El niño de Sánchez, un idiota

El niño de Sánchez, un idiota
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La izquierda hipócrita le ha vuelto a ganar por la mano al PP. Todos los voceros y plañideros del PSOE y Podemos, así como naturalmente las televisiones que les regaló Sáenz de Santamaría, se han lanzado a la carótida presentando a los populares casi como un partido magnicida que ha perpetrado, por boca de un atrevido infante, la desaparición física del aún presidente del Gobierno. ¡Qué ejercicio de cinismo! De ahora en adelante –lo tendrán que ver– el PP va a ser imputado de criminalidad y no es exageración. La inefable Carmen Calvo ha instado a la ministra de Justicia –y de Garzón–, Dolores Delgado, para que proceda contra el partido de Pablo Casado.

¿Contra el PP? Pero, ¿qué desvergüenza es ésta? La memez de niño impertinente nació en las infectas redes.  Éstas que, con singular tino y total impunidad, manejan los socios del socialista Sánchez. El niño travieso y el papá probablemente descerebrado, han armado una jerigonza inusitada. En vísperas de los Reyes la especie tuitera creció inconmensurablemente cuando se constató que el niño y su progenitor se adornaban con el emblema del PP. Con presteza la directora de Comunicación del partido en cuestión –un prodigio de eficacia– retiró de la tóxica nube la idiotez, pero ya fue tarde. La izquierda se movilizó en masa como si el papa y su retoño hubieran realmente asesinado al pobre Sánchez. De aquí a que en lo sucesivo el PSOE compare al excursionista con los hermanos Kennedy, mártires de la democracia, queda sólo un milímetro de desahogo, algo que abunda plenamente en la izquierda.

Escribo que la izquierda hipócrita, perito en insultos, descalificaciones y amenazas a lo Rufián, sostén de Sánchez, le ha vuelto a comer la merienda al PP. Tanto que alguna gente del entorno de Casado se ha dejado contagiar y se ha sumado de forma preciosa y doliente a la hipocresía de los muñidores de la campaña, dicho sea el adjetivo con toda propiedad e intención. Ahora bien, a ver si de una vez por todas el centroderecha español aprende de sus propias idioteces. Podría empezar por vigilar estrechamente las supuestas genialidades de sus amigos, con niño o sin niño, en la red, y de paso, dedicar una pensada para articular una estrategia de comunicación radicalmente contraria a la que urdió en los tiempos de Aznar y Rajoy. Ahora parece estar intentándolo, por eso no se puede permitir resbalones, también con o sin infante gracioso incluido.

En España, la izquierda ha copado con ignominia las televisiones que el PP le ofreció en bandeja de oro, y nunca  mejor traído este recado. Que se lo hagan mirar Casado y sus animosos muchachos. Con estos mimbres es heroico intentar el triunfo en cualquier elección. Si encima atraca la red cualquier padre envalentonado, acompañado de su hijito juguetón, la izquierda se viene arriba y humilla a la derecha como si esta fuera sucesora directa de Al Capone. El niño que quiso ejecutar a Sánchez es sólo un aviso de lo que la izquierda perpetrará para asegurar que el lanzaroteño por la cara, entre periplo y periplo, entre sucesivos sube y baja del Falcon, caliente un poco más el sillón de La Moncloa. Y es que no hay nadie más peligroso que un tonto de derechas.

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