El órdago suicida de Iglesias

El órdago suicida de Iglesias

La figura pública de Pablo Iglesias no entrará a los anales de la Historia contemporánea de España. Según pase el tiempo, la distancia permitirá contemplar mejor a Podemos como lo que realmente fue; una algarada llevada al extremo en la coyuntura para ellos propicia de la crisis económica y el desgaste político de las formaciones tradicionales. Al frente del movimiento se situaron una cuadrilla de profesores universitarios de ideología comunista –ninguno catedrático–, todos ellos comandados por el vecino más famoso de Galapagar.

Esa particular combinación de mesianismo y cuquería, tan característica de Iglesias, ha sido la rampa de lanzamiento de Podemos; y probablemente será su tumba. Al carecer del cuajo, la estructura y la implantación territorial de un verdadero partido político, Podemos funcionó en sus mejores momentos gracias al estudiado impacto que Iglesias ejercía sobre la audiencia y los votantes españoles, poco acostumbrados hasta aquel entonces a los modos y maneras populistas tan característicos en otras latitudes. Pero el desgaste de materiales de Iglesias ha sido tan breve como acusado. El nepotismo, la continua emergencia de irregularidades de todo tipo y lo modales abiertamente autoritarios acabaron espantado a la práctica totalidad de la cúpula fundacional de Podemos y, por supuesto, a gran parte de sus votantes. El motivo de esta deserción masiva, en el fondo, es siempre el mismo: el escándalo de constatar que Iglesias es la viva antítesis del discurso que pregona. Todas las encuestas confirman que es una formación en franca decadencia. Esta es su situación actual.

Por ello, sorprende que Pablo Iglesias, dejándose guiar por su nuevo asesor estrella, Pablo Gentili, no quiera dar su brazo a torcer ante Sánchez, que en un alarde de sentido común no parece dispuesto a ceder cargos de ministro a Podemos, una formación financiada –no lo olvidemos– por Venezuela e Irán. Así, Iglesias, antes de favorecer la investidura del socialista, ahora preferiría ir a nuevas elecciones. Si todos los análisis demoscópicos coinciden en señalar que Podemos caería con claridad en unos nuevos comicios y que el gran beneficiado de su nuevo derrumbe sería precisamente el PSOE, conviene realizarse esta pregunta: ¿por qué parece empeñado en forzar la máquina hasta el escenario de la derrota? Entramos en el plano de las especulaciones, pero da la impresión de que el mesianismo de Iglesias no sólo le ha llevado a ser el creador de Podemos, sino que ahora le conduce a ser su destructor. Como apunta la canción: “Antes muerta que sencilla”.

 

 

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