Un Gobierno hipotecado

Un Gobierno hipotecado
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El actual Gobierno está hipotecado por las facturas pendientes que tiene con independentistas vascos y catalanes. Una hipoteca que podría condicionar el futuro de España. Las primeras prebendas a los que ponen en cuestión nuestra Carta Magna fueron para el xenófobo Quim Torra y sus acólitos. El presidente, Pedro Sánchez, decidió levantar el control de las cuentas de la Generalitat la semana pasada. Así, impidió que el Ministerio de Hacienda siguiera con su labor para evitar futuros hechos prevaricadores. Ahora son los miembros del Partido Nacionalista Vasco (PNV) los que quieren cobrarse su apoyo en la moción de censura contra Mariano Rajoy. Para colmar sus expectativas, Sánchez les ha prometido avances en autogobierno y materia fiscal. El jefe del Ejecutivo debería considerar muy bien qué tipo de ventajas promete y si de verdad las puede cumplir.

Dicho autogobierno, tal y como lo concibe el lehendakari Iñigo Urkullu, pone en solfa uno de los principios incuestionables de cualquier Gobierno de nuestro país: la unidad de España. Ya sean liberales o socialdemócratas, nuestros representantes jamás deberían arriesgar lo más mínimo con un concepto sagrado para la práctica totalidad de los españoles. Conviene recordar que, desde hace tiempo, Urkullu trata de calcar los movimientos de los separatistas catalanes. De hecho, el pasado mes de mayo acordó un nuevo Estatuto con los proetarras de Bildu para recoger que “el Pueblo Vasco es una nación” y “el derecho a decidir”. Pedro Sánchez ha de ser muy precavido con sus cesiones. Entre otras cosas porque está en juego la viabilidad de la nación y su Estado de Derecho.

Tal y como señaló el recién nombrado ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, cuando tomó posesión del cargo: “Vamos a trabajar por lo que la Constitución nos exige”. Algo que Sánchez haría bien en tener siempre en mente. Nuestra Constitución, entre otros muchos aspectos, defiende la solidaridad entre las distintas regiones. Solidaridad que se quebraría si los vascos siguieran aumentando sus privilegios fiscales. De igual modo, el incremento del autogobierno no puede ser un cheque en blanco para que logren una independencia de facto. Más aún cuando uno de sus objetivos es conseguir el acercamiento de los presos etarras. Algo a lo que jamás debe ceder Sánchez, ya que estaría traicionando a las miles de víctimas del terrorismo. Lamentablemente, el Gobierno es tan mínimo que su desempeño está hipotecado por la radicalidad de sus socios de moción.

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