del Papa. De hecho, que una reina consorte se presente con un atuendo de este color ante el Santo Padre no es un gesto estético, sino una declaración cargada de historia y poder.

Charlène de Mónaco. (Foto: Getty)

Esto puede parecer muy simple, pero no. Responde a Le privilège du blanc (El privilegio del blanco), que tiene sus raíces en siglos pasados, cuando la iglesia católica y ciertas monarquías europeas sellaron alianzas políticas y espirituales. Se trata de una antigua concesión pontificia, reservada exclusivamente a ciertas reinas católicas, que les permite vestir de blanco durante las audiencias con el Papa. Son pocas las privilegiadas.

Charlène de Mónaco y su hija. (Foto: Getty)

Entre los nombres destacados están la Reina Letizia de España, la reina Paola y la reina Matilde de Bélgica, la gran duquesa María Teresa de Luxemburgo y la princesa Charlène de Mónaco. Todas tienen algo en común y es que son representantes de casas reales católicas, con una larga historia ligada a la Iglesia.

Charlene de Mónaco, una privilegiada de blanco ante el Papa Leon XIV en Semana Santa

Con la princesa de Mónaco tenemos algo claro y es que tiene un estilo intachable. Con el comienzo de la Semana Santa, han hecho una visita a la Santa Sede y han posado junto al Papa, León XIV. Este es un hito bastante extraño y es que, en la agenda papal, Mónaco no suele ser un habitual. Antes de las 9 de la mañana, se veía al Sumo Pontífice llegando en helicóptero. Allí le esperaban el príncipe Alberto II y Charlène de Mónaco con sus dos hijos gemelos, Jacques y Gabriella, en una recepción breve y muy anhelada. Una imagen que ha sido protagonista del comienzo de la jornada.

Charlène y Alberto de Mónaco con el Papa León XIV. (Foto: Getty)

En el exterior, la ex nadadora y su hija llevaban un atuendo blanco, algo que es un auténtico privilegio. Ella ha presumido de estilo y la hemos visto con un abrigo de sastrería, de corte cruzado escriturado, con hombreras que aportan presencia, complementado con unos sencillos zapatos de salón. Su hija, al igual que ella, impoluta, llevaba un abrigo del mismo color, de corte recto y un cuello ornamentando. Debajo, un sencillo vestido midi, con puntilla superpuesta y un velo, como bien marca la tradición. Así que, mientras el negro impone respeto y recogimiento, el blanco, en este contexto, es mucho más que un color. Es un gesto diplomático y un símbolo de fidelidad religiosa que ha marcado el comienzo de una Semana Santa en Mónaco.