Presidente a cualquier precio

Presidente a cualquier precio

Pedro Sánchez no quiere sorpresas en la sesión de investidura, no quiere asumir el descrédito de ir hacia otras elecciones generales y, sobre todo, quiere ser presidente del Gobierno a cualquier precio, cueste lo que cueste. Descartada la opción de la abstención de PP y Ciudadanos, ahora comienza la negociación con la extrema izquierda y los independentistas.

La carrera de Sánchez, la ya vivida y lo que queda por vivir, es la historia de una ambición tan intensa como vacía de contenido. El combustible de su terquedad va aliñado con carencia de escrúpulos  y poco más. La obstinación le condujo hacia fracasos inéditos –es el único líder político que ha sido expulsado de su propio partido en riguroso directo televisivo–, y esa misma obstinación le llevó a resistir hasta el golpe de suerte de la moción de censura.

En realidad, esta es una historia coral de ambición, porque el mismo afán por llegar al poder se detecta en Pablo Iglesias, sólo que al líder podemita le guía una mezcla de mesianismo comunista que, en su caso, resulta perfectamente compatible con el afán por el medro social y económico.

Ambición, loca ambición, es la atmósfera que se respira en el mundo independentista catalán. En lugar de querer formar parte de un todo más grande que ellos mismos, prefieren el camino de la ruptura. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial la fuerza de la globalización avanza hacia la construcción de grandes espacios culturales y geopolíticos. Véase, en el caso que nos ocupa, la Unión Europea. Los imaginarios Països Catalans nunca han existido y nunca existirán. Si España no fuera capaz de velar por sus intereses, Francia siempre será capaz de cuidar con eficacia de los suyos.

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