Salud

Cómo adaptarse al nuevo cambio de hora

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Durante la madrugada del 26 de marzo se adelantaron una hora los relojes, y a las 2.00 horas fueron las 3.00 horas. Esto puede provocar alteraciones en las personas y por eso se aconseja llevar a cabo ciertas actividades para que el daño sea el menor posible. A continuación te explicamos cómo adaptarse al cambio al nuevo cambio de hora.

En el centro del cerebro el organismo cuenta con un regulador horario, que se regula a través de la luz solar y los estímulos del entorno. En algunos casos esto puede llegar a afectar al ritmo de las tareas.

Este cambio horario, que se lleva a cabo tanto en otoño como en primavera, supone una medida impulsada hace años con el propósito de aprovechar la luz natural y el ahorro de energía. Al adelantar los relojes se permite que no amanezca tan temprano y el día alargará las horas de sol por la tarde.

A simple vista parece que una hora no trastocará en exceso nuestros planes, pero sí que llega a generar alteraciones en el sueño, apatía, ansiedad, irritabilidad o mayor cansancio. Incluso hay cierto grupo de personas, en función de la edad, profesión o enfermedades que tenga que pueden resultar más vulnerables. En el caso de las personas sanas, las consecuencias se comparan en cierta medida a cuando se realiza un viaje en avión a otro país que cuenta con un horario distinto. El cuerpo continuará funcionando con el horario anterior, pero todo trabaja con el nuevo.

Mantener o conciliar el sueño resultará más complicado al irse antes la luz y aparecer antes la noche. Lo notaremos sobre todo al día siguiente, en donde no nos encontraremos del todo bien debido a que el sueño de ese día ha sido de peor calidad. Se experimentarán unas sensaciones muy parecidas a las del jet-lag, como tristeza, fatiga, pérdida de rapidez mental y energía física. Como mucho se prolongarán los efectos tres o cuatro días.

Para que estas alteraciones no sean tan pronunciadas hay que modificar ciertos aspectos en los hábitos unos cinco días antes. Lo aconsejable sería acostarse un poco antes para adaptarse al horario nuevo. De esa manera no se sufrirá tanto el adelanto de la hora y el cerebro se autoajusta.

Otro aspecto que contribuye a mejorar esta adaptación es la práctica de ejercicio físico. La actividad deportiva contribuye a mejorar algunas patologías como los trastornos del sueño y mejorar los ritmos del cerebro. Resultará más sencillo conciliar el sueño si durante los días previos no se hacen siestas. En lo referente a la alimentación, procura acostarte con el estómago normal, sin estar demasiado lleno o vacío. También hay que evitar la utilización de dispositivos electrónicos como el ordenador, el móvil o tableta.

Los grupos de población más vulnerables por este cambio son los niños y las personas mayores. Los bebés, por ejemplo, están marcados por los ritmos diurnos, en donde el cerebro se encuentra en fase de maduración, mientras que a la gente de más edad les cuesta más dormir.

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