La rifa de las togas

La rifa de las togas
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13-N. Consejo General, kaputt! Adiós a la independencia del Poder Judicial. PODEMOS~PSOE, S.A. + PP, anestesian a los jueces y se cargan de un rejonazo la división de poderes. Sólo queda un partido íntegro y un político limpio, C’s y Rivera, para defender el Estado de Derecho. Los otros tres compran todas las papeletas en la rifa de las togas en busca del Joker que les autorice a manipular a lo loco. Nunca antes los togados, tenidos por intocables, hubieron de encajar una vejación tan tosca. Quienes aún creen en la Justicia desean que fiscales y magistrados se rebelen y pongan en su sitio a estos piratas que van a saquear nuestra democracia tras amordazar a sus señorías.

Mal asunto pactó Casado, ya que en él perdió su tierna credibilidad. A Sánchez se la trajo lacia ofender a la judicatura, pues lo único que le pone es restregarse en el terciopelo del sillón que preside, goce infantil de un ser que nació con carencias y que nunca pensó llegar tan alto como para poder chotearse de sus socios golpistas, que hoy le brindan sardanas, aparte de apoyo. Y qué decir de Iglesias, nuevo rico capaz de hacerle un escrache al Supremo y, luego, jurarle amor total a los jueces, abrazándose a una casta de la que renegaba cuando era un revolucionario en caída libre… Sin enterarse, un triunvirato de trepadores obscenos le ha regalado algunos millones de votos a C’s. En las rifas siempre hay líderes a los que les toca la botella de lejía.

Visto lo que hay políticamente, hemos de confiar en Rivera y la brava Arrimadas. Los otros tres partidos, más sus capos de zinc, habiendo pactado la deshonra de la judicatura, quedan con el culo al aire y reconvertidos en material mutante en vías de extinción. Casado cavó su propia tumba, quizá impelido por un teórico dossier extraído de los desagües, pero al formar parte del trío de la benzina arruinó una carrera prometedora. A Sánchez le importa un rábano que España plagie a Venezuela y se cargue la independencia de los togados, si eso no supone que salga de La Moncloa y, como tenaz tramposo, negocia con quien sea lo que haga falta para continuar flipando en Falcón. E Iglesias, el dictador del guiñol, desguaza la libertad de prensa, urde conjuras con traidores e inventa impuestos que le impone al pelele que maneja a su antojo y que, sin duda, arruinarán la economía.

Cuando Sánchez, el ególatra, se planta ante el espejo para admirarse, cosa que hace a diario, como buen narcisista, no repara en que todo lo que ve a la derecha, aparece a la izquierda, y al revés. La metáfora del espejo conecta con las teorías del agua reflectante y el mito de Narciso. Mientras nos gobierne un idiota, España estará en manos de traidores. Hasta que nuestros jueces no recuperen su independencia y golpeen el mazo con decisión, no volverán a ser considerados los hombres egregios que eran.

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