Alimentación

Por qué deben ponerse en remojo las legumbres antes de cocinarlas

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Dentro de una dieta equilibrada y variada no pueden faltar las legumbres. Están incluidas dentro de la mediterránea, en donde se aconseja consumirlas al menos tres veces por semana en sus distintas variantes. Se trata de un alimento nutritivo y saludable. Las más consumidas en España son los garbanzos, seguidas por las lentejas, judías y habas blancas. También ha irrumpido con fuerza en nuestro país la soja. Sin embargo, posiblemente habrás reparado que resulta común ponerlas en remojo unas horas antes de prepararlas. Es un hábito que se ha transmitido de generación en generación y que resulta muy útil. A continuación te explicamos por qué deben ponerse en remojo las legumbres antes de cocinarlas.

Al tratarse de un alimento seco, en el caso de que no se pongan en una fuente con agua o una olla antes de prepararlas, posiblemente la mayor parte del tiempo que se pongan al fuego irá en que el agua llegue a la parte central de la legumbre, quedando muy frágil su zona exterior. Al poner este tipo de productos en remojo conseguiremos una serie de beneficios.

En primer lugar, la cocción resultará mucho más rápida. Comprobarás como el tiempo de preparación se reduce considerablemente. Al ponerlas en agua varias horas estarás hidratando las legumbres, lo que te asegura un alimento de gran calidad y que aumentará su tamaño inicial. En ese punto será cuando adquieran el punto de más calidad.

Este proceso de remojo resulta muy sencillo. Basta con poner las legumbres en una fuente o una olla amplia en donde el agua las cubra por completo. Es preciso que no esté demasiado fría. Tampoco se recomienda quedarse corto con la cantidad del agua.

El tiempo en remojo

Durante las dos primeras horas las legumbres tienen la posibilidad de absorber casi la mitad de su capacidad. Pero a partir de las diez horas llegan a duplicar el peso, de ahí que aconsejen dejarlas en agua durante unas doce horas. La mayoría de las personas suele dejarlas toda la noche en un cuenco con agua para cocinarlas al día siguiente por la mañana.

Sin embargo, no todas las legumbres son iguales. Por ejemplo, las lentejas precisan unas cuatro horas de remojo, frente al margen de cuatro a ocho horas de las judías, habas o guisantes. Los garbanzos necesitan al menos unas ocho horas.

Una de las grandes dudas que tienen los cocineros principiantes es qué realizar con esa agua que hemos utilizado. Eso dependerá de las costumbres de cada uno. Hay personas que utilizan el agua de remojo para cocerlas posteriormente o que simplemente la tiran. Algunos expertos en nutrición aseguran que al hidratar las legumbres ciertos minerales y sustancias se quedan en el agua utilizada en el remojo, por lo que sí podría considerarse una buena opción aprovecharla.

Lo más importante de todo, principalmente si tienes poco tiempo, es que el acto de ponerlas a remojo te permitirá ahorrar bastante tiempo en el cocinado de las legumbres, ya que se acelerará la cocción.

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