Corinna, una traidora de lujo

Corinna, una traidora de lujo
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¡Caray con la amiga entrañable! He aquí la historia de una alemana de medio pelo cuyo padre, empleado en Varig, le enseñó a volar alto desde que era una niña. Y tanto voló que sedujo a príncipes y reyes. Aplicó sus armas de mujer en conquistar a pobres tipos que piensan que, por ser millonarios, las hetairas caen rendidas a sus pies, sobre todo las sensuales y muy tentadoras que se presentan en los salones con apellidos rimbombantes. Como Corinna zu Sayn-Wittgenstein, chica libre que se rige, en cuanto a los hombres se refiere, por la ley USA de las tres efes: “Find them, Fuck them & Forget them”. (En hiriente traducción castiza: “Encuéntralos, tíratelos y olvidalos”).

Una mujer así y usando semejante táctica, ¿cómo no le iba a dar una liada de ida y vuelta al emérito con tal de sacarle hasta el callejón de Cuenca? Entonces, ¿de qué diantres se queja esta traidora de lujo? ¿Cómo osa decir que las grabaciones en las que aparece su voz no son suyas y alega que el pestilente escándalo trufado con comisarios corruptos lo único que busca es difamar? Basta reproducir una sola de sus confesiones para saber que dicha amante mide la temperatura pasional según los emolumentos que lleven emparejados. ¿O quién, sino la alegre pájara que es Corinna, cantó?: “El Rey decía estar loco de amor por mí pero sólo me hizo un préstamo para el apartamento en Suiza”. De donde se deduce que, para demostrarte un loco amor, hay que avalar una docena de préstamos.

Como a la del corazón caro le ha sido retirado el título de princesa, ahora vuelve a ser Corinna Larsen, a secas, sin otras alharacas. Pero subsiste en la Costa Azúl, asesorando al príncipe Alberto, el mayor idiota del Principado. Dios les cría y ellos se juntan. Corinna no sabe gozar de la vida sin tener un palomo con sangre azulada cerca de sí. Al ser de clase media siempre soñó con reptar y trepar para codearse con la alcurnia, donde la felicidad también anda bajo mínimos. De ser yo la tal Corinna, cerraría la boca, me dejaría de gilipolleces, me agenciaría un chulo de Mónaco, le invitaría a una buena bullabesa y luego, le incitaría, u obligaría, a que me borrara los atrasos.

Mi amiga y buena escritora Pilar Eyre, en ‘La soledad de la Reina’, te describió como una mujer atractiva con gran influencia sobre el (ex) Jefe del Estado español. Ahora que ese influjo se ha volatilizado y que no volverás a Botsuana con el emérito a masacrar elefantes, ¿por qué no te callas? Sí, lo digo en serio, Corinna, ¿por qué no te callas y desapareces del mapa de España de una puta vez?

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