ANÁLISIS: Cuatro se ha visto obligada a estrenar “Dreamland”

ANÁLISIS: Cuatro se ha visto obligada a estrenar “Dreamland”

Sólo cabe esta explicación. Un producto deficiente en todos los aspectos menos excepto en el coreográfico que cuenta con el patrocinio de Coca Cola. Analizamos el estreno.

REDACCIÓN MEGATELE
@megatele

Cuatro se ha visto obligada a estrenar “Dreamland”. No es un dato que alguien haya confirmado de manera oficial, sino una deducción a la que llegamos todos aquellos que tuvimos la valentía de ponernos el pasado viernes frente al televisor para ver el primer episodio de esta… ¿serie?.

No sería descabellado pensar que el compromiso publicitario adquirido con Coca Cola haya obligado a Paolo Vasile a seguir adelante con la emisión de este producto. Sólo así se comprende que su grupo de comunicación, que no dudó en abortar antes de su estreno productos dudosos como “Guasap”, haya aceptado emitir semejante despropósito audiovisual y además lo haya programado los viernes, día en el que, amén de la baja calidad del producto, no tenía ninguna posibilidad de triunfar ante la falta de público joven que esa noche apenas se sienta a ver la televisión.

La muy deficiente interpretación de todos y cada uno de los actores (incluida la inmensa Natalia Millán y su acento Guadiana), un guión sin sentido ni coherencia, una edición inexplicable con cortes abruptos entre escena y escena o la falta de información sobre los personajes (aunque la serie llevaba gestándose tres años, no nos dieron ningún tipo de explicación de quiénes son ni de por qué están ahí), son sólo algunos de los motivos que ya han coronado a “Dreamland” como una de los productos televisivos peor paridos de la historia.

Sin embargo, hay un aspecto positivo a destacar: Las coreografías se notan cuidadas y trabajadas (en eso los protagonistas son profesionales), aunque en el momento de cantar, vuelven a faltar al respeto al espectador con unos playbacks terriblemente ejecutados.

Frank Ariza, creador y director, fue protagonista en el especial posterior al capítulo

Mención aparte para la falta de pudor de su creador y director, Frank Ariza, que no sólo se atreve a hablar de su criatura como si fuera una obra maestra, sino que en el especial posterior a la emisión del primer capítulo (en el que entrevistan a actores que ni aparecen en el capítulo de estreno o bien se les ve de refilón y por supuesto sin abrir la boca) confesó inocentemente cosas muy tremendas.

El antiguo gerente de la empresa Dreamland Comunicación (¡Qué original!), a través de la que organizaba eventos y representaba a artistas como Elsa Pataky, con la que terminó peor que mal, dice sin inmutarse que prescindieron del trabajo de los guionistas por falta de presupuesto (Aunque sí hubo dinero para viajar a Los Ángeles, curiosamente sin alguno de los protagonistas) y que ellos y los actores asumieron esa tarea.

El alma de este proyecto televisivo no tenía muy claro si se trataba de una serie o un programa y también aseguró frente a la cámara que a los seleccionados a entrar en “Dreamland” les dijo: “Quien quiera bailar, que baile, quien quiera cantar que cante, y quien quiera interpretar, que interprete, pero lo importante es que tengáis compañerismo”. Quedó clara la prioridad (no alcanzada) de su responsable. Esto exculpa a los actores de todo este gran pecado. Los pobres han hecho lo que buenamente han podido.

Y un último dato a analizar. Que se vayan olvidando los productores noveles o productoras de nueva generación de poder colocar un producto en las grandes cadenas de ahora en adelante. Si ya de por si era complicado saltarse la confianza que generan productoras veteranas como Globomedia o Gestmusic, con este atrevimiento de Vasile, prácticamente se cierran las puertas a los nuevos creativos que quiera presentar sus ideas. No creo que haya ganas de nuevos experimentos.

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