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Carpaccio de tomate, queso parmesano y pesto

Carpaccio de tomate, queso parmesano y pesto
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¿Habéis escuchado hablar alguna vez acerca de la doble identidad que plantea este alimento? ¿Se trata de una fruta o de una hortaliza? Si has contestado la primera opción has acertado a medias, y si has optado por la segunda, también.

No, no hay trampa, al menos por nuestra parte, ya que esa dualidad surgió, en el siglo XIX, a raíz de los intereses de las compañías importadoras, por un lado, y del gobierno por otro. Según una ley de la época, importar hortalizas conllevaba el tener que pagar impuestos, sin embargo no ocurría lo mismo con las frutas. Este motivo bastó para que los importadores de tomates luchasen a capa y espada para que este producto fuese declarado como fruta y, de este modo, ahorrarse ese pago. Su defensa se basaba en la propia definición del término “fruta”, entendiendo por el mismo la parte de la planta que contenía las semillas. Pero finalmente, el gobierno decretó que el mero hecho de no consumirlo tras las comidas a modo de postre, lo convertía en una hortaliza.

Carpaccio de tomate, queso parmesano y pesto

Sea como fuere, esta verdura con fallidas aspiraciones de fruta, nos facilita multitud de recetas gracias a su versatilidad a la hora de ser cocinada. Asado, frito, cocido, triturado, o crudo, el tomate aparece en la mayoría de nuestros platos.

¿Nuestra elección? Una receta fácil, muy rápida y riquísima; un carpaccio de tomate queso parmesano y pesto.

Ingredientes para 2 personas:

  • Unos 3-4 tomates Raf
  • Queso parmesano
  • 1 diente de ajo
  • Albahaca fresca
  • Piñones
  • Aceite de oliva
  • Sal

Elaboración:

El carpaccio consiste básicamente en cortar el ingrediente principal en láminas muy finas. Bajo esta técnica se puede prepara un carpaccio con casi cualquier alimento sin cocinar como puede ser la ternera (uno de los más comunes), de setas o, como es el caso de tomate.

Para ello, comenzaremos lavando bien los tomates. Esta receta no exige el tener que pelarlos, pero si deseáis podéis hacerlo, os llevará algo de tiempo pero el resultado merece la pena.

Carpaccio de tomate, queso parmesano y pesto

Con un cuchillo afilado o, si disponéis de una mandolina, los cortaremos en rodajas del grosor mencionado anteriormente e iremos colocándoles en la fuente o plato que vayamos a usar para servir.

A continuación haremos ligeras láminas de parmesano. ¿Un truco? Si contáis en casa con un pelador podréis laminarlo de manera limpia y rápida. Recomendación: Tened en cuenta que este tipo de queso posee un sabor fuerte, por lo que es aconsejable presentarlo aparte para que cada comensal se sirva a su gusto. Por otra parte, no os excedáis en cantidad para que todo el sabor de este fantástico queso no enmascare el del resto de ingredientes.

Pasamos a realizar el pesto, para el que tan solo tendríamos que meter en la picadora la albahaca, los piñones y el ajo junto con el aceite que haga falta para conseguir que sea una salsa fácil de extender sobre nuestro plato. Puedes sustituir los piñones por almendras e incluso por nueces, aunque estas le dan un sabor muy característico que quizá no sea el que buscas. Y un consejo: si quieres un pesto con un color verde intenso, mete la albahaca en agua hirviendo durante 3 o 4 segundos y verás cómo se intensifica su color natural.

Y ya solo queda emplatar.

Pondremos los tomates, encima el parmesano y finalmente el pesto. Si quieres, puedes añadir un poco de sal maldón (poca porque el parmesano ya es salado), un poco de orégano fresco, pimienta e, incluso, un poco de reducción de vinagre balsámico (pequeños puntos de vinagre de Módena con los que decorar además de aportar sabor). La lima también sirve si quieres aportar un suave toque ácido al plato.

Resumen
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Receta
Carpaccio de tomate, queso parmesano y pesto
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