La historia de una artista global siempre tiene un punto de partida, un lugar al que volver cuando todo se acelera. En el caso de Bad Gyal, ese origen no es una gran capital ni un enclave inaccesible, sino un pueblo costero del Maresme donde el mar marca el ritmo y las calles aún conservan una identidad muy definida. Allí creció antes de conquistar escenarios internacionales y allí sigue estando una parte esencial de su imaginario. Este recorrido nos lleva hasta ese rincón de Cataluña donde empezó todo: un enclave mediterráneo que mezcla tradición marinera, arquitectura con historia y una calma que contrasta con la energía de su música.
Hablar de los orígenes de Bad Gyal es hablar de Vilassar de Mar, un municipio situado a apenas media hora de Barcelona que ha pasado de ser un enclave pesquero a convertirse en uno de los destinos más agradables del litoral catalán.
Aquí nació Alba Farelo en 1997 y aquí creció, en un entorno marcado por la cercanía del mar, la vida de barrio y una cotidianidad muy distinta a la que hoy proyecta sobre los escenarios.
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De pueblo pesquero a destino con encanto
El pasado de Vilassar de Mar está profundamente ligado al mar. Durante siglos fue un núcleo de pescadores que vivían de cara al Mediterráneo, hasta que en el siglo XIX el comercio con América transformó su fisonomía.
Ese momento marcó la aparición de las llamadas casas indianas, viviendas construidas por quienes regresaban de hacer fortuna al otro lado del Atlántico. Hoy, estas edificaciones siguen formando parte del paisaje urbano y aportan un carácter único a sus calles.
El resultado es una mezcla muy reconocible: tradición marinera, arquitectura con historia y una evolución hacia destino de veraneo que no ha borrado su esencia.
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La identidad que define a una generación
El vínculo de Bad Gyal con su tierra no es sólo geográfico, también es cultural. La artista ha defendido en múltiples ocasiones su identidad catalana, incorporando el idioma y referencias locales en su música y en su discurso público.
Aunque la carrera de Bad Gyal la ha llevado a ciudades como Miami, París o Milán, su pueblo natal representa justo lo contrario: calma, anonimato y raíces.
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Cuánto cuesta vivir en el origen de Bad Gyal
Vivir en Vilassar de Mar no es precisamente asequible. El municipio, uno de los más codiciados del Maresme por su cercanía a Barcelona y su estilo de vida tranquilo junto al mar, se mueve en precios que rondan entre los 3.800 y 4.200 euros por metro cuadrado. Esto sitúa el coste medio de una vivienda en una horquilla de entre 400.000 y 500.000 euros, aunque la cifra puede dispararse fácilmente según la ubicación y el tipo de propiedad.
En la práctica, esto se traduce en pisos que parten de unos 350.000 euros, mientras que las casas familiares, como podría ser en la que creció la artista, se sitúan habitualmente entre los 500.000 y los 800.000 euros.