Un giro oportuno al centro

Un giro oportuno al centro

Pocas formaciones son capaces de presumir en cuanto a implantación territorial y capacidad de gestión cotidiana como puede hacerlo el Partido Popular en España. En unas elecciones municipales y autonómicas estos dos factores importan sobremanera. Por eso, todo indica que el resultado que obtendrá el PP el próximo 26-M mejorará el obtenido en las pasadas elecciones generales, donde muchos votantes tenían ganas de propinar un castigo a los populares o de experimentar con otras opciones ideológicas. Una vez comprobado para qué sirven los desquites en el mundo de la derecha española, cabe suponer que un número significativo de electores regresará a su opción inicial.

Otro factor: cada comunidad autónoma tiene su propio recorrido político, con características sui géneris. Y el desgaste que acumula el PSOE en Extremadura, Castilla-La Mancha y Aragón es muy fuerte. Aunque el PP ni mucho menos atraviesa su mejor momento, en estas tres regiones es muy probable que los populares alcanzarán la presidencia repitiendo un pacto a la andaluza. En este nuevo encuentro con las urnas, los líderes locales y autonómicos arropan a Casado –de hecho, son ellos los que se presentan–, mientras que el 28-A era Casado en solitario. La mayor incógnita electoral gravita sobre Madrid, donde Ciudadanos sobrepasó al PP en las generales. Cierto efecto deshinche con respecto a Vox hace que Isabel Díaz Ayuso sea la favorita de muchos analistas para alcanzar la Puerta del Sol.

En cuanto a Rivera, cuyo partido sigue teniendo un cierto aire urbanita y poco cuajado, no parece probable que repita unos resultados análogos a los del 28-A. En resumidas cuentas, todos los factores presentados permiten suponer que Pablo Casado recibirá en breve un importante balón de oxígeno. Falta le hará en una legislatura que se adivina larga y compleja.

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