Toni Cantó, ¿el Balki de la nueva TV3?

Toni Cantó, ¿el Balki de la nueva TV3?

Ya va siendo hora de apagar el pitillito de después e ir bajando del cenit electoral andaluz celebrado con la pompa de una boda caló tras el derrocamiento socialista. Ahora hay que girar la cabeza hacia la Comunidad Valenciana, pues ésta cumple ahora 4 años siendo víctima propiciatoria del comunismo más rancio y fascista, así como del golferío separatista catalán encarnado en Compromís y el PSPV. Con más de 40 sentencias del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) contra las políticas educativas de Puig, la mayoría por discriminación del castellano en las aulas, y una arquitectura clientelar aparejada por Puigdemont tan sólo equiparable a la sostenida en Cataluña y a la del feudo perdido por Susana Díaz. Valencia está destrozada y con una rodilla hincada en la tierra por culpa de eso que el PP y Ciudadanos llaman “consenso”. Esa cosa epidemiológica, cursi y sumisa que, no sé, se le debe pegar a uno en el culo al sentarse en un escaño y que debe obligar a los de Bonig y Rivera a llamar “amigos y personas respetables fuera del Hemiciclo” a comunistas y separatistas. La región levantina exige dejar de normalizar a los enemigos declarados de su ciudadanía y ese es el terreno más fértil para Abascal y los naranjas cuyo principal enemigo es, desde hace mucho, su falta de compromiso.

Valencia y su región es, ahora mismo, el laboratorio nacional de las medidas más totalitarias y liberticidas que únicamente han pasado desapercibidas gracias al monopolio informativo del golpe de Estado perpetrado en Cataluña. Aunque una inequívoca parte de él transcurría en el antiguo Reino en el que ya está implementada toda la realidad fáctica golpista: 20 años de educación entregada al catalanismo por parte del PSPV y el PP, millones euros corriendo como la pólvora por sus entes públicos, y A Punt, el aparato de propaganda de Puig y Puigdemont acordado en una reunión entre el presidente valenciano y Mas en Menorca en 2015, como requisito inapelable para que el urdidor del 9-N, forzara a Compromís a investir al socialista con el peor resultado de su historia.

Frente a esta realidad, Ciudadanos ha designado a Toni Cantó como candidato para el Parlamento valenciano, cuando su objetivo debería ser rectificar las cagadas más inexplicables de su partido. Ante sus ojos tiene el dirigente naranja la gran oportunidad de hacer de Burt Lancaster o del noño de Balki de ‘Primos Lejanos’ al perpetuar los errores de Rivera gracias a la desmemoria y la falta de información del electorado.

Los valencianos quedaron atónitos el día que Ciudadanos decidió votar a favor de la creación y apertura de A Punt, la mencionada televisión nacionalista comandada por la agente política de TV3 que lanzaba brindis públicos al sol por el llamado derecho a decidir. Otra consecuencia a la claudicación de Ciudadanos, tan enfermo por el pánico en los momentos claves y tan partidario de la bisoñez y la falacia de que tener una televisión pública en cada región es un derecho inalienable de todo ciudadano, así como su derecho a respirar, a prosperar y a su igualdad ante la ley. Ahora Cantó, aspirante a presidir la Comunidad, arremete contra Compromís y el PSPV por acusarle de “odiador” por pedir la despolitización de la TV3 que él mismo ha creado. Lo único cierto es que, para servir, Cantó tiene la obligación de cerrar ese engendro de 68 millones de euros de presupuesto y un 0,8% de audiencia creado ad hoc para defender a los “presos políticos” y toda la epidemia amarilla que, también por culpa de su partido, los valencianos no tienen más remedio que seguir financiando. No obstante, el único compromiso que, con respecto a este asunto, se le arranca al valenciano pescado en UPYD es el de “abrir la televisión a los profesionales, abrir la televisión a vosotros”. O sea, la mariconez política, así como su renuncia explícita a la valentía y a que su partido abandone el acervo de La Nada. La aceptación explícita de su papel como ‘Balky de la nueva TV3’.

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