Susana no quiere cambiar

Susana no quiere cambiar
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En estos momentos los andaluces andan votando a los mismos de siempre. Les va bien así, por mal que les vaya. Es su inteligente y lúdica manera de cómo ha de entenderse la vida. Preocupaciones cero, placeres mil. Millones de trincones contra la desesperación de un paro dramáticamente desbocado. Y no son simples palabras sino hechos constatables. Andalucía, una de las regiones más ricas de España, tras 40 años de saqueo ininterrumpido de la Junta, apenas ofrece penuria. Pero a Susana y a quienes la sostienen en el poder parece importarles un bledo que lo que es exuberancia se transforme en indigencia.

A lo largo y ancho de esta campaña política la educada señora no ha mencionado ni una vez el monstruoso desfalco de los Eres. Es más, su intención al convocar tales elecciones fue no mezclar churras con merinas para que las sentencias del macro juicio no interfiriesen en su vocación de futuro. Se metió los Eres en la faldriquera y tiró para delante. Por eso la gente de Ciudadanos, que le brindó un apoyo que le permitió gobernar, la dejó tirada en la cuneta, porque de Susana no te puedes fiar. Ser una mujer educada no es incompatible con ser una señora tramposa.

La probable triple alianza, C´s, PP y VOX, buscando poner punto final a cuatro lustros de atracos e infertilidad de la tierra, los campos y la pesca andaluza, añadida a la esperanza que pueda brotar del enorme bote que contiene un 30% de todavía indecisos, deberían tener a Susana en un ay, o rozando el fracaso. Y no olvidemos otra mala señal, pues el gafe de Sánchez acudió a Sevilla a embadurnarla con su falsa amistad. Hay quien augura, cuando no desea, por el bien de la siempre paradisíaca y muy hospitalaria Andalucía, que Susana se estampe y que, ni tan siquiera urdiendo apaños con esos comunistas en extinción, pase un buen domingo.

Como si “¡Oh, Susana!”, con su banjo que suena a gato “pisaó”, se eternice en la Junta de Alí-Babá, Andalucía habrá hecho un pan con unas hostias.

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