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¿Por qué no deberías dormir con el pelo mojado?

¿Por qué no deberías dormir con el pelo mojado?
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A mucha gente le encanta la sensación de acostarse con el pelo mojado. Durante el periodo estival puede aportar una cierta frescura, aportando a las personas una cierta relajación. Sin embargo, los que se decantan por esta opción se están creando más problemas que beneficios. En este artículo te explicamos por qué no deberías dormir con el pelo mojado.

Los efectos negativos van más allá de sufrir un resfriado o un catarro, que también puede ser un problema secundario.  En primer lugar hay que decir que el cuero cabelludo resultará uno de los principales dañados, además de los músculos. Cuando el frío y la sensación de frescura se localizan en esta parte del cuerpo las cervicales acaban sufriendo más de la cuenta.

Por otro lado, el cabello también resultará perjudicado al acostarse con el pelo mojado. Al absorber la humedad se acaba abriendo la cutícula y esto consigue que las proteínas se separen y disgreguen. Esto implicará que la persona quede más expuesta ante posibles gérmenes y bacterias.

Además, debido a la sensibilidad, el pelo tiene más posibilidades de dañarse. No te extrañe que se pueda partir, secar o abrirse, entre otras cosas. De poco servirá que utilices mascarillas o cualquier otro tipo de tratamientos, porque quedaría frenado el efecto. La humedad en esta zona del cuerpo consigue la inflamación de la musculatura, en donde lo más probable es que sufras de tirantez en el cuello y notes los crujidos cada vez que lo gires.

Otros daños que consigue el pelo mojado

Picores: la humedad consigue que se inflame el cuero cabelludo. Sufres el riesgo de padecer una sensación de picor bastante desagradable.

Caspa: el origen de este problema se encuentra en el funcionamiento inadecuado de un hongo. Procura nutrirse de los aceites grasos de los folículos para comenzar la renovación celular del cuero cabelludo. La humedad consigue modificar la vida de los hongos, que se acaban reproduciendo con mayor rapidez.

Dolor de cabeza: al acostarnos por la noche el cuerpo incrementa la temperatura, por lo que unido a la humedad se origina una especie de evaporación, que puede desencadenar en un fuerte dolor de cabeza.

Resfriado: el frío se cuela por los poros, llegando incluso a traspasar las sábanas y las almohadas. Y esos tejidos permanecen en contacto con la espalda, garganta y piel, llegando a provocar faringitis, mucosidad, tos, etc.

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