Fanny es feminista de Almas Veganas

La feminista vegana que acusaba a los gallos de violar a las gallinas es prostituta de 3.000 € por un finde

Fanny, la líder del colectivo animalista ‘Almas veganas’ que acusaba a los gallos de violar a las gallinas, es escort de lujo. A razón de 3.000 euros el fin de semana, esta activista por los derechos de los animales ejerce como «trabajadora sexual», según reconoce ella misma en sus redes sociales.

Bajo el nombre de Úrsula, se promociona en internet como «muy sensual e intensa». «Si quieres transportarte a un mundo diferente, lleno de placeres, yo soy la mujer ideal para conducirte hasta él», agrega. Asegura que tiene 25 años, unas medidas de 90-65-90, 161 centímetros de altura y 55 kilos de peso. «Estoy disponible en: Girona-Costa Brava. Podemos encontrarnos en tu hotel o en un apartamento por horas. Atiendo a caballeros, señoras y parejas. Si lo deseas, también puedo acompañarte en veladas y viajes».

Como durante el día está trabajando en el «refugio animalista» donde cuida vacas, cabras y gallinas, entre otros animales, Úrsula señala que «si quieres citarte conmigo a partir de las 12 de la noche, llámame el día anterior para que pueda organizar mi agenda y así quedar completamente libre para disfrutar de lo que más me gusta: gozar de tu compañía».

Vídeo explicativo

Después de que la polémica haya saltado a las redes sociales, esta mujer procedente de Cataluña que acostumbra a prodigarse en los medios de comunicación ha lanzado un comunicado en forma de vídeo. En el mismo explica que «están rulando anuncios de mi trabajo personal» y admite así que es «trabajadora sexual».

vegana gallinas
Imágenes promocionales de Úrsula.

En todo caso, sostiene que no le sorprende que se haya desvelado su doble vida. «Esperaba que sucediera en algún momento porque estamos sufriendo desde hace un año y pico un escarnio brutal hacia mi persona y hacia el colectivo animalista en el que milito», sostiene.

«Todos lo saben»

Fanny apunta que «nunca jamás» ha «ocultado» su profesión de «escort». «Para nada. Todo mi entorno lo sabe. Desde la mujer a la que le compro el heno para el santuario a la gente que ha venido a ayudar en el santuario. No lo voy ventilando por ahí porque utilizo las redes sociales para hacer activismo», agrega.

A continuación, utiliza su minuto de gloria para soltar un discurso político contra «el patriarcado». «Aprovecho para visibilizar la problemática que se cierne sobre el trabajo sexual. No está reconocido, estigmatiza mucho, se criminaliza a todas las personas que trabajan así. Lamentable que suceda en 2020. El trabajo sexual es trabajo. En España es alegal. Muchas compañeras están trabajando para que se reconozca y podamos tener derechos como cualquier trabajo. Los derechos que existen son una mierda total, vivimos en una total precariedad», sostiene.

Pide que «se deje ya de estigmatizar a quienes deciden libremente ejercer la prostitución». «Ya está bien de seguir este sistema patriarcal qué dice está bien y qué no. Qué podemos hacer y qué no con nuestros cuerpos. Para algo son nuestros», agrega.

Feminismo hegemónico

Por otra parte, esta activista carga contra el feminismo de Irene Montero o Carmen Calvo, que quiere acabar con las prostitutas. «Podemos ser feministas y trabajadoras sexuales. Vamos a ver… A mí no me representa este feminismo hegemónico abolicionista; discrimina a muchísimas compañeras, no es inclusivo». Se reconoce «transfeminista» y defiende «a las putas, las bolleras, las trans, les no binarias, etc. Es un feminismo que lucha por incluir, por sumar en la maravillosa libertad que existe». «El problema real de todo esto no es de qué trabajamos: es que tengamos que trabajar», zanja.

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