Nutrición

¿Por qué nos enfadamos cuando tenemos hambre?

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Seguro que en alguna ocasión os ha ocurrido que de pronto habéis pasado, en cuestión de minutos, de ser (o al menos parecer) unas dulces y angelicales criaturas a auténticos seres tenebrosos a los que hasta el mismo Mr. Hyde tendría cierto respeto… Pues bien, al parecer, dejando de lado determinados momentos que pueden hacer aflorar ciertas conductas, este tipo de manifestación de exacerbación podría estar, y está, relacionada con la sensación de hambre. Y es que a veces cabe preguntarse qué fue primero, si el enfado o el hambre.

Cerrad los ojos e intentad poneros en situación: Estáis trabajando y de pronto os dais cuenta de que se acerca la hora de comer pero continuáis ocupados en la oficina o, vuestra mañana se ha alargado y tiene pinta de no querer soltaros la manita… No sabéis que vais a comer pero notáis como vuestros estómagos (y tripas) empiezan a sonar y el hambre se va apoderando de vosotros. De pronto, esa energía con la que os habéis levantado se va y da paso a una especie de nerviosismo que no augura mucho buen humor sino más bien el reflejo de un ser enfurecido al que no conviene molestar.

Abrid los ojos, ¿Cuántos de vosotros os habéis sentido de esta forma y habéis ido raudos y veloces a picar algo? Seguro que la gran mayoría (nosotros, por lo menos, estamos a dos carrillos y porque no tenemos más…).

Pero, ¿por qué ese mal carácter? ¿A qué se debe? ¿Acaso el hambre es capaz de provocar esa increíble transformación? Pues sí, el hambre tiene ese efecto en nuestro carácter pero, ¿sabéis por qué?

En realidad, cuando sentimos hambre, se producen dos procesos que son los causantes del cambio de humor. En primer lugar, cuando llega la hora de comer, lo que sentimos es la necesidad de recargar energías. O dicho de otra manera, el nivel de azúcar baja en nuestro organismo y toca reponerla, y cuando ese nivel de azúcar baja, nuestro carácter se ve afectado.

Pero no sólo el azúcar es el causante de ese enfado. Cuando nuestro cuerpo nos pide que comamos entra, además, en un estado de alerta. Éste, a modo de aviso, trata de mantener el organismo activo en un momento en el que anda escaso de recursos, y para poder seguir activo y así encontrar alimento, nuestro cuerpo libera adrenalina y más sustancias que provocan un estado de ansiedad y tensión. De ahí el nerviosismo y el cambio brusco de carácter, ya que la ansiedad no es más que una reacción de nuestro cuerpo ante lo que él piensa que es un estado de alerta.

¿Y cuál es la solución? Pues ni más ni menos que respetar ciertos horarios para comer, no saltarse ninguna de las comidas del día, y, si surgen situaciones que nos dificulten todo esto, tener a mano alguna pieza de fruta o snack que nos permita un extra de tiempo hasta que comamos.

¡Y si se os acaban los recursos, siempre podéis visitar algunas de nuestras recetas para ir abriendo boca y mitigar ese hastío!

Imagen: somospacientes

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