Las malas leyes producen malos resultados

Las malas leyes producen malos resultados

La violencia de género y los residuos de machismo que todavía colean en el primer mundo son dos de los principales males que afectan a nuestras sociedades desarrolladas. Por eso es necesario y urgente combatir estos males con leyes eficaces, que vayan al corazón del mal para así zanjarlo de raíz. Pero cuando las leyes se escriben desde premisas ideológicas –es decir, desde premisas falsas–, su efecto dista de ser el deseado; por un lado, el mal a atajar continúa coleando impune; y, por otro, se crean problemas nuevos.

Esta es la situación que, punto por punto, estamos viviendo en España. Algo no anda nada bien cuando el secuestro de niños por parte de madres en proceso de separación de sus parejas comienza a suceder con cierta recurrente frecuencia, y además obedece al mismo patrón de conducta de supuestas denuncias falsas.  Todo proceso legal tiene que fundamentarse sobre la presunción de inocencia y una equidistancia a la hora de juzgar a las partes en conflicto. Pero si se diseñan leyes que otorgan una ventaja de partida a uno de los contendientes, el resultado en muchos casos será el imaginado; habrá desaprensivos que quieren aprovecharse recurriendo a la mentira y al victimismo.

Si toda batalla judicial es desagradable, las que afectan a la custodia de menores lo son mucho más. Por la intensidad emocional que tienen estos casos, y porque también afectan al futuro de menores de edad, el equilibro y el sentido de justicia que tiene que presidir estas situaciones ha de ser máximo. Cualquier resabio de corte ideológico tiene que dejarse inmediatamente al margen para que el aporte de luz sea el mayor posible. La causa de la mujer y de la infancia no puede acabar en manos de pedagogos y legisladores posmarxistas porque, de ser así, flaco favor se le estaría haciendo al 50% de la población y a todos los niños.

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