Repetir una mentira no la convierte en verdad

Repetir una mentira no la convierte en verdad
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El caso de Begoña Gómez sigue desgranando capítulos. El esperpento sube de nivel día tras día hasta llegar a cotas surrealistas. La mujer del presidente del Gobierno mintió y volvió a mentir con la esperanza de que, al insistir en la mentira, ésta se convirtiera en verdad. No obstante, lo único cierto es que la licenciatura que dice tener era un curso de academia sin homologar —Escuela Superior de Marketing y Negocios en concreto—, por mucho que también se obstine en presentarlo como un estudio superior en el perfil profesional de LinkedIn.

LinkedIn es una de las plataformas más consultadas en todo el mundo por las empresas para captar perfiles profesionales. Por lo tanto, una red solvente y con buena reputación donde los profesionales suelen presentar su perfil con esmero. En el caso de Gómez, el esmero consiste en perseverar en la falsedad de un título que no posee y de unos estudios no reconocidos como superiores que, sin embargo, le han valido para entrar como directora del Centro de Estudios Africanos (IE Africa Center), algo que a profesionales de primer nivel les cuesta mucha dedicación y esfuerzo.

Lo peor de este caso no es ya el conflicto de intereses que supone que la mujer del jefe del Ejecutivo dirija una fundación que recibirá fondos públicos —que también—. Lo peor es que, a sabiendas de que mentía, haya mantenido su hoja de servicio como verdadera. La imagen de España se ve resentida. Es un hecho inopinable. Tener al presidente del Gobierno y a su mujer metidos en estos líos, parapetados tras el silencio y condicionados por todo ello sólo da prueba del nivel que, por desgracia, perciben de nosotros más allá de nuestras fronteras. La estabilidad de España no puede estar a expensas de un asunto que debería estar cerrado desde hace tiempo.

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